El Mago emana un poderoso pulso de energía. Su cuerpo tiene forma de pararrayos, canaliza la energía desde arriba y la dirige hacia las cosas de abajo, la materia. Su postura me recuerda a la pose de tadasana (la montaña) en yoga, donde puedes sentir la energía fluyendo a través de tus dedos e irradiando desde tu pecho.

En su comentario, Waite escribe: “Esta carta significa el motivo divino en el hombre reflejando a Dios, la voluntad en la liberación de su unión con lo que está arriba”. En otras palabras, representa la sincronización de nuestra voluntad personal con la voluntad divina.

Muchas religiones hablan de la necesidad de unir nuestra voluntad a la de Dios. Sin embargo, la pobreza de tantas religiones hoy es que hablan de esta experiencia de manera bastante abstracta. No lo describen correctamente como una sensación de intercambio energético (probablemente porque nunca lo han experimentado).

Las religiones occidentales apenas parecen reconocer la existencia de la energía y, por lo tanto, no enseñan a sus seguidores cómo aprovecharla. En cambio, usan términos vagos como "gracia". Pero el entendimiento que se da de la gracia es que es algo completamente dependiente de la iniciativa divina, y no algo que podamos conjurar nosotros mismos o que pueda originarse en “el motivo divino en el hombre”.

Esta es la razón por la cual el Mago de Waite-Smith es tan religiosamente importante para nosotros. La energía que desprende esta carta es palpable y nos recuerda que la unidad con la voluntad divina no es un ejercicio contemplativo sino físico. La postura yóguica asertiva nos enseña que tenemos el poder de polarizar las energías divinas por nuestra propia iniciativa. No tenemos que ser pasivos y esperar mansamente para recibir.

“La gloria de Dios es el hombre plenamente vivo”. —Ireneo