Cuántas veces te has sentido decaído y triste, sin razón?. Cuántas veces no has querido levantarte de la cama sintiéndote enfermo sin estarlo y te ha invadido un indescriptible temor?.

Quizás te has envuelto en las sábanas y deseado con todas tus fuerzas que al cerrar los ojos desaparecieran los malestares y esa desagradable sensación de debilidad, de vulnerabilidad.

Puede ser que tu cuerpo no tenga padecimiento alguno, no tienes fiebre, sin embargo es posible que tengas una enfermedad del espíritu.

Muchos pensarán que es raro eso de las enfermedades del espíritu, probablemente porque muchas veces se asocia el “espíritu” o lo “espiritual” a temas o asuntos religiosos, y eso es así porque desde hace mucho tiempo quienes se han encargado de explicar lo inexplicable, y todos aquellos fenómenos que no son objetivamente verificables han sido las religiones y no la ciencia.

Sin embargo, eso está cambiando poco a poco y muchos de los fenómenos que hace unas décadas solo eran tomados en serio por las religiones o los metafísicos, hoy día también están siendo objeto de estudio, uno de esos fenómenos son las enfermedades del espíritu y su contraparte la salud espiritual.

Actualmente existen infinidad de enfermedades espirituales, surgidas en gran medida por las  irracionales y excesivas tensiones emocionales a las que vivimos sometidos, y que irónicamente hemos provocado nosotros mismos.

Vivimos en un océano de preocupaciones, de distinto tipo, especialmente cuando las personas enfocamos nuestra vida en controlar todo para obtener “beneficios” materiales.

Todo el tiempo estamos hablando de “cumplir metas”, de “materializar sueños”, de “alcanzar resultados”, pero cuánto de ello tiene que ver con algo más que tener más cosas, más dinero, más fama, sino de ser feliz?.

La salud espiritual surge de la armonía generada por una vida con sentido y propósito, orientada hacia la felicidad.

Ciertamente el tener en forma nuestra salud espiritual tiene que ver con el nivel de esfuerzo que hemos puesto en nuestro desarrollo humano y en la práctica de principios, virtudes y cualidades que nos transforman de mujer/hombre a personas, y nos permiten experimentar óptimos estados de bienestar general, inclusive obviando carencias económicas o condiciones precarias de salud física.

No es casualidad que las religiones insistan en aquello de brindar amor al prójimo y quererlo como te quieres a ti mismo, dar mucho amor y saber recibirlo es realmente tener tu vida en control.