Doce notas. 

Heredamos este sistema musical dodecafónico de los antiguos sumerios, quienes dividían al año en doce meses lunares, a la noche y al día en doce horas cada uno, y quienes proyectaban sobre el cielo doce constelaciones… Y este sistema de doce notas fue matemáticamente explicado por Pitágoras: las relaciones que guardan las notas entre sí manifiestan para Pitágoras unas proporciones naturales perfectas. Posteriormente, las explicaciones matemáticas de este genio del mundo antiguo fueron incorporadas a la cultura romana para su aún mayor difusión, y luego pasaron a la Iglesia Católica, en donde el desarrollo comenzó a acelerarse exponencialmente con la creación del sistema de escritura musical moderno, la expansión global del nombre de las notas, la creación de la armonía polifónica y los diversos tratados de armonía de la edad media y los períodos posteriores.

Dentro de esas doce notas los mismos sumerios destacaron a siete: las notas de nuestra escala mayor natural. Los sumerios contemplaban en el cielo el movimiento de los siete planetas de la antigüedad, en sus siete esferas celestiales, y cada astro representaba a uno de los siete metales antiguos y a cada uno de los días de la semana. A partir de esa escala de siete notas entendemos que surgen los antiguos modos griegos, que fueron posteriormente la base para los modos gregorianos que usamos actualmente y desde la edad media.

Considerando esta brevísima explicación histórica, podemos definir hoy en día a un semitono como la doceava parte de una octava. Ya sabemos que la octava es la repetición más aguda de una misma nota, el intervalo más simple hacia aquella nota que duplica la frecuencia de la primera. Sin embargo esta definición de semitono deja abierta una gran puerta a otras interrogantes muy complejas sobre la naturaleza y la historia de ese semitono.

Una definición más pragmática de semitono consiste en describirlo, dentro de este sistema dodecafónico, como la menor distancia existente entre dos notas contiguas. Lo utilizamos de esta manera como una unidad de medida, al igual que el metro o la yarda, la hora, el gramo, el nudo y el amper. El semitono nos permite medir la distancia que guardan las notas entre sí. Sabemos que de Do a Mi tenemos cuatro semitonos porque encontramos al primero entre Do y Do Sostenido, un segundo semitono de Do Sostenido a Re, un tercer semitono de Re a Re Sostenido y un cuarto y último semitono de Re Sostenido a Mi. Desplazarnos sobre el teclado de un piano, ya sea de manera ascendente o descendente, pasando de una tecla a la vecina nos lleva a subir o bajar por semitonos. Y por supuesto descontamos en el proceso el color de la tecla que estamos tocando. Hay tanto un semitono de distancia entre Sol y Sol Sostenido, como lo hay entre La Sostenido y Si, y como lo hay entre Mi y Fa.

Hoy en día vemos al semitono como una distancia fija, estándar y universal. Sin embargo, el sistema que divide a la octava musical en doce partes iguales corresponde al temperamento igual, y existen otros temperamentos con distintas medidas para los semitonos que los conforman, y que trataré más adelante. Por el momento, el temperamento igual deberá ser suficiente para la temática de este capítulo.

Sabemos poco sobre la forma en que se llamaban las notas en el mundo antiguo; aparentemente los sumerios las llamaban según la cuerda de la lira que usaban para cada una, y también según la relación que guardaban las cuerdas entre sí. Los griegos en cambio usaban las letras de su alfabeto. Pero un monje del siglo XI llamado Guido Monaco, en Arezzo, la toscana italiana, musicalizó un poema dedicado a San Juan Bautista escrito por el historiador conocido como Pablo el Diácono, y lo utilizó para enseñarle las notas musicales a sus alumnos. La primera estrofa recitaba en latín los versos que, traducidos al español, decían:

Para que puedan

Exaltar a pleno pulmón

Las maravillas

Estos siervos tuyos

Perdona la falta

De nuestros labios impuros

San Juan.

La melodía de cada uno de los versos comenzaba en una nota diferente de la escala. El primer verso Ut queant laxis, que da nombre al poema, comenzaba en la primera nota de la escala: la tónica. Le seguía, comenzando en la segunda nota de la escala, Resonare fibris. El tercer verso era Mira gestorum, comenzando en la tercera nota de la escala. Famuli tuorumcontinuaba empezando en la cuarta nota de la escala. La quinta nota daba comienzo al verso Solve polluti. Le seguía Labii reatumy culminaba con el nombre Sancte Ioannes. A partir de este poema, las primeras seis notas de la escala mayor se llamaron Ut, Re, Mi, Fa, Sol y La, ya que eran lasprimerassílabasde cada verso.

La simpleza de la pieza funcionó excelentemente como recurso pedagógico para que los alumnos de Guido Monaco entendieran (o entendiéramos) las cualidades de cada una de las notas dentro de la escala, y los nombres se propagaron rápidamente por todo el mundo. Podemos pensar que pocas cosas se han universalizado tanto y tan rápido en el mundo medieval como el nombre de las notas musicales, aún en culturas que poseen idiomas, alfabetos y escrituras de los más diversos.

Vemos un eco del Ut Queant Laxis musicalizado por el gran Guido de Arezzo, en la canción “Do, Re, Mi”compuesta por Rodgers y Hammerstein para la película musical “La Novicia Rebelde” (o “The Sound Of Music”) en donde una jovennovicia llamadaMaria (interpretada por la talentosísima actriz y cantante Julie Andrews) les enseña las siete notas de la escala mayor de Do a los siete niños que cuida en su rol de niñera, y a millones de espectadores en todo el mundo que hemos disfrutado de esta película, poniendo al comienzo de cada verso el nombre de la nota que se canta.

 Doe, a deer, a female deer
Ray, a drop of golden sun
Me, a name I call myself
Far, a long, long way to run
Sew, a needle pulling thread
La, a note to follow Sew
Tea, a drink with jam and bread
That will bring us back to Do

Pero el monje toscano del medioevo no sólo nos legó el nombre de las notas. Sabemos que el desarrollo de la cultura humana creció exponencialmente a partir de la invención de la escritura, ya que la misma permite la acumulación de conocimiento y un mejor traspaso del mismo a las futuras generaciones. Hubo millones y millones de seres humanos en este planeta vagando por decenas y decenas y decenas de milenios, hasta que aparecióla escritura y unos poquitos milenios después podemos volar, comunicarnos a distancias ridículas en tiempo real y acceder a todo el conocimiento que toda la especie ofrece con un dispositivo que llevamos en el bolsillo. Contamos la historia humana a partir de la invención de la escritura no sólo porque sin ella es imposible conocer el pasado, sino porque a partir de ella el desarrollo cultural, científico, tecnológico… fue posible.

El Papa San Gregorio Magno, en el siglo VI encargó que se recopilaran las canciones de la Iglesia en lo que se conoció luego como“el antifonario del canto gregoriano”: himnos, salmos, recitativos y responsorios en latín que formaban parte de la liturgia católica. Estos escritos registraban la letra de las canciones y le ponían símbolos sobre las mismas, llamados neumas, que indicaban el movimiento que hacía la melodía. Estos símbolos podríamos relacionarlos con las anotaciones que vemos en ocasiones que realizan los cantantes que estudian una canción y quieren recordar si deben subir, bajar, mantenerse en la misma nota o hacer algún “rulito” o “corte”. La escritura gregoriana no sirve para aprender una pieza desconocida, aunque puede ser de utilidad para recordarla una vez que se la aprendió por medio de la tradición oral.

Pero Guido fue aún más allá. Comenzó poniendo, cerca del año 1025,una línea a la que le asignaba una nota (dando nacimiento al monograma), y rápidamente lo extendió hasta escribir cuatro líneas paralelas y una clave al comienzo de las mismas. De esa manera, cada línea y cada espacio representaba a una de las notas. La altura de los neumas indicaba ahora las notas musicales, ya podían plasmarse en papel dentro de este tetragrama. Si hay una forma de escritura que vemos que es 100% universal es la escritura musical moderna, con el pentagrama, las claves y las figuras musicales, y tiene como padre a este monje toscano. La quinta línea completaría el pentagrama moderno en el siglo XIII, aunque su aceptación fue más lenta.

El tetragrama (precursor del pentagrama), y el nombre de las notas Ut, Re, Mi, Fa, Sol y La nos legó este monje del medioevo. El nombre de la nota Si fue agregado por Anselmo de Flandes y tiene una historia bastante particular, a la que le haré una analogía con otra historia que considero tanto interesante como divertida.

Cuenta la leyenda (porque datos faltan) que en Etiopía cerca del siglo IX vivía un ganadero que encontró a sus cabras actuando de una manera peculiar. La causa: comían los frutos de una planta cuyo nombre proviene del turco y que hoy conocemos como “café”. Otros dicen que fue un yemení quien en Etiopía vio a una aves comerse los granos de café y actuar de manera alocada. Sea quien fuerael que descubrió el café, tras la invención de la infusión, la bebida se propagó rápidamente por todo el mundo islámico. En muchas partes del mundo el café estuvo prohibido durante mucho tiempo; se decía que excitaba al cuerpo y turbaba al espíritu, por lo que en África, en Asia y en Europa se cerraban las cafeterías y se prohibía su consumo. Pero la mala propaganda del café no reflejaba los deseos de la gente que disfrutaba de una taza de ese oro bebible negro, el “vino árabe” como lo llamaron unos,o la “bebida satánica” para otros. Fue así como en el siglo XVI el Papa Clemente VIII probó el café, lo disfrutó y decidió arrebatárselo a Satán bendiciéndolo para “hacer de esta una verdadera bebida cristiana”.

Quizás con esa analogía nos sea más fácil comprender por qué la séptima nota de la escala musical, la que conocemos hoy como la sensible tonal, la nota más tensa de las siete, porqué no tuvo nombre propio durante tanto tiempo. Varios autores hablan, durante la edad media, de “diabolus in musica”; reconocen a la séptima nota, la que turba la paciencia, la que genera tensión, la irresoluta, la imperfecta, como la puerta por la que podría entrar Satanás a la música y contaminar nuestros espíritus. Si la historia del café es análoga a la de la séptima nota de la escala musical por su asociación con lo perturbador y satánico, la resolución del conflicto también tiene una importante concordancia: Anselmo de Flandes llamó (o mejor dicho bautizó) a la séptima nota Si, ya que el poema que había utilizado Guido Monaco, y del que surgieron los nombres Ut, Re, Mi, Fa, Sol y La, estaba dedicado a San Juan Bautista. Las iniciales de San Juan, en latín Sancte Ioannes, dieron origen al nombre Si, como si por mandato de Anselmo fuera el mismísimo San Juan quien se encomendara a resguardar la puerta por donde otrora pudiera haberse colado el demonio. Se completó así la escala mayor, con los nombres Ut, Re, Mi, Fa, Sol, La y Si.

El nombre Ut sigue usándose en la actualidad y podemos encontrarlo en una buena cantidad de partituras. Sin embargo sabemos que no es el nombre más común para esa nota. En el siglo XVII un musicólogo y profesor italiano propuso reemplazar la sílaba Ut por Do con el propósito de facilitar el solfeo. Su propuesta consistía en incorporar la primera sílaba del término Dominus, que en latín significa Señor, en referencia al Dios cristiano, y del que deriva también el nombre del día de la semana Domingo. Do deriva entonces de Dominus… o… Bueno. Quizás podamos voltear la mirada e ignorar la coincidencia con el apellido de dicho musicólogo, de nombre Giovanni Battista Doni.

De cualquier modo, las siete notas que los sumerios destacaron de entre las doce en las que dividieron a la octava, recibieron a lo largo de los siglos los nombres Do (o Ut), Re, Mi, Fa, Sol, La y Si. Son estas siete notas las que conocemos como las notas naturales.

Las restantes cinco notas del sistema, las que se corresponden con las teclas negras del piano, no tienen un nombre propio, sino que se las llama según su ubicación. De ninguna manera esto quiere decir que sean menos importantes que las siete notas naturales. Ni que sean más lindas o más feas, ni nada que se le parezca. Simplemente carecen de un nombre propio, y estimo que es con la finalidad de destacar a al menos una escala mayor de entre las doce notas finales. Así, la relación entre Do, Re, Mi, Fa, Sol, La y Si es ejemplar. Conocemos a las cinco notas que no pertenecen a la escala mayor modelo como las notas alteradas.

Llamamos sostenido a la nota que se encuentra un semitono arriba de aquella que le presta su nombre. De esta manera, la nota que se encuentra un semitono arriba de Do recibe el nombre de Do Sostenido. De igual manera, la nota que se encuentra un semitono arriba de La, la llamaremos La Sostenido. El término sostenido eleva siempre a la nota un semitono. Por el contrario, el término bemol nos lleva a descender un semitono a partir de la nota que le presta su nombre. Así es que la nota que se encuentra un semitono abajo de Sol se llamará Sol Bemol. Y la nota que se encuentra un semitono abajo de Mi la llamaremos Mi Bemol. El bemol resta siempre un semitono a la nota nombrada.

Sólo con esas definiciones vemos que la nota que se encuentra entre Do y Re puede recibir dos nombres distintos: Do Sostenido y Re Bemol. En la música tenemos un término para identificar est e fenómeno. Llamamos enarmonía a la propiedad por la que dos notas distintas producen el mismo sonido. Y creo oportuno recordar que para este capítulo me estoy limitando a los confines de la afinación de temperamento igual, de manera que cada semitono mide siempre lo mismo: la doceava parte de una escala.

Sin embargo, y por una vasta cantidad de razones, habrá situaciones en las que será correcto referirse a esa nota, a ese sonido ubicado entre el Do y el Re, como un Do Sostenido y no como un Re Bemol, y otras situaciones en las que lo correcto será llamar, al sonido que producimos con la misma tecla, Re Bemol y no Do Sostenido. Incluso encontraremos a Fa en algunas composiciones, y a la nota Mi Sostenido en varias otras. Y qué sorpresa nos llevaremos entonces cuando descubramos en una composición a un Fa Doble Sostenido o a un La Doble Bemol. Pero eso lo veremos en el próximo capítulo, cuando hablemos de escalas y de intervalos.

Marcelo "Chuffi" Siutti