Dejando de lado - en la medida de lo posible - innecesarias cursilerías, modestias, racionalizaciones y justificaciones mandatarias, la pregunta puede que tenga dimensiones más profundas de lo originalmente imaginado. Al menos intuyo que la respuesta es más compleja de lo que una sola persona pueda formular a lo largo de toda su vida. 

Pero... ¿Qué es la música?

"El arte de combinar los sonidos (y silencios)".

Perfecto. Y perfectamente entendido. Resulta sorprendente que algo tan vívido, interesante, movilizador, emocionante, complejo, comunicativo, íntimo y social, prolijo y caótico como la música pueda reducirse con éxito a una definición tan simple. 

¿En dónde radica entonces su complejidad? ­

ARTE.

Arte es aquella palabra de definición que se lleva la mayor carga. No es que "combinar" sea una palabra que requiera demasiada explicación (combinar es juntar cosas), ni que "sonidos" carezca de cierta complejidad también (ya que la física acústica dedica su estudio a ese fenómeno, y la música lo encara desde otro ángulo). Es que por mucho que ahondemos en la dificultad de comprender los sonidos, la matemática que los explica en el mundo físico, e incluso en los distintos criterios de combinación - estilísticos, estéticos, históricos, etc. - lo primero que la música es es arte, y bibliotecas enteras se han dedicado a comprender este concepto que parece más soñado que lógico. Intuimos lo que es el arte, lo reconocemos cuando lo vemos, se experimenta de una manera muy particular... pero articular en palabras lo que el arte es no es tan sencillo y no creo que en mi mejor esfuerzo logre abarcar todo lo todo que el arte es.

Empezaré por decir que el arte es una actividad humana

Es una actividad porque se hace; se "opera". Requiere una conducta, una acción, una decisión, una orientación del artista hacia un objetivo, lo conozca o no. No es algo que simplemente le pase a uno como sentir frío, tener hambre o quedarse dormido. El arte se hace, y su resultado es una obra. Y quien opera es una persona, un ser humano. No vemos arte en otras especies animales. Podemos encontrar objetos bellos producidos por animales, incluso con gran capacidad de producirnos asombro. Pero... ¿son realmente obras de arte? ¿Puede hacer arte un animal?

Recuerdo un video en YouTube de un elefante pintando un cuadro. Su trompa agarraba un pincel empapado de pintura roja y con la calidad con la que un niño de 8 años podría hacerlo (algo verdaderamente sorprendente para un paquidermo), pintaba las líneas que dibujaban la silueta de un elefante.

Es difícil saber qué pasa por la cabeza del elefante que pinta. ¿Comprende acaso que su visión mental de un elefante es una forma de abstracción, una interiorización, algo desprendido de la realidad material que lo rodea y de la que pertenece? ¿Sabe que su accionar con el pincel, la pintura y el lienzo - una validísima "técnica" de pintura - plasma para otros en dos dimensiones lo que en su cerebro se ha producido como imagen interna de experiencia individual? No lo descarto. Y aún si lo que movilizara al animal fuera algo distinto de los sospechosos de siempre que movilizan a los animales a actuar (instinto, búsqueda de alimento/premio o evitar el dolor/castigo, programación química con feromonas, etc.) ¿podríamos considerarlo "arte"?

El pez globo es un pez no muy grande que se infla como un globo pinchudo (de ahí su nombre) para atemorizar a potenciales predadores. Lo llamativo de este pececito es que, en época de apareamiento, esculpe sobre la arena unas figuras circulares simétricas al estilo de mandalas, mucho más grandes que él.

De manera similar, el pajarito pergolero realiza un nido con el pico, algo de por sí sorprendente aunque común a la mayoría de las aves. Pero lo distintivo de esta especie es que decora su nido para atraer a la hembra. Lo decora con colores de objetos que trae de distintos lugares. Tiene predilección por los objetos de color azul, que son más escasos en la naturaleza que los objetos de otros colores, por lo que suele robar tapitas de botellas de agua o pedacitos de plástico de donde se asienten los humanos. 

Por supuesto que los casos del pez y del pájaro son instintivos y tienen fines reproductivos. De hecho podríamos hacer una lectura de un psicoanálisis muy barato y plantear que el arte humano también proviene de una sublimación sexual; un reencauzamiento de pulsión o energía sexual orientado hacia un fin socialmente valorado. Y de seguro hay algo de eso en el arte que la especie humana ha producido a lo largo de su historia, pero no creo que esa explicación agote en lo más mínimo la explicación sobre el motor que impulsa al humano a hacer arte, ni al hecho de que valore como lo hace las obras de arte producidas por otros semejantes. Las obras de arte se encuentran entre los objetos más valorados del mercado. Cuadros, esculturas, palacios... valuados hasta en varios cientos de millones de dólares, resguardados con la máxima seguridad, y siendo visitados por peregrinos de todo el mundo con la única intención de contemplarlos. ¿Cómo explica ese fenómeno la idea de que el arte es impulsada por la pulsión sexual sublimada de un artista muerto quizás siglos antes de la contemplación de la obra por hordas de turistas, aficionados, estudiosos, artistas o simples curiosos? Incluso si reconocemos que hay una cuestión de estatus a quienes poseen las obras y por eso su valuación alta de mercado, aun considerando las ventajas y réditos financieros que la obra pudiera producir con el tiempo, ¿cómo se explica que las obras artísticas otorguen tal estatus en primer lugar? ¿Por qué le atribuimos al arte tamaño valor? 

Aún si consideráramos arte a las obras del elefante, el pececito y el pajarito (empresa que me parece apresurada y que no aborda con la suficiente seriedad la cuestión de lo que consideramos verdaderamente arte), la altísima valoración de la obra artística que el ser humano manifiesta distingue rápidamente a ambas conductas: la animal y la humana.

Y es que el artista humano es distinto al potencial artista animal porque el ser humano es distinto al animal. 

Varios filósofos, psicólogos, sociólogos, antropólogos... han dado distintas definiciones de ser humano. Algunos lo llaman "animal racional", otros "animal simbólico", o "animal moral", "animal espiritual", etc. Dependiendo de qué lente utilicen para observar al ser humano la forma en que definirán al objeto de estudio. Y en todas estas definiciones me parece correcto el término "animal". Los seres humanos somos, antes que nada, animales. Venimos del mismo polvo que produjo todo lo que es, y todo lo que es vivo, y todo lo que es animado, y respira, crece, se mueve, se alimenta, se reproduce y muere. Compartimos nuestra biología en distintos grados con prácticamente todo el reino animal, desde los procesos químicos de respiración hasta la especificación y ubicación de la mayoría de nuestros órganos con especies más cercanas a la nuestra. Cierto es que nos distingue una enorme capacidad de abstracción intelectual y racional, el uso de un lenguaje verbal y escrito, el dominio de herramientas y la producción de tecnología, la creación de la cultura en general, etc. Los seres humanos somos primeramente animales, pero somos más que meros animales, y buscamos en el reino animal distintos indicios de aquellas características que nos identifican tan rápidamente. Por eso intentamos comprender el lenguaje de las ballenas, los roles sociales de los lobos, el uso de herramientas de los delfines, el orden social de las hormigas, la comunicación de las abejas, y un sinnúmero de etcéteras. Pero lo que no parece que encontremos en ninguna parte del vastísimo reino animal, y en ninguna de sus formas, es lo que creo que define en esencia al ser humano.

Quizás encontremos precursores de esa cualidad netamente humana - y que aún no describo - en la producción de la filosofía y en el nacimiento de las religiones. La filosofía clásica y las historias y narraciones que forman parte de la tradición judeocristiana, para bien y/o para mal, son los dos pilares que han producido la mayoría de las sociedades prósperas actuales, de manera directa o mediante la inspiración de ideas novedosas plasmadas en leyes y códigos morales. Ambas plantean la importancia del individuo como sujeto soberano y responsable de sus conductas y buscan estudiar los alcances de su libertad, su manera de afrontar la adversidad, su jerarquía de valores que le permita una mejor manera de afrontar una realidad plagada de dolor, catástrofe y maldad. Infinidad de troncos, ramas, hojas, frutos se desprenden de sus teorías, pero la raíz me atrevo a asegurar que es la misma; consideran al ser humano como la única especie animal que vive consciente de su propia ineludible, inevitable y segura muerte. Y no sólo la suya, sino la de todos sus seres queridos. Ese es el pedacito de conocimiento que tenemos incorporado como especie, tal y como es parte de nuestro cuerpo la comida que ingerimos. En eso radica la tragedia de la existencia humana a la que se orientan los religiosos y los filósofos occidentales. 

Los filósofos han buscado la razón de ser de la especie humana que permita y justifique convivir con esa tragedia. Algunos han planteado que se puede solucionar el drama del vivir con ese conocimiento a través de la persecución del placer, o al menos la eliminación del sufrir, o en el heroísmo de las conductas propias, en la entrega a empresas mayores que uno... Otros se resignan a catalogar la vida como un simple valle de lágrimas; vivir es sufrir y después morir. Estos son los filósofos con los argumentos más sólidos y más desesperantes. Los religiosos postulan que la voluntaria adopción del sacrificio es la manera más útil de afrontar la tragedia de la vida humana al tiempo que plantean la posibilidad de una vida tras la muerte. Si esa suerte de promesa salvadora es algo más que una forma de bálsamo es imposible de comprobar.

Curiosamente (y el ser humano es un animal muy curioso), no es sólo filosofía y religión lo que ha producido el hombre encerrado en su tragedia y donde elaboró sus apuestas. El ser humano también le ha puesto unas fichas al arte.

El arte es un fenómeno muy complejo porque proviene de una especie muy compleja. 

+ Por un lado, el arte tiene la capacidad de producir belleza. Los valores estéticos del arte son siempre notorios e identificables especialmente en ciertos movimientos o períodos artísticos. No digo que todo el arte tenga como objetivo la belleza, porque como aseguré ya: el arte es un fenómeno muy complejo. Simplemente postulo que hay una parte del arte que parece perseguir de alguna manera a la belleza como objetivo final. A veces a modo decorativo, a veces trascendiendo el adorno. 

Tratar la belleza en el arte es de por sí es un proyecto para enciclopedia. No sabemos por qué la belleza tiene ese poder cautivador en la especie humana. Podemos imaginar una utilidad de la belleza de los semejantes en la función sexual de la especie como mecanismo para seleccionar parejas saludables con la que reproducirnos (después de todo la forma más elemental de belleza sexual es la buena salud), pero que ese mismo proceso explique la fascinación que nos puede producir observar un objeto abstracto e inerte tallado en roca parece más que una simple desviación del impulso hacia la belleza basado en lo reproductivo. Quizás sea que la belleza en sí misma nos produce la intimación de algo más allá de lo que se ve a simple vista. Creo que es posible que respondamos a la belleza como algo que está en un objeto observado, común a otros objetos y ausente en otros, y que nos da pistas (reales o no) de algo superior a nosotros, algo imperecedero o eterno. Algo que a diferencia de nosotros, no morirá jamás.

+ Ciertamente hay una parte del arte que gana su valor gracias al talento del artista. Y es que el arte puede destacar el operar del artista, su destreza y habilidad. Hay obras que se disfrutan cuando comprendemos el tiempo, esfuerzo y dedicación al detalle que el artista invirtió al realizar la obra. Admiramos ese nivel de compromiso, la rectitud en su conducta orientada al final ulteriormente alcanzado y lo vemos como un triunfo sobre la materia, la adversidad y el tedio. 

Quizás ocurra que aun sabiendo que la muerte es inevitable, al ver arte imaginemos que si no lo fuera, que si hubiera una manera de esquivar a la muerte, las características que hacen al artista diestro (la perseverancia, la dedicación, el estudio, la disciplina, etc.) podrían ser la apuesta más segura para alcanzar ese fin. Quizás si tuviéramos la capacidad de obrar como el artista perfeccionista, detallista y - sobre todo - exitoso, encontremos una forma de trascender a la muerte. Después de todo, no es tan fácil asegurar que Miguel Ángel, Beethoven, Shakespeare estén muertos cuando sus obras se sienten tan vivas.

+ Recuerdo que en la serie televisiva Dexter, el personaje principal (un simpático psicópata asesino serial) tiene una conversación con una psiquiatra que conoce y acepta - incluso valora - su secreto. La psiquiatra le comenta que reconoce la utilidad del psicópata desde una óptica evolucionista; la persona psicópata es la que se encuentra en el borde de lo civilizado y puede actuar más rápidamente en la defensa de la sociedad primitiva ante ataques de depredadores. De esa manera, el psicópata ha cumplido un rol social en el desarrollo y evolución de las sociedades humanas. Sin embargo, lo que me llamó la atención de su exposición es que propone posteriormente que el mayor enemigo de la especie humana no es la muerte, sino el aburrimiento. Y que a lo largo de la evolución de nuestra historia, el ser humano ha buscado siempre evitar el aburrimiento. De esa manera justifica su propio interés por el estudio de los psicópatas a los que considera, por sobre todas las cosas, humanos no-aburridos. 

El ser humano ciertamente evita el aburrimiento y hay una parte importante del arte que sirve como entretenimiento; una distracción placentera que atrapa nuestra atención y evita que caigamos en el desesperante estado del embole. 

+ Complejo es el ser humano que tiene su base animal, sobre la que reposa una capa emocional, una capa racional más sofisticada y, velada en misterio, una capa espiritual que trasciende a su naturaleza netamente fisiológica. Complejo es el mayor de los misterios de la ciencia en la actualidad: el cerebro humano y su relación con la consciencia. Un cerebro dividido en dos con peculiaridades muy diferenciadas: un hemisferio cerebral dedicado a la lógica, al razonamiento articulado, al lenguaje, al orden, a lo conocido y familiar, y un hemisferio opuesto preparado para la novedad, para la confrontación de lo desconocido, para lo ilógico (o mejor dicho a-lógico) y lo que todavía no podemos articular. Utilizamos el hemisferio izquierdo (el que describí primero) durante el día y en los lugares que conocemos y nos sentimos más seguros. Y el hemisferio derecho se luce con proyecciones de imágenes, emociones e ideas ante lo que nos resulta incomprensible. Nos pone en alerta disparando visiones ante una situación de novedad y potencial caos. Y brinda las materias primas al hemisferio izquierdo para que las ordene y produzca nuevo material. El hemisferio derecho es el que nos proyecta esas películas fantásticas que vemos cuando dormimos y nos prepara para lo que aún no hemos comprendido. Es también el que nos inventa personajes monstruosos cuando estamos solos y a oscuras y escuchamos un ruido desconocido. La razón nos habla desde el hemisferio izquierdo, pero el derecho parece fascinarnos cuanto menos lo comprendemos. 

Es por eso que muchas de las cosas que aprendemos a lo largo de nuestra vida se nos presentan en formas de historias. Hay conocimiento útil para nuestras vidas (útil en tanto nos permite hacernos de lo que necesitamos y evitar el dolor innecesario en el proceso) en la confrontación de lo desconocido. Esa pareciera ser una de las funciones más importantes del hemisferio derecho de nuestro cerebro y guarda sorprendente relación con la forma en que hacemos arte. Mientras que un científico expondrá su conocimiento en un formato lógico, sostenido por evidencias, sometido a verificación experimental y articulado mediante premisas y conclusiones, el artista contará una historia con personajes que afrontan distintas situaciones, experimentará emociones variadas e impulsos incomprensibles aún para sí mismo, y quizás a modo de fábula nos termine por presentar una moraleja, o nos permita conocernos mejor a nosotros mismos, aún sin que seamos los protagonistas de la historia. 

Pero el arte no es soñar. El arte tampoco es lo opuesto a la ciencia. El arte es una operación que hacemos con decisión. Es, en el más sencillo de los casos, un sueño guiado. Es izquierdo y derecho. Es consciencia y es carne. Es día y noche. 

+ El arte también es una forma de comunicación, aunque no toda forma de comunicación es arte. En primera instancia, el arte tiene un artista, un mensaje, un medio y un público como todo proceso comunicativo. El mensaje del artista puede o no ser conocido a fondo incluso por el mismo artista, y puede diferir de la interpretación de quien experimenta la obra. Puede tener cualquier origen, porque el artista es un ser tan complejo como el arte que produce. El artista es en sí mismo una comunidad infinita: lo mueven sus pulsiones y pasiones, su experiencia personal, sus deseos futuros, sus procesos biológicos, sus valores e ideales, sus miedos... Pero también lo mueve la cultura en la que habita, las culturas que lo precedieron, los seres humanos que lo formaron, la enorme cantidad de muerte que ha permitido la existencia de su propia vida. Así como un adicto recuperado recae, o una persona que quiere adelgazar se atraca de comida, o todas las actividades que realizamos movidos por impulsos que nos dominan y nos resultan, minutos después de perpetuada la acción, desconocidos hasta por nosotros mismos, así descubrimos que no somos transparentes ni siquiera con nosotros mismos. Una gran revelación del psicoanálisis consistió en presentar a la persona como una multiplicidad de subpersonalidades; relato científico de lo que en formato de narración los griegos consideraban que eran las posesiones por entidades divinas (seres eternos que podían poseer a las personas y a animales, y dominaban sus acciones según su propia naturaleza en tanto eran los dioses de la ira, del amor, de la lujuria, de la ambición, etcétera). Ese es el caos y la infinita complejidad que habita en el artista de donde proviene el mensaje artístico. Y la elección del medio (sonido, luz, palabra...) definirá el tipo de arte. 

+ El ejercicio artístico es un ejercicio lúdico. Pintar un cuadro, componer una melodía, tallar una roca… son todas formas de juego sofisticado. La diferencia entre Pollock y el desastre con témperas que podría hacer un niño en el jardín de infantes es que Pollock podría haber usado el pincel para pintar lo que quisiera, mientras que el niño no tiene tantas alternativas todavía. El lienzo en blanco es una libertad absoluta y paralizante, y ahí es cuando el artista comienza a generar limitaciones a esa libertad absoluta. Así como elegir la primer nota de la melodía a componer pone en segundo plano a las restantes once notas que nos ofrece el piano. A mayor constricción, más específica se vuelve la idea del artista. Son las limitaciones autoimpuestas por al artista lo que dan nacimiento y desarrollo de la obra. Son limitaciones que actúan como las reglas de un juego en donde es lícito hacer eventualmente trampa tanto como ganar en buena ley. Un juego sin reglas no es un juego que queramos jugar, y lo asombroso del arte es que nos permite diseñar el tablero, las fichas, el objetivo, las reglas, y cambiar rápidamente de reglas, introducir elementos sorpresa... y volver a cambiar el juego.

El mundo ha sido siempre un ambiente hostil, aunque es difícil ser consciente de ese hecho ahora que vemos películas de costos millonarios desde una pantalla en la palma de nuestras manos, en nuestra habitación climatizada a nuestro capricho y al resguardo de todo tipo de serpientes, osos y leones. Aunque recordamos de golpe el fatídico poder de la naturaleza cuando nos encontramos en medio de una catástrofe como terremotos, tsunamis, explosiones volcánicas, epidemias de virus mortíferos, etcétera. La seguridad que experimentamos hoy en día es un fenómeno nuevo si consideramos nuestro tiempo en este planeta. En el mundo natural, un sinnúmero de cosas es capaz de destruirte en un santiamén. Es por eso que una de las herramientas más importantes para nuestra supervivencia fue nuestra creatividad. Y pocas cosas despiertan nuestra creatividad como el juego. Por eso, aún si la obra de arte no fuera útil, la actividad artística es siempre indispensable. Y su capacidad de inspiración se da tanto en el ejercicio como en la contemplación, al tiempo que estimula nuestros sentidos para que no perdamos nuestra capacidad de estar alertas. 

+El arte tiene además la capacidad de enseñar, aunque de una manera distinta a la de la ciencia. Mientras que la ciencia se orienta al conocimiento objetivo, el arte busca siempre la expresión subjetiva para su actividad pedagógica. No es el hecho lo que el artista plasma, sino su percepción e interpretación del mismo. Se vale de simbología, anacronismos, contrastes y todo tipo de artilugios para mostrarnos la forma en que él mismo experimenta el hecho, más que el hecho en sí. Por eso podemos usar el arte para enseñar historia, no desde lo fáctico sino desde lo experimental. Los artistas pueden ser los profetas que interpretan la realidad, advirtiéndonos sobre los errores del pasado, planteando objetivos ideales a perseguir en el futuro, o ayudándonos a interpretar la actualidad del presente. 

+El arte cura a la especie. Su poder de transformación a nivel individual y la universalidad de su forma de comunicación tienen un factor sanador en las sociedades. Grandes problemas de nuestra sociedad pueden curarse a través del arte. En parte porque proporciona las historias que valoramos moralmente, los metahumanos que personifican esas historias nos enseñan a sobrellevar problemas que los humanos individuales enfrentamos a nivel personal. Pero además, al hacerlo, nos contactamos con otros por caminos de comunicación inteligente, espiritual, empática, lúdica. La mayor parte de un ser humano enfrentada con la mayor parte de otro ser humano, desnudando espíritu y razón, evitando generar malinterpretaciones y dificultando el engaño. Ensayamos en el arte las ideas que son potencialmente peligrosas en el mundo real para ver cuáles podrían funcionar y así estrechar lazos más sólidos y menos viciados. Así es como, casi sin darnos cuenta, blancos y negros inventan el jazz. 

¿Que por qué hacemos arte? 

Porque somos humanos. Porque somos complejos. Porque tenemos que lidiar con la tragedia de convivir con el conocimiento de nuestra finitud. Porque nos revelamos al anonimato y buscamos la trascendencia futura y la empatía inmediata. Porque quizás lo mejor que podamos hacer es producir belleza. Porque nos proporciona el paliativo necesario para levantarnos. Porque nos expone a nuestro propio reflejo. Porque transformamos con él la manera en que vemos la realidad. Porque nos da algo entretenido que hacer. Porque hay preguntas que no entendemos y respuestas que no sabemos. Por comunión. Porque nos atrapa y nos da una experiencia de la que salimos distintos. Porque promete hacerlo y cumple. Porque no todo el arte vale la pena pero el arte vale la pena. Porque nos gusta asombrar y asombrarnos. Porque no siempre es útil. 

Hacemos arte porque no hacerlo sería un error estúpido y garrafal.

Marcelo "Chuffi" Siutti

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*La imágenes fueron descargadas de internet y tienen sólo un fin ilustrativo. Estos son los links:

https://www.e-farsas.com/wp-content/uploads/suda-the-elephant-painting.jpg

https://i.ytimg.com/vi/KpeOCFOO4T8/hqdefault.jpg

https://st-listas.20minutos.es/images/2014-11/389030/4563863_640px.jpg?1415113829

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