Desde que llegué a Dublín ha sido una tarea de desapego con todo lo que era y todo lo que tenía, pero en el camino sigo encontrando huellas que me guían hacia un viaje del que no se cual será el final, pero que sabía que debía hacer.

Si escucho una de mis canciones favoritas en un lugar público, alguien me ayuda en la calle, o encuentro en una tienda de objetos usados algo único, pienso "gracias por esta señal".
Aunque sea insignificante, si me trae un poco de confort en tierras lejanas, es un momento para agradecer.

Esta pareja de abuelitos irlandeses se acercaron al verme con la cámara, y quisieron una foto. Tan coloridos, como sus sonrisas en invierno.