Gitol tocó la puerta de la oficina como acostumbraba, es decir a ¡garrazos y saltando para mover el picaporte!, no lo hacía una sola vez, sino de manera insistente hasta que cualquiera de los humanos que estuviera dentro le abriera, el humano que estaba dentro le abrió la puerta y el entró con toda su gatunosidad y majestuosidad de felino, revisando que todo estuviera en orden, olfateando todos los rincones para ver quién había estado ahí y viendo que solamente él entraba y no había necesidad de dejar ningún rastro de olor subió al escritorio y se recostó para recibir los mimos del humano y esperar a que la humana llegara.

La humana estaba terminado de limpiar las cajas y vio como todos los pequeños estaban raros, por lo regular cuando la humana hacía labores siempre estaba uno que otro felino supervisando su labor, o esperando ansioso que la humana terminara con la caja para ocuparla y ¡estrenar el arenita!, pero esta vez todos estaban juntos y en silencio, la humana pensó -es raro, pero más raro es no verlos pidiendo alimento de más- y continuó con su labor. Terminando subió como es costumbre a la oficina a terminar de hacer sus pendientes y vio a Gitol que atento y desperezándose volteo a seguirla con la mirada, ella saludó al humano y se sentó en sus silla para descansar un poco y después continuar con sus labores de oficina.

Gitol se levantó de su lugar, estiró sus patitas delanteras, sacudió todo su cuerpo y se sentó pensando en como hablar con los humanos sin propinarles un gran susto, empezó a limpiar sus patitas delanteras, seguido de las traseras y al mismo tiempo recibiendo las caricias de su humano, al que el secretamente llamaba «papá humano», Gitol no recordaba dónde había nacido, lo que siempre tenía presente era esa mañana fría de febrero cuando estaba buscando un poco de alimento y unos niños lo vieron y se acercaron a él, pensaba que iba a recibir caricias o un trozo de pan que traía alguno de los niños y se acercó a ellos entusiasmado, pero desagradable fue su sorpresa al ser recibido a puntapiés por ellos, no sabía donde esconderse hasta que vio que un humano que iba con su compañera humana se acerco a regañar a los niños, la compañera del humano a quién Gitol secretamente llama «mamá humana» se acercó a él, lo revisó y afortunadamente no estaba mal herido, lo levantó del suelo suavemente, se quitó su sweter y soportando el frio lo envolvió en él cual bebé, el humano se quitó la chamarra que llevaba y se lo puso a su humana y juntos se lo llevaron entre caricias y mimos, entre palabras humanas que para él eran incomprensibles, pero la actitud que tenían ellos hacía él era de infinito amor, el iba maullando, agradeciendo el «rescate» ya que además de estar hambriento y sediento se sentía cansado, muy cansado.

Al llegar a lo que los humanos llamaban hogar de transferencia y que siguen llamándolo así, lo llevaron a un cuarto que ellos llaman «oficina», ahí le dieron alimento y estaba cálido, le pusieron una mantita y el se hecho, pero se les había olvidado darle agua, a lo cual el se subió al escritorio del humano y ahí olisqueo un recipiente que el humano llama vaso y que contenía agua, el se acercó y bebió de ella, eso sirvió para que el humano lo quiera más, y a partir de ahí le empezó a llamar «Gitol», que según ha explicado el humano, significa mi hijitol, acortado es Gitol, si, su principio no fue sencillo, tuvo que pelear su lugar en la gatera, ya que a pesar de ser el hijitol del humano, tenía que ganarse el lugar en la gatera, sus nuevos hermanos no le aceptaban bien, hubo peleas en las cuales su piernita fue herida y la huma pacientemente se la curó durante días, ya que las mordidas de los felinos tienen muchas bacterias y son tóxicas, el que lo había mordido era Arkantitos, y el castigo que había recibido por parte de los humanos fue estar en el patio trasero del hogar de transferencia durante unos días, cosa que le hizo comprender que no debía de pelear con ningún otro felino que llegaba al hogar, era en verdad un hogar, con mucho amor y calor humano, de ese amor del que son capaces de dar los humanos de bien, el que hace que todo mundo se sienta a gusto, ya fueran humanos o no humanos.

Gitol ya desperezado y más que listo porque el tiempo apremiaba se dispuso a comunicarse con los humanos en su lenguaje, en esa extraña mezcla de sonidos que los humanos usan para comunicarse, así que se sentó, esta vez en la silla que está en medio de los dos humanos y dijo -Mamá, Papá-, los humanos extrañados voltearon a verlo y con ojos como platos vieron que esas palabras salían de la boca de su Gitol.

continuará...

Ari Gatita desde el Hogar de Transferencia.

Finales de Otoño 2020