Häyhä, el líder de los chamanes del caos había sido creado hace millones de años por una sociedad tecnológica, sus huesos eran de titanio el cual le dotaban de una fortaleza enorme, irrompibles, resistían muchas toneladas de peso, su cerebro era biológico pero corrompido por la radioactividad de su corazón de uranio, el cual no bombeaba nada de sangre, pero si dotaba de energía a sus músculos compuestos de miles de cables, sus tendones eran también de alambre, el mismo alambre que componía sus huesos, tenía aceite que bombeaban unos potentes pistones que conformaban los músculos de sus piernas y sus brazos, había sido creado para ser sirviente de un mundo tecnológico, un mundo que si ya no tenía utilidad era desechado como basura, el odiaba a sus creadores, tenía vagos recuerdos de cuando había sido un ser biológico, recordaba como había sido separado de su manada y después sin anestesia alguna ser diseccionado hasta que le extrajeron su cerebro el cual había sido modificado para recibir transistores minúsculos que habían incrementado su inteligencia pero a la vez le causaban un dolor inmenso en su pequeño cerebro, recordaba también como le habían implantado órdenes para nunca rebelarse contra sus creadores, para verlos como Dioses y sobre todo para servir sin cuestionarse absolutamente si era ético o no, era una bestia cibernética, su piel estaba conformada por jirones de lo que había sido una especie de plástico con silicona, que le habían dotado de una forma amable y más parecida a lo que había sido, pero que a través de los años se había degradado (para la eternidad ningún compuesto es inmortal), todo su ser parecía sacado de una pesadilla, parte del aceite que hacía que moviera sus extremidades goteaba, haciendo una vil parodia de la sangre con la que había nacido cuando era un ser mortal y no se había topado con esa civilización tecnológica que tanto odiaba.

 Cuando Apofis entró en contacto con esa civilización se divirtió mucho, esos seres insignificantes se negaban a creer en él y los demás Dioses, pero a éstos les daba igual si creían o no esos pequeñajos, toda la raza a la cual pertenecía Apofis existían, independientemente si los seres inferiores creían o no en ellos, ellos eran más poderosos que toda la tecnología que pudieses crear, poseían el poder con los que ellos soñaban y lo gastaban a su antojo.

 Dicha civilización intentó luchar contra el Dios del Caos con armas de incomprensible tecnología, intentaron matar a sus fieles chamanes con rayos de antimateria, pensando que con ello se desharían de todos ellos, pero se enfrentaron a los seres que vivían en dicha energía y la absorbían entre risas de diversión, después intentaron mandar a sus sirvientes tecnológicos, esos seres con cerebro de seres inferiores pero modificados y las arañas los destrozaban con la misma facilidad que un niño pisa un hormiguero, se dieron cuenta muy tarde que tal vez, si, tal vez si hubieran elevado una plegaria hubieran sido ayudados por esos seres que se negaban en creer que existían.

 Häyhä había visto como destruían dos veces sus civilizaciones seres superiores y quiso morir en ese momento como lo hizo antes, pero no podía morir con esas modificaciones, sus creadores le habían hecho inmortal (al menos para su comprensión), así que lo que hizo fue sentarse y esperar a ser destrozado por las arañas y sufrir eternamente gracias a las modificaciones hechas a su cerebro.

 Apofis nunca destruía por completo un planeta, siempre dejaba vivir a pocos seres para hacerles sufrir eternamente y alimentarse poco a poco de ellos, a la vez que los hacía sirvientes, corrompiéndoles hasta la saciedad y divirtiéndose con ello, fue así que observó que aquél ser se había rendido y esperaba solamente su fin, así que decidió perdonarle la vida, corromperlo y hacerlo chaman, sabía que ese ser podría vivir miles de millones de años y que su sufrimiento y energía vital le alimentarían por mucho, además de hacerlo un excelente chaman, ya que podía usar ese corazón de uranio para crear magia muy maligna.

 Häyhä no sabía ni entendía porque todos esos seres se quedaron expectantes sin atacarlo, el ya había decidido rendirse y dejar que lo destrozaran como lo habían hecho con los seres semejantes a él, pero de reojo observo que un ser hermoso y lleno de una luz obscura se acercaba a él, pensó que era su fin, que los demás no lo tocaban porque aquél ser de seguro lo destrozaría el mismo, pero contrario a lo que pensaba ese ser se acercó y le dijo -Tu lucha por hoy ha terminado, te ofrezco luchar mil batallas, te enseñare la magia más obscura de la que tu pobre mente podría imaginar, lo único que pido es lealtad a prueba de todo, que estés dispuesto a morir por mi, pero sobre todo lo que espero es que nunca, y escucha bien, nunca más te rindas ante ningún oponente, tu vivirás mucho tiempo, más del que tu crees, pero esa vida me pertenece y te prohíbo que mueras- Ese ser era Apofis, el Dios del caos que después de decir eso ordenó que fuera llevado a la cámara de «diversión», dónde Häyhä pasó miles de años de sufrimiento antes de ser el líder de los chamanes del Caos.

 Ari Gatita

Mediados de Primavera 2021

Desde el Hogar de Transferencia.