Heriberto Duarte

El día del ataque a las Torres Gemelas, Don Felipe le gritó desde su sillón frente a la tele a su nieto Titi. Esa mañana el niño andaba por su casa esculcando los cajones de la abuela, discretamente. 

¡Niñooooooooo! ¡Veeen! Le llamó y le apuntó con el dedo lo que pasaba en la pantalla.

Ira, le dijo: ¿Has visto esas películas que cuando empiezan ponen a gente de todo el mundo viendo la televisión? Japoneses viendo el asunto en una tienda callejera. Argentinos viéndolo en una cafetería. En una isla lo ven en grupo, unos hombres sin camiseta. Un esquimal lo sintoniza en una tele portátil pequeñita mientras pesca en un agujero de hielo. Un abuelo en México lo ve con su nieto. Muy guapo el abuelo por cierto. ¿Me entiendes? Es para darle magnitud a la tragedia y porque es algo que le interesa a todo el planeta. 

En la tele repetían una y otra vez las imágenes de los aviones estrellándose en los edificios y Titi estaba confundido. Se alzó de hombros cuando su abuelo terminó de hablar. No entendía mucho pero algo le sonaba de lo que el viejo decía. 

Mientras le daba norte a Titi, Don Felipe se acariciaba el ombligo encima de su camiseta desmangada y no quitaba la vista de la pantalla. 

¿Entiendes Titi? Te digo que si me entiendes, contesta, chingada madre. Le dijo.

No abuelo, no he visto esas películas. 

Bueno, pues ya las verás. Somos un puto cliché, Titi, un pinche cliché. 

¿Qué es un cliché abuelo?

Ya lo sabrás Titi, lo sabrás. Y ah, los chocolates que tu abuela esconde no están en los cajones. Están en el jarrón con flores falsas junto a la ventana. 

A la carita de nueve años de Titi se le hizo una sonrisa gigantesca y corrió de nuevo a esa habitación. Los pasos de la huída se oyeron en toda la casa y Titi desenvolvió apurado un chocolate con nueces. Con la boca embarrada escuchó a su abuelo carcajearse mientras decía: 

¡Ya lo sabrás Titi! ¡Somos un cliché! 

Titi desenvolvió otro chocolate, un Almond Joy y lo comió de un bocado y luego siguió con unos Reese's. Se limpiaba los dedos choquilosos en sus shorts y apresurado abría cada vez más barras de todos colores y su abuelo seguía murmurando:  

Ya lo sabrás muchacho, lo sabrás cuando tu madre te lleve a desayunar muy rico después de un análisis de sangre. Lo sabrás el día de tu primera comunión y lo sabrás cuando te den el primer beso. Lo sabrás el catorce de febrero siguiente a tu primer beso y lo entenderás también una noche que una canción lenta te recuerde la sonrisa de alguien. Lo sabrás Titi, cuando la música y no una persona te invite a bailar frente a tus amigos para verlos muertos de risa. Lo sabrás cuando ellos también lloren y fracasen o triunfen y se hagan viejos. Lo sabrás cuando los dejes de ver para siempre. Y sabrás también que hoy fuimos juntos un cliché. 

Titi salió del cuarto con las muelas pegajosas de caramelo y  de coco y  de cacahuates achocolatados. En la televisión el presidente de los Estados Unidos ya daba un discurso que estaba siendo visto en todos los países del mundo.