Iván la vio como se agachaba frente a él, entendió de que se trataba cuando ella acercó su rostro a su vientre, él se acercó un poco más a ella para ayudarle, ambos estaban callados y sonrojados. Iván llevo su mano a su herramienta para mantenerla en su lugar, Isa se acercó a besarlo suavemente, él suspiró quedo por lo que vendría, ella saco su lengua y comenzó a lamerlo con cuidado. Iván gruñía un poco sin dejar de verla, apretaba su mano alrededor de su erección intentando no moverla de lugar, Isa tomó confianza y decidió lamerlo todo, tenía un sabor extraño, nada que hubiera degustado antes. Ella paso su lengua por todo lo largo de su miembro y parte de su vientre, notó los sabores distintos, el vientre de Iván tenía un sabor más parecido a su sudor mezclado con otro un poco dulce.

Era la primera felación de Iván así que todo lo que Isa hacía le gustaba mucho hasta ahora, Isa continuó lamiendo todo su vientre hasta dejar de saborear ese dulce sabor, llegando a lamerle los velludos testículos provocando un pequeño brinco por parte de Iván. Isa entonces lo vio, creyó haberlo lastimado pero en verdad fue la nueva sensación que lo hizo reaccionar así, él sonrió y espero a que ella siguiera, Isa entendió que no había problema y continuó lamiéndolos con gusto. Iván tenía un encuentro de sensaciones entre el placer y un cosquilleo, pero sentir la lengua y labios de Isa recorriendo su zona más sensible lo excitaban demasiado, él no se lo habría pedido aunque lo deseaba. Ella se atrevió a metérselos en la boca, era una sensación extraña pero Iván cerraba los ojos y se agarraba del lavadero mordiéndose los labios, sin dejar de acariciarse el miembro.

Isa los chupo hasta que el dulzón sabor se perdió y continuó lamiéndole el pene, está vez con sus labios y extendiendo su lengua, Iván hacía sonidos que no recordaba haberle escuchado antes y la veía con intensidad. Ella se sentía bien por haber aprendido algo, pero aún faltaba hacerle lo más difícil, fue entonces que se posicionó frente a él y comenzó a comerle poco a poco todo el falo, Iván no creía lo que veía, y la sensación era deliciosa aunque de repente sentía sus colmillos rozar su sensible piel.

- cuidado con los dientes - advirtió Iván jadeante.

Isa abrió un poco más su mandíbula para seguir engullendo hasta que logró entrarla toda en su boca, movió su lengua lo mejor que pudo en tan poco espacio y comenzó a chuparlo con fuerza. Iván se afianzó al lavadero de nuevo, cerraba los ojos para disfrutar la sensación y los abría para no perder la visión de su amada con la boca llena. Isa sentía malestar en la boca pero era evidente que Iván lo disfrutaba, así que comenzó a mover su cabeza para imitar sus movimientos intentando no dejar de succionar y mover su lengua pero era complejo hacerlo todo al mismo tiempo. Iván llevo su mano libre al cabello de Isa, al inicio lo acariciaba pero después la animaba a mover su cabeza con mayor frecuencia, Isa por sí sola no sabía moverse con rapidez, pero le estaba agarrando el gusto a esa actividad.

- Isa, amor, hazlo más rápido - pidió Iván apenado.

Isa se sacó el pene de Iván de la boca por completo - no puedo -

Iván la vio y pensó un momento, - ¿te molestaría si te guío? o ¿me dejas hacerte mía de otro modo? -

- guíame - contesto Isa abriendo su boca de nuevo.

Iván suspiró profundamente y la tomó de la cabeza con cuidado, nunca había hecho eso, solo vio algunos vídeos, esperaba no lastimarla si se emocionaba, así que inició penetrándola lentamente para después acelerar sus embestidas a la boca de Isa. Ella mantenía su boca cerrada a medias para succionarlo con fuerza, pero las constantes embestidas le golpeaban la campanilla y era algo molesto causándole tos, Iván paraba y cuando ella estaba bien volvían a lo mismo. Él estaba muy excitado, no demoraría mucho en venirse si seguían así, Isa lo tomo de las nalgas y comenzó a magrearlo al tiempo que él embestía.

- amor me voy a venir - gimió Iván intentando retardar la sensación y soltando su cabeza.

Isa continuó magreando sus firmes glúteos y succionándole con fuerza, Iván no pudo más entregándole toda su caliente lefa en el fondo de la garganta con un gemido profundo, Isa trago con ímpetu para no ahogarse y terminó degustando solo lo poco que quedaba al final. Era caliente, con un sabor dulzón pero diferente al de su vientre, ella sintió como la erección perdía tamaño en su boca pero ella no dejaba de chuparlo con fuerza, intentando sacarle hasta la última gota. Iván la dejo seguir con una sonrisa en su rostro, Isa succionaba tanto y tan rico que comenzó a endurecerse de nuevo, lo que la animó a continuar, cuando estuvo en todo su esplendor Iván la separó de su cuerpo.

- ven linda, quiero besarte y hacerte mía - reveló Iván con voz agitada.

Isa tomó su mano y se puso de pie, le dolían las rodillas y las piernas se le habían dormido un poco, lo que era algo incómodo, Iván la apoyo en el lavadero y fue por otro condón, no demoró mucho en abrirlo y estar junto a ella.

- ¿estás bien amor? - preguntó Iván curioso.

- sí, continuemos - animó Isa que aún sentía las piernas adormecidas.

Iván aprovecho que la tenía de espaldas a él para acariciarla y besarla, sabía que ella prefería tenerlo frente a ella pero a él le gustaba todo su cuerpo desnudo, sobre todo ver y tocarle su lindo trasero. Isa se dejó hacer, agarrada al lavadero no le faltarían las piernas y también disfrutaba sentir las caricias de Iván en su espalda aunque prefería sus besos. Iván magreaba las suaves nalgas de Isa y la acomodaba en posición, bajo su rostro para morderle un poco su tersa piel del derrier y subió a besos por su espalda hasta su cuello y hombros. Con una mano se acomodó su verga ya plastificada y comenzó a hundirse en ella suavemente, Isa gemía leve disfrutándolo de nuevo.

Nunca había pensado en casarse, y ahora veía el anillo de compromiso en su mano recargada sobre el lavadero y se imagina cogiendo día y noche con él, en la playa, en un hotel, donde fuera pero siempre con él. Iván llevo sus manos a acariciar su cuerpo completo, le gustaba mucho recorrerla toda, sentir cada curva y relieve de Isa bajo sus dedos o su boca. El vientre de Iván choco con los glúteos de Isa, Iván se quedó quieto a disfrutar su calor, para darle paso a suaves movimientos, pero fue Isa quién comenzó a moverse más desenfrenada. Él reaccionó rápido y le daba con ganas, mordiéndole los hombros, la nuca y las orejas con fuerza pero sin lastimarla, sus manos pellizcaban sus pezones y deseaba pellizcarle el clítoris pero el lavadero no se lo permitía.

Isa estaba muy excitada, por alguna razón acomodó sus piernas, cerrándolas un poco y la sensación fue distinta así que las cerró por completo, sintiéndolo mucho más que antes. Iván también disfrutaba del movimiento de Isa, la sensación era un poco distinta, un poco más ajustada, así que aceleró un poco más sus embestidas. Isa gritaba de placer, ambos se centraban en disfrutarse mutuamente, Iván en un impulso le dio por pararse, tomarla de las caderas y darle con toda su fuerza hasta el fondo, para después propinarle una nalgada fuerte marcando su mano en la piel.

Isa lejos de molestarle gimió - más - e Iván no se hizo esperar, dándole fuertes azotes y embestidas al mismo tiempo para después llevar su mano a machacarse con el lavadero en un intento de tocarle el clítoris. Isa gritó cuando sintió como le sobaba el clítoris suavemente y liberó sus fluidos en un rico orgasmo con muchos deliciosos espasmos que él también gozó. Llevándolo directo a descargarse bramando fuertemente, Iván continuó sus embestidas hasta que las piernas le flaquearon un poco. Iván se agarró del lavadero para evitar caer apoyándose a un costado de ella, Isa al liberarse se incorporó poco a poco y lo veía con su cara de enamorado.

- descansemos un poco - sugirió Iván sintiendo la fuerza volver a sus piernas.

- tengo hambre - aviso Isa sonriendo.

- solo espérame unos minutos e iremos a comer - contesto Iván que se sentía mejor.

Ambos se veían, Iván se acercó a besarla en la boca para después sonreírle, Isa se sentía fuerte, dio el paso y acercó la ropa de ambos para volver a vestirse. Iván solo se puso él pantalón y lo demás lo junto para llevarlo a casa, Isa se quitó el anillo y lo guardo en la cajita que Iván escondió en su ropa hecha bolas, Isa se vistió y abrió la ventana para ventilar el lugar, Iván dejo los condones restantes entre las herramientas y ambos volvieron a casa tomados de la mano. Gabriel había servido la comida creyendo que Iván se iría al trabajo sin saber nada más que ellos estaban cogiendo de lo lindo, así que los espero viendo la televisión. Iván e Isa llegaron al comedor, Gabriel apagó el televisor y los tres comieron juntos la comida fría, era evidente para Gabriel que Iván no iría a trabajar esa tarde.

- te van a correr con tantas faltas - recriminó Gabriel a Iván.

- ya hablé con mi jefe, perdí la promoción nada más, pero después de hoy debo aplicarme y en unos meses podría ser - aclaró Iván sonriendo.

- eso espero - dijo Gabriel con desdén.

- tengo que obtenerlo, debo comenzar a ahorrar - expresó Iván tomando la mano de Isa.

- no me digan que ya seré tío - preguntó Gabriel sonriendo.

- ¡no! - dijeron ambos con rostros de preocupación.

- ¿entonces? - cuestionó Gabriel intrigado.

- esperaremos hasta que esté monitoreo y todo terminé, así que debo ahorrar dinero para la gran fiesta - declaró Iván sonrojado.

Gabriel se veía muy confundido.

- nos casaremos - anunció Isa con alegría.

- ¡¡¡ohhh!!! - exclamó Gabriel muy sorprendido.

- ¿y después sobrinos? - inquirió Gabriel bromeando.

- ¡¡No!! - contestaron ambos.

- que aburridos - se carcajeo Gabriel.

- no hemos hablado de eso - menciono Iván apenado.

- primero debe terminar este acoso, además sigo en tratamiento ¿recuerdas?, bueno, tuve que dejar de medicarme por el encierro - recordó Isa con enfado.

- solo bromeaba, soy muy joven para ser tío - explicó Gabriel sonriendo ampliamente.

Entre los tres levantaron todo, quedaron de ver una película pero antes Iván e Isa tomaron un baño juntos con un poco de acción extra. Después de las películas Gabriel se fue a trabajar, ellos continuaron viendo películas hasta que les dio sueño y fueron directo a dormir.

La semana fue más normal para ellos, Isa no salía de casa, ambos se fugaban un rato por las tardes después de que Gabriel se iba para estar a solas a gusto. Isa ponía el noticiero todas las mañanas, Gabriel lo escuchaba sin opción, los juicios a los varios criminales atrapados gracias a Isa habían comenzado. Parte de la información salía en los noticieros debido a los varios personajes públicos involucrados, entre ellos el padre de Isa.

Cuando Isa lo vio en la televisión se sintió segura como hacía mucho tiempo atrás, ese hombre débil que caminaba por inercia no podría hacerle daño nunca más, apenas lo reconocía, Gabriel lo vio y la abrazó con cariño porqué las lágrimas de Isa eran de felicidad. La preocupación de ellos tres ahora era si liberarían a Isa o la llevarían a juicio también, al menos en las noticias no se hacía mención alguna de ella.

Los días pasaron, Isa y Gabriel no dejaban de buscar la información sobre los casos, habían arrestado gente de diferentes países, cada día eran más los involucrados, por lo que decían en los noticieros todos tenían fuertes evidencias en su contra, así que nadie saldría libre. Habían pasado seis meses, los juicios continuaban igual que el arraigo de Isa y su monitoreo, habían intentado hablar con la gente de la agencia esa pero no tenían tiempo para ellos. Un día tocaron la puerta, eran las 10 am, Gabriel fue quien abrió, inmediatamente entraron Ben y Ginger con algunos papeles en mano.

- Buenos días - dijeron ambos al entrar.

- Buenos días - contesto Gabriel intrigado.

- Buenos - dijo Isa viéndolos fijo.

- señorita Armstrong, hemos venido a informarle que se le ha citado como una testigo clave en los diversos juicios que estamos llevando a cabo con la red que nos ayudó a capturar - anunció Ben muy serio.

- ¿testigo? pero yo no vi nada, ni conocí a nadie - dudó Isa sorprendida.

- se equivoca, usted vio las cuentas, vio los rostros de varios muertos por el mismo grupo y estamos seguros que también vio y reconoció a varias de las personas en las fotos del celular de su padre - explicó Ginger.

Isa sabía que tenían razón - ¿y si me niego? -

- demoraría este proceso, lo cual tampoco le beneficiaría a usted - admitió Ben.

- con su ayuda podríamos acelerar los juicios pertinentes y usted entonces saldría libre de cargos, liberándose de nosotros - expuso Ginger.

- está bien, ¿cuándo debo presentarme? y ¿dónde? - preguntó Isa desenfadada.

- la primera parte sería hoy en dos horas, venimos para escoltarla - contesto Ginger.

- ¿primera parte? - cuestionó Gabriel sorprendido.

- los criminales son varios, usted es la persona con mayor información y conocimiento, así que tendrá que ir a declarar en tres partes y lugares distintos - justificó Ginger.

- ¿pero cómo haré eso? - interrogó Isa.

- nosotros la transportarnos y escoltaremos en todo momento, no verá a ningún criminal de frente pero como ya sabe el juicio es monitoreado por los medios televisivos, lo que la pondría en riesgo - contesto Ben.

- ¿qué quieren decir con eso? - indagó Gabriel curioso.

- después de declarar no podrá volver aquí o tener contacto con nadie que no sea autorizado por nosotros, hasta que terminen los juicios - respondió Ben.

- ¿cuánto tiempo demorarían? - demandó Isa preocupada.

- creemos que dos meses más al menos - aseguró Ginger.

- iré con ustedes pero me debo despedir de mi novio antes de todo - manifestó Isa con rostro serio.

Gabriel corrió hacia Isa - ¿estás segura de hacer esto? -

- seremos libres de todo al final, es mejor ahora a esperar más tiempo - comprendió Isa.

- te ayudaré a empacar - dijo Gabriel y ambos se retiraron a la recámara de ella.

Ben hizo algunas llamadas informando la situación, un agente traería al novio para no exponer a su testigo clave. Isa y Gabriel empacaron todo lo que pudiera hacerle falta en una maleta ligera, Gabriel se mostraba triste por la partida de Isa pero esperaba lo mejor. Cuando terminaron de empacar el agente que había ido por Iván había llegado al lugar, Iván entró directo a buscar a Isa, Gabriel cargaba su maleta detrás de ella. Iván abrazo a Isa efusivamente, el agente le había comentado la situación, Isa correspondió el abrazo, ambos permanecieron en su abrazo unos minutos para después buscar sus rostros y besarse tiernamente en la boca.

- te amo Isa, no lo olvides - sonrió Iván intentando aguantar la tristeza de verla partir.

- te amaré siempre, no olvides tú promesa - recordó Isa con los ojos llorosos.

Iván sonrió beso su frente y su boca con cariño. Gabriel se adelantó a ellos que estaban en el pasillo, Iván cubría la vista de los agentes con su cuerpo, sabía que ella no quería que la vieran llorar, así que le limpio las lágrimas del rostro.

- vamos, estaremos al pendiente de las noticias, pronto seremos libres - justificó Iván intentando reconfortarla.

- te amo Iván, no lo olvides amor - expresó Isa soltando su abrazo.

Ambos se tomaron de la mano y caminaron directamente hacia los agentes, Isa se acercó a Gabriel y lo abrazó de nuevo antes de tomar su maleta y ponérsela en el hombro. Ambos se dieron un beso en la mejilla, Iván no soltaba su mano, así que Isa volteo hacia él y le dio un beso apasionado en la boca, Iván intento disfrutarlo sabiendo que demorarían en volver a estar juntos. Isa separó sus labios, lo miró a detalle y sonrió, Iván le devolvió la sonrisa soltando su mano, Isa cambio su rostro y giró su cuerpo para irse con los agentes, Ben abrió la puerta, el agente que había llevado a Iván esperaba frente a la puerta. Isa camino escoltada por Ginger y Ben dirigiéndose a una camioneta de vidrios polarizados, el agente abrió la puerta e intento ayudar a Isa a subir que lo miró con ojos de pistola.

Isa solo movió su mano en señal de no aceptar la ayuda y subió a la camioneta, detrás de ella subió Ginger y Ben al frente de la misma, una vez cerraron las puertas todo el séquito se fue a su destino dejándolos ahí. Iván tenía el resto del día libre, ambos estaban en silencio, terminaron la comida y comieron intentando no hablar de nada, el vacío y el miedo había vuelto a su vida, además seguirían siendo vigilados por si acaso.

Isa se había cambiado de ropa en lo que Gabriel metía su ropa en la maleta, vestía un pantalón de vestir azul marino brillante con una blusa rosa pastel en una tela vaporosa con manga larga y zapatos de tacón bajo azul marino de charol cerrados. Ginger intentaba prepararla para el posible interrogatorio al que sería llevada, Isa contestaba cada pregunta en automático, decidió aislar todos sus sentimientos y pensamientos, dedicándose a la tarea que le pedían exclusivamente. Después de un largo viaje la camioneta llegó al juzgado donde debía comparecer, Ben bajo primero, abrió la puerta y ayudo a Isa a bajar, ella se había puesto unos lentes oscuros grandes para cubrir sus ojos del flash de los reporteros, había monitoreado las noticias lo suficiente para adivinar que eso le pasaría.

Isa bajo por sí misma y camino escoltada por Ben, Ginger y otros dos guaruras más todos veían a los alrededores pero nadie sabía nada de ella, entraron al juzgado y él nuevo infierno comenzó. Los reporteros no tenían mucha información sobre Isa, inclusive cuando lograron saber su identidad no tenían demasiado para mencionar. Isa respondió todas las preguntas que le hacían justo como lo había practicado con la agente, su rostro casi inexpresivo hacía que la atacarán con preguntas peores intentando hacer que se dudará de ella pero se mantuvo firme, contestando todo lo que sabía. Era tanto el afán de los abogados por querer refutar sus respuestas que caían en ofensas hacía ella, además de incriminarla de mentirosa para salvar su pellejo al no ser enjuiciada del mismo modo que los demás.

Fue tanto la insistencia en que a ella la llevarán a juicio por sus delitos que los mismos acusados de peso buscaron hacer las demandas pertinentes, la agencia se lo esperaba, necesitaban la credibilidad de ella ante los otros juicios. Isa no imaginaba que todo eso ya había sido previsto desde un comienzo por la agencia, solo la estaba usando a su favor hasta que fue llevada a juicio, debía probar su propia inocencia. Está vez ella tuvo que enfrentarse a ver todas las evidencias que la agencia tenía para respaldar, las fotos y vídeos del cuarto en el que vivió encerrada por años, las computadoras montadas ahí, las manchas de sangre en las paredes y piso del pasillo donde fue brutalmente golpeada, he incluso exhibieron parte de su cuerpo marcado.

Isa había tenido un presentimiento desde que los agentes la habían convencido a testificar, sabía que todo iría de mal en peor pero nunca imaginó a que grado hasta que llevaron a su padre, Isa había soportado todo con calma aparente pero cuando sus ojos se cruzaron el terror volvió a ella. Marcus Armstrong había permanecido callado mirando siempre al frente, lo habían analizado varios especialistas sin entender porque él no se comunicaba de ningún modo, ni intentaba reaccionar a cualquier estímulo hasta que vio a su hija en el juicio. Marcus Armstrong entonces cambio su rostro, había sido desintoxicado después de que Isabelle escapó de él. Marcus no recordaba gran parte de lo que habían sido sus vidas después de perder a Maritza, pero reconocía su rostro en su bella hija.

Isa en cambio tuvo un momento de debilidad en su estoica actuación al tener que enfrentar verlo de nuevo en persona, encontrando su punto débil, ya que nadie sabía de la relación con Iván. Isa debía sortearse entre los juicios como testigo a ser la acusada con su padre entre el público qué intentaba una y otra vez tener contacto con ella, llevándola a perder la calma. El juicio de Isa haría un receso, la agencia la escoltaba como siempre, se dirigían al apartamento seguro donde ella estaba asignada, no siempre usaban la misma ruta al saber que había múltiples amenazas contra su vida.

Esta ocasión no era diferente a las anteriores para Isa, siempre viendo el exterior entre los agentes a sus costados, al hombre que no recordaba haber visto antes era al copiloto pero realmente ellos le importaban muy poco, no eran sus amigos y cuando todo terminara no volverían a cruzar sus caminos. La camioneta se acercó a un cruce, inmediatamente apareció el verde del semáforo, el conductor de modo precavido cruzaba la calle cuando un camión  pesado y con carga impacto contra la camioneta a gran velocidad como salido de la nada, arrastro la camioneta varios metros ante la mirada atónita de todas las personas cercanas a la zona, sin más ambos vehículos pararon gracias al grueso muro del edificio de la esquina, impactando la camioneta que ahora se encontraba  retorcida y aplastada perdiendo toda forma reconocible de la misma, fluido chorreaba de ambos vehículos, humo y un lastimero quejido mientras la gente se arremolinaba para grabar, ver y algunos pocos para intentar ayudar a las personas del accidente.

El chofer del camión fue sacado inconsciente de su vehículo después de forcejear un poco con su puerta, pero para la camioneta necesitarían herramientas especiales, solo una voz se escuchaba desde el interior, un hombre quejándose debido al dolor, los servicios de emergencia llegaron tan pronto como pudieron, él chófer del camión se notaba drogado o tomado ahora que recuperaba el sentido y fue arrestado en cuanto la policía llegó. Mientras los bomberos cortaban los metales torcidos para sacar a las personas que continuaban atrapadas dentro del otro vehículo, al sacar los cuerpos uno de los agentes estaba muerto por el impacto, los demás heridos estaban en su mayoría inconscientes, todos llenos de sangre y cristales, Isa no era la excepción, su pulso era demasiado bajo, al revisarla encontraron heridas de gravedad por el impacto, su ambulancia se marchó de inmediato con paramédicos practicando una resucitación que poco duro pues no logro llegar al hospital.

Su juicio continuó aun sin ella presente, al final la encontraron inocente de todo cargo al haber sido obligada por su padre, él dejó de comer una vez supo de su muerte, no pagó condena alguna debido a que su cuerpo fallo antes del veredicto. Iván y Gabriel se enteraron por los noticieros que no dudaron en reportar la muerte de Isa, se encontraron destrozados al ser confirmado por los agentes que los custodiaban, ya que Ben era uno de los acompañantes en el vehículo. Pero lo más devastador para ambos fue que les prohibieron ir al entierro, habría miles de medios televisivos cubriendo el funeral, la agencia la enterró junto a su madre, a kilómetros de distancia de los chicos, nadie más allá de la prensa y algunos agentes como Ben y Ginger asistieron a despedirla.

Los pocos familiares que tenía no se habían involucrado en saber de ella en vida, ahora les importaba menos al saber el escándalo en el que padre e hija los habían envuelto, así que ninguno asistió al entierro.

Maribeth veía su nueva casa, unos conocidos le habían conseguido empleo y ahora le hacían el favor de ayudarle a instalarse, era una pequeña casita con dos recámaras, un baño completo, sala, comedor y cocina en un solo cuarto con una hermosa vista al mar, tenía un lindo porche con un columpio para dos personas viendo hacia el mar y una hamaca del otro lado. Maribeth estaba algo nerviosa, no sé consideraba buena haciendo amistades, pero el empleo prometía ser bueno, entraría como mecánica de maquinarias varias en una compañía empacadora de pescado. Tendría un día libre antes de comenzar su entrenamiento, era un pequeño pueblo, unos 300 habitantes que subsistían de la pesca o trabajando en la compañía, además de los servicios básicos. La empacadora prestaba servicios de atención médica, bomberos y servicio de transporte al poblado próximo una vez al mes a todo el lugar, era un pequeño pueblo muy pacífico con gente trabajadora, cálida y muy alegré.

Maribeth disfrutaba la vista al mar, el sonido de las olas mojando las suaves arenas todo el tiempo, sus conocidos le habían dejado bien instalada y hasta una pequeña despensa esperando lo mejor para ella, la visitarían en otra ocasión. Maribeth tomaba algunos medicamentos debido a un accidente de trabajo, nada grave en realidad pero eran para mitigarle el dolor en su brazo y mantenerla sana. Ella era una chica de piel morena muy bronceada, tenía varias marcas en los brazos y piernas debido a su trabajo con maquinarias de todos tamaños, 1.78 de estatura, su cabello muy corto tenía un mechón teñido en color morado al frente y se enchinaba un poco con la sal del mar, siempre con sus lentes de pasta cuadrados.

Una vez que sus conocidos se marcharon Maribeth cambio su ropa, al menos su pantalón de mezclilla, solía usar ropa grande y holgada, le era bastante cómoda, ahora usaba un short azul marino ligeramente arriba de la rodilla con su blusa blanca de mangas cortas. El aire le pegaba la ropa a ratos al cuerpo marcando ligeramente su figura pero la playa estaba completamente solitaria, las casas ahí estaban bastante dispersas unas de otras así que prácticamente no tenía vecinos. Maribeth camino por la arena, su rostro se iluminaba como el de una pequeña niña, era la primera vez que veía el mar y le pareció increíblemente hermoso y relajante aunque también extraño a su exnovio. Él le había prometido llevarla al mar y ahora sentía que ella lo traicionaba, suspiró y recordó que él ya no era parte de su vida, continuó caminando en la arena hasta que las olas mojaron sus pies, el agua estaba tibia. Maribeth volvió a sonreír viendo al horizonte la inmensidad del mar confundida con él infinito cielo azul que los cubría y agradeció poder disfrutar de ese momento.

Maribeth se presentó a trabajar, para entonces ya conocía a sus vecinos cercanos, quienes le ayudaron a conocer los alrededores y saber cómo llegar al trabajo. Ella iba vestida con jeans holgados y una playera polo a rayas amarillas horizontales con botas de trabajo, se presentó con su jefe que resultó ser una mujer también. Lucy era su jefa, otra chica soltera, muy ruda, tampoco le temía a las máquinas grandes e igual que Maribeth tenía algunos cortes sobre todo en los brazos por meter las manos en espacios pequeños.

Lucy capacitó a Maribeth en todas las máquinas diferentes, solo ellas dos debían encargarse de todo, los demás empleados estaban en las diversas áreas de producción, todos estaban uniformados con un mono enterizo de manga corta en color café oscuro con los logos de la empresa. Lucy invitó a Maribeth a salir con sus amigas, así tendría nuevas amistades y se conocerían fuera del trabajo, dentro no tenían mucho tiempo de platicar y conocerse. Maribeth acepto encantada, al salir del trabajo muchos se cambiaban el mono, otros solo lo amarraban en su cintura y así se iban, Lucy se había cambiado ahora llevaba unos jeans ajustados con una blusa a rayas azul y blanco de manga tres cuartos amarrada a la cintura y zapatos de plataforma negros.

- esperemos a las demás - dijo Lucy a Maribeth fuera de la fábrica.

Todos entraban a la misma hora y salían igual, solo los horarios de comida variaban por el pequeño comedor del lugar.

- ¿cuántas son? - preguntó Maribeth curiosa.

- espero que contigo seamos 8 de ahora en adelante - contesto Lucy sonriendo.

Maribeth sonrió ligeramente, cuando un grupo de chicas riendo las hizo voltear a ver. Se acercaban por su espalda cinco chicas bromeando y riendo.

- ¿dónde está Lilith? - gritó Lucy que no la veía.
  
- Sonyi viene con ella - aclaró una de las chicas.

- espérame aquí Maribeth, ahora vuelvo - pidió Lucy frunciendo el ceño.

Maribeth afirmó con la cabeza y vio a Lucy ir bastante molesta hacia el edificio por donde varios empleados más seguían saliendo, las otras chicas fueron directo hacia Maribeth a esperar a sus amigas.

- Hola, debes ser la nueva, yo soy Margarita - aclaró la chica más bajita de todas.

Margarita, piel negra, cabello chino, lo tenía cubierto con una banda roja pero los más pequeños chinos escapaban por su frente, vestía un vestido blanco con figuras rojas en el y tenis rojos.

- Hola, soy Maribeth - sonrió ligeramente.

- chica, si no quieres sonreír, no lo hagas, si no quieres algo dilo, y si lo quieres también, aquí no nos andamos con mentiras - soltó Violeta muy seria.

Violeta era la única gordita entre ellas, de 1.70 con facciones duras, visiblemente molesta, vestía un faldón largo en color vino con una blusa blanca encima mostrando un poco de escote, piel morena y zapatos cerrados negros.

- se amable Violeta, es su primer día aquí, soy Rocío - dijo acercando su mano derecha a Maribeth.

Rocío, 1.70, morena clara, cabello largo castaño en una coleta alta de caballo y ondulado, vestía jeans deslavados con algunos adornos y una blusa rosa pastel de tirantes anchos y gran escote.

Maribeth estrecho su mano sin fingir una sonrisa está vez, viendo a todas las chicas que aún la rodeaban.

- ahí vienen ya - dijo Margarita feliz.

Lucy venia corriendo con otra chica tomada de su mano, Maribeth imagino que era Lilith, Rocío tomó la mano de Maribeth y todas arrancaron a correr hacia el área boscosa junto a la fábrica evitando el pueblo.

- esperen, esperen - se escuchaba la voz de un hombre a lo lejos que no alcanzo a ver Maribeth mientras corrían todas como locas entre los arbustos y árboles a grandes carcajadas.

Corrieron durante varios minutos, Maribeth había logrado esquivar casi toda rama y arbusto a su paso pero no vio un gran pedrusco en el piso con el que tropezó cayendo de bruces sobre un arbusto y tirando a Rocío con ella. Rocío se levantó de inmediato para ayudar a Maribeth que aún seguía en shock por todo el asunto, Rocío tiraba de sus brazos para ponerse de pie y ambas cayeron en el piso. Maribeth entonces se rio a carcajadas girando su cuerpo a un costado y Rocío también reía, ambas se pusieron de pie y caminaban ahora tranquilamente.

- vamos, falta poco, deben estar todas allá - animó Rocío comenzando a caminar.

Maribeth estaba muy confundida, pero había sido divertido correr con ellas, le recordaba mucho a su feliz infancia. Las voces de las otras se escuchaban cercanas, una luz iluminaba no muy lejos una cabaña escondida entre los árboles. Rocío volvió a tomar a Maribeth de la muñeca y ambas entraron en la cabaña donde todas las chicas estaban sentadas en varios cojines de colores sobre el piso de madera. Había algunas botellas de refresco y una hielera grande cerrada al fondo junto a una pequeña puerta, las ventanas estaban tapiadas por dentro, la cabaña era toda de madera, dentro estaba limpio y bien iluminado, la luz que se veía en el bosque era por una pequeña ventana en la puerta.

- ¿Por qué tardaron tanto? - preguntó Violeta tomando su bebida.

- Caí en un arbusto - contesto Maribeth apenada.

- Disculpa que te hiciéramos correr, ¿quieres algo de beber? - preguntó Lucy abriendo la hielera.

- Hay vino, agua, refrescos o si gustas algo más fuerte - guiñaba el ojo Margarita mostrándole una caja de cartón.

- agua está bien - respondió Maribeth apenada.

- no te preocupes, aquí estarás siempre segura con nosotras - declaró Lilith, a quién no había visto antes.

Lilith usaba un vestido largo de tirantes anchos sin escote color fiusha, su amplia falda cubría sus piernas al estar sentada en un cojín, era de piel blanca, apenas bronceada y cabello rojizo, su rostro lleno de pecas y labios delgados pintados en rojo.

- Ella es Maribeth chicas, será mi ayudante de ahora en más - explicó Lucy a todas dándole la botella de agua a Maribeth.

- Yo soy Adriana y ella mi hermana Ximena - dijeron dos chicas muy similares

- somos cuatas, por eso el parecido - aclaró Ximena por su similitud.

- Todas esperamos que te unas a nuestro grupo de amigas - declaró Lucy con una gran sonrisa.

- ¿crees que pueda adaptarse? - dudó Violeta un tanto despectiva.

- tú siempre tan negativa - sentenció Lilith a Violeta.

- ustedes siempre esperando lo imposible - contesto Violeta.

- cálmense ya - dijo Lucy autoritaria.

Maribeth veía a todas bebiendo su botella de agua en silencio, en lo que Violeta seguía discutiendo con Lucy. Rocío se acercó a Maribeth palmeando su hombro para reconfortarla - todas somos las rebeldes del lugar, Margarita es hija del dueño del bar, siempre habrá licores aquí - sonrió Rocío picarona - dicen que somos lesbianas, Lilith y Lucy son pareja pero a las demás nos gustan los hombres -

- qué no te engañe, ella batea para ambos lados - sonrió Ximena

Maribeth volteó a verla algo asustada, Rocío quitó su mano de la espalda de ella, entre cerro los ojos viendo a Ximena que se reía de Rocío.

- el próximo fin de semana será la fiesta del pueblo, te darás cuenta porque somos las rebeldes - manifestó Adriana.

- no le metas miedo, solo somos chicas normales, pero este es un pueblo muy chico - evidenció Margarita feliz.

- mejor vamos al grano ¿buscas marido? - preguntó Violeta.

- ¡no! - contesto Maribeth sorprendida.

Todas se echaron a reír por el rostro de susto que hizo Maribeth al contestar, Maribeth en cambio se sintió ofendida y deseaba irse de ahí.

- espera, espera, has pasado la prueba de iniciación - declaro Violeta sonriendo.

Maribeth seguía sin entender y deseaba irse de ahí en ese momento.

- quédate otro rato, no puedes irte sola - explicó Ximena.

- podrías perderte en el bosque por días - completo Adriana.

- quiero irme - dijo Maribeth muy seria.

- nosotros tampoco queremos casarnos, ni tener hijos aún - expresó Lilith.

- eres una de nosotras, debes conocer a los Jhonson, tus vecinos ¿cierto? - preguntó Adriana.

- buscarán encontrarte al chico ideal, cada noche te invitarán a cenar con otro invitado, uno diferente hasta que encuentren al correcto - declaró Violeta muy seria.

- quédate un rato más, te llevaremos a casa a salvo - pidió Lucy suplicante.

Meribeth deseaba irse pero se notaba que nadie la llevaría a casa en ese momento, así que terminó sentándose de nuevo pero tomando distancia de ellas.

- ya la espantaron - recriminó Margarita pensativa.

- pero es verdad lo que te decimos, puedes volver cuando gustes, pero ya lo decidirás con el tiempo - opino Violeta.

- ¿qué trajeron de botana? - preguntó Rocío buscando con los ojos.

- Hay unos sándwiches de atún y frutas con chile para compartir - anunció Adriana corriendo a la hielera.

- pásame la fruta - contesto Rocío - ¿quieres fruta? - se dirigió a Maribeth.

- no gracias – contesto Maribeth muy seria.

Ximena se paró y tomó asiento cerca de Maribeth, - puedo saber ¿por qué decidiste venir a este pueblo? - indagó muy curiosa.

- unos conocidos de mi madre me consiguieron el empleo, no sabía cómo era aquí antes de venir.

- vaya, te han hecho una broma pesada - contesto Ximena

- me gusta mucho poder ver el mar - confeso Maribeth.

- es hermoso, pero llega a ser aburrido cuando vives aquí toda tú vida - observo Ximena pensativa, - por cierto todas me dicen Conchis, de niña juntaba grandes bolsas de conchas y se me quedo - sonrió Ximena.

- ¿y de dónde eres Maribeth? - preguntó Violeta.

- de San Antonio - contesto Maribeth.

- vaya, vienes de la ciudad, vaya que estás lejos - expresó Violeta.

- no suelen venir de tan lejos - afirmó Lucy pensativa.

- esperemos que no te aburras aquí, ya verás que no hay mucho por hacer - manifestó Ximena aburrida.

- ¿por qué se esconden en el bosque? - cuestionó Maribeth.

- por Sonyi - respondieron todas al unísono.

Maribeth las veía sin entender nada.

- Sonyi pretende a Lilith, pero no sabe de su relación con Lucy - explicó Ximena.

- nadie más que nosotras lo sabemos - aclaro Violeta.

- en el pueblo no sería permitido - declaró Lucy con tristeza.

- es algo muy común - expresó Maribeth.

- no aquí, si se enteran podrían hacerles daño a ambas - admitió Violeta con mucha seriedad.

- pero no pueden ocultarse por siempre, además dijeron que les llaman lesbianas - espetó Maribeth.

- lo dicen para marcarnos por ser diferentes, pero si lo admitieran las lincharían - confesó Rocío.

- y no será por siempre - dijo Lucy tomando la mano de Lilith.

- hemos ahorrado por años, el próximo año tendremos lo suficiente para irnos a otro lugar donde seamos libres - confesó Lilith.

Maribeth las veía atenta, no podía imaginar lo difícil que debía ser su relación.

- estamos confiando en ti Maribeth, aunque decidas no estar con nosotras sólo te pedimos que no digas nada sobre nosotras, ni la cabaña - rogo Lucy suplicante.

- no diré nada, no sé preocupen - prometió Maribeth.

- nosotras hablamos siempre con la verdad, y decimos lo que sentimos aunque no les guste a las demás, esperamos lo mismo de ti - advirtió Violeta muy seria.

- lo entiendo - expresó Maribeth con seriedad.

- Chío es hija del gerente de la fábrica, solo él sabe que usamos la cabaña, ella y Lilith no nacieron aquí - contó Ximena.

- pero crecimos aquí, y debemos regirnos por sus reglas - recitó Rocío en tono de burla al final.

- pudiste haberte ido desde hace mucho - recordó Violeta.

- entonces ¿quién las cuidaría? - recriminó Rocío.

- podemos solas - espeto Violeta.

- para ya Violeta, sabemos bien que solo nos espera a nosotras - aseguró Lucy.

- ¿qué quieren decir? - preguntó Maribeth curiosa.

- todas hemos ahorrado durante años, en cuanto Lucy y Lilith se vayan, lo haremos todas después - confesó Adriana.

- ¿qué es lo que piensan hacer? - interrogó Maribeth curiosa.

- quiero irme a la Capital, ser un bartman real en un antro con luces y música con alto volumen - confesó Margarita.

- nosotras deseamos viajar por el país - declaró Adriana.

- después el mundo quizás - completo Ximena.

- Yo no podría seguir viviendo aquí sin ellas, seguiría a Lucy y Lilith al principio para hacer mis propias metas - manifestó Violeta.

- di que quieres ser doctora y ya dramática - recriminó Rocío a Violeta haciéndola sonrojar.

- con ser libres para amarnos me basta - confesó Lilith.

- yo deseo lo mismo pero también quisiera trabajar en la mejor industria automotriz, con sus bellas maquinarias - dijo Lucy emocionada.

- Yo seré abogada, para poder ayudar a mi padre en la empresa pero viviré lejos de aquí - confesó Rocío.

- ¿tienes algún sueño así Maribeth? - cuestionó Ximena.

Maribeth las veía a todas, deseaba tener un sueño tan grande como el de ellas pero nunca se había sentado a idear algo similar - no - dijo pensativa.

- debe haber algo que quieras lograr - opinó Lucy intentando animarla.

- yo tengo lo que deseaba, excepto ... - callo Maribeth.

- ¿qué te falta? - preguntó Rocío.

- nada, nada, tengo todo lo que deseaba - reafirmo Maribeth.

Ximena la vio, estaban tan cerca que le pareció ver los ojos llorosos de Maribeth - ¿extrañas a alguien? -

Maribeth la vio sorprendida - no - mintió intentando no verlas.

- déjenla, aún no confía en nosotras - declaró Lucy.

Maribeth se sintió culpable por haberles mentido, suspiro profundamente - tenía un novio, a veces lo extraño - confesó.

- aaaahhhh - dijeron todas, Ximena acarició su pierna en señal de apoyo.

- imaginó que lo quisiste mucho - opinó Adriana – a veces duele el recuerdo pero sigue tú vida, el tiempo todo lo cura -

- aquí estaremos para distraerte si quieres - animó Rocío.

- concéntrate en otras metas y sueños, a mí me sirvió - expresó Violeta.

Maribeth se quedó pensativa, tenían mucha razón en sus palabras, aún no se sentía en plena confianza con ellas pero parecían dar buenos consejos. Las chicas platicaban de su día en el trabajo y recordaban algunas anécdotas de la infancia, Maribeth las escuchaba atenta pero su mente divagaba a ratos en sus pensamientos. Debían irse antes de que la noche cayera por completo, la oscuridad no les permitiría encontrar las diferentes pistas que habían puesto para poder llegar o salir sin problema. Habían tomado una ruta distinta, llegando directamente al pueblo, de ahí se dispersaron, Lucy y Lilith acompañarían a Maribeth por ser las más cercanas a su casa, Violeta se marchó con Adriana y Ximena porque eran vecinas, Rocío se iría sola por otro lado, Margarita vivía justo en el centro, así que no debía caminar mucho.

Lucy y Lilith se habían comportado como una pareja normal todo el tiempo hasta llegar al pueblo, ahí solo se tomaban de la mano y caminaban casi en silencio entre ellas. La luna iluminaba muy poco esa noche, Maribeth llegó segura a su casa, Lucy y Lilith se despidieron en el portal, debían llegar pronto antes de preocupar a sus familiares.

El día siguiente transcurrió de los más normal para Lucy y Maribeth que empezaba a agarrar el ritmo de trabajo rápidamente. Esté día Maribeth decidió irse a casa, ante las miradas de las otras chicas, Maribeth se fue con el conjunto de trabajadores que salían, el poblado no estaba tan lejos aunque su casa si lo estaba. Maribeth veía como todos caminaban a pasos lentos hasta llegar a casa y así fue quedándose sola hasta llegar a su casa, se disponía a cambiar su ropa para ir un rato a la playa de ser posible cuando tocaron a su puerta.

- ¿quién? - preguntó Maribeth acercándose a la puerta

- Soy Ted Jhonson, tú vecino - anunció Ted antes de que Maribeth abriera la puerta.

- Buenas tardes vecino - dijo Maribeth con su mejor ánimo.

- Buenas tardes Maribeth, cómo eres nueva en el pueblo mi esposa y yo decidimos ayudarte a conocer a hacer nuevas amistades - expuso Ted con una gran sonrisa.

- Gracias – contestó Maribeth que en realidad no veía importante eso de momento.

- Haremos una cena en tu honor está noche, vendrán varios buenos amigos y familiares a conocerte - declaró Ted emocionado.

- oh, no debieron molestarse - expresó Maribeth que no deseaba ir.

- Bueno, contamos contigo, Lorenzo mi hijo vendrá por ti a las 7, no será nada formal - aclaró Ted muy feliz.

- gracias - declaró Maribeth con su sonrisa fingida.

Ted se retiró orgulloso y Maribeth cerró la puerta, las chicas le habían dicho la verdad, era mejor pasar el tiempo allá encerrada que aquí conociendo gente. Maribeth tomó una siesta, había dejado la ropa que se pondría a mano, programó la alarma en el celular, y recorrió su agenda, había pocos números discados, mientras su galería estaba llena de fotografías del mar. Las recorrió lentamente recordando ese día y lo relajante que fue, quedándose profundamente dormida hasta que alguien tocaba la puerta fuertemente una y otra vez, Maribeth despertó asustada por los golpes.

- Maribeth - gritaba la voz de un hombre.

Maribeth se despabilo y vio su celular, eran las 7:10, se paró rápido y fue a la puerta, al abrir Lorenzo estaba ahí vestido con pantalones negros de vestir y una camisa de manga larga amarillo tenue.

- me dijo tú padre que no era formal - señaló Maribeth al verlo bien vestido.

- ¿pensabas irte así? - cuestionó Lorenzo viéndola de arriba a abajo.

Lorenzo era un chico de 16 años, delgaducho, moreno oscuro, cabello rizado largo, y algunos vellos en el rostro que simulaban su bigote, ojos cafés con ojeras, nariz aguileña y boca delgada.

- tendrás que esperar a qué me cambié, espérame en el columpio, por favor - pidió Maribeth cerrando la puerta.

Lorenzo fue directo a sentarse en el columpio a esperarla, tampoco tenía mucho interés en asistir a la fiesta pero era en su casa.

Maribeth busco en su guardarropa, no tenía nada formal, se dio una ducha rápida, se vistió, medio maquillo su rostro, se alegraba de su corto cabello al que no le hizo nada y se puso sus tenis vans blancos para salir corriendo con una bolsa donde metió las llaves, celular y alguna que otra cosa que pudiera necesitar. Lorenzo seguía esperando a Maribeth con los ojos entre cerrados de mecerse en el columpio cuando la escucho cerrar su puerta al salir.

Maribeth vestía un pantalón negro holgado brilloso con una blusa blanca nacarada de mangas largas y anchas, sus Vans y una bolsita negra con cadena plateada y arracadas grandes plateadas.

Lorenzo la vio - te vez mejor -

- vámonos ya, es tarde - recordó Maribeth apenada.

- está bien, pero no correré - aclaró Lorenzo bajándose con tranquilidad.

Maribeth tampoco tenía prisa, no estaba realmente interesada en la fiesta, pero eran casi las 8 y ellos apenas estaban en camino, llegaron a la casa de los Jhonson, Lorenzo se separó de ella al entrar y se acomodó en un sofá con su rostro de aburrimiento. Maribeth sintió que no tenía protección alguna a lo que venía cuando Lorenzo la dejo completamente sola en la puerta, todos voltearon a verla, eran muchos desconocidos de diversas edades y sexos todos juzgándola al mismo tiempo.

- Bienvenida Maribeth, te estábamos esperando - expresó la señora Jhonson acercándose a ella.

- Disculpen la demora - atinó a decir Maribeth apenada.

- es normal en nosotras las mujeres querida - explicó la señora Jhonson y varias personas sonrieron en apoyo.

La señora Jhonson presentó a Maribeth con cada uno de los invitados, Maribeth fingía su mejor sonrisa pero estaba más que harta de estar ahí, eran obvias las intenciones de todos por presentarla con todos los hombres solteros posibles. En un momento los chicos rodearon a Maribeth bombardeándola de preguntas que no contestaba, pidió permiso para ir al baño, hizo tiempo ahí dentro hasta que llamaron a cenar.

Maribeth fue sentada en medio de todos los hombres solteros, lo que hacía la comida por de más incómoda, al terminar esperaban ansiosos en escucharla hablar pero ella seguía deseando poder irse de ahí enseguida. Terminaron de cenar y entonces todos se disponían a seguir conversando en la sala, Maribeth no sabía cómo zafarse, era la situación más incómoda de toda su vida. Algunos niños correteaban entre todos, por azares de la casualidad uno de los niños ensució la blanca blusa de Maribeth con algo rojo grasoso, la señora Jhonson la llevo de inmediato a la cocina.

Entre varias mujeres intentaban quitarle la mancha, era evidente que todas eran expertas amas de casa que conocían diversos remedios para sacar una mancha. Maribeth las veía y no podía creer que esas fueran todas sus aspiraciones, empezaba a entender al grupo de chicas.

- dime pequeña si tuvieras que escoger a uno de los chicos ¿por cuál te inclinarías? - preguntó una señora, haciendo que todas callaran a escuchar su respuesta.

- ninguno - contesto Maribeth muy seria sorprendiendo a todas a la vez.

- ¿no son lo suficientemente atractivos? – cuestionó otra mujer.

- ¿o caballerosos? – agregó una tercera.

- no es nada de eso - contesto Maribeth que tenía un plan por si alguien preguntaba.

- ¿entonces? - preguntó la señora Jhonson.

- tengo un novio, al que amo - declaró Maribeth apenada.

- pero no funcionará estando tan lejos - manifestó una de las mujeres.

- Yo no podría amar a nadie más, él vive en mi corazón y no podría albergar a otro más - contesto Maribeth sonrojada.

- pero porque no lo dijiste antes - recriminó una señora enojada.

- nadie me lo preguntó, vine a este lugar a trabajar y ahorrar para mí boda, pero no tendría por qué explicar mis razones para hacer mi vida a nadie - expresó Maribeth un tanto molesta.

Las señoras se ofendieron con la respuesta de Maribeth, que había no solo osado a rechazar a sus bellos hijos, si no a recriminarles la pérdida de tiempo. De inmediato todos comenzaron a despedirse e irse, pronto los Jhonson se sentían avergonzados y de manera amable corrieron a Maribeth de su casa, volvería sola está vez.

Maribeth se fue con una gran sonrisa en el rostro, no la volverían a molestar en su estadía en el poblado, muy seguramente hasta la odiarían y no le molestaba mucho. Maribeth fue a casa y tiro la blusa manchada, no perdería tiempo limpiándola, no era una de sus mejores habilidades y era más fácil comprar una nueva en el poblado cercano cuando subieran.

Los días siguientes Maribeth cumplía bien con su trabajo, había terminado su capacitación, la próxima semana sería el verdadero trabajo duro sin Lucy sobre su hombro supervisándola minuto a minuto. Por las tardes Maribeth disfrutaba ir al mar y mojarse los pies y tal vez las piernas, para sentarse en la arena y tomar fotos a todo lo que le parecía hermoso. Se alegraba cada día de haber inventado que se casaría, pero para ese momento todo el pueblo susurraba a sus espaldas y la evitaban hasta los niños pequeños.

Llegó el fin de semana y con el la fiesta del pueblo, Lorenzo tuvo la amabilidad de invitar a Maribeth a ir, no llegarían juntos porque le gustaba una chica linda y no deseaba que ella pensará mal de él. Pero la invitó porque le pareció una mala pasada lo que le habían hecho sus padres y los demás pobladores. Maribeth se vistió de lo más cómodo, unos cargo verde militar con una playera rosa y su sudadera negra gigante que la hacían parecer una mujer obesa.

La fiesta era un festival de música y baile acompañado de comida variada con platillos tradicionales y cerveza artesanal libre para todos. Maribeth observaba desde lejos en qué consistía su festejo y entonces comprendió lo que las chicas le habían contado. Casi todos los pobladores se encontraban festejando, los hombres casados estaban todos bebiendo y comiendo sentados en grandes mesas, las mujeres casadas iban y venían con los platos servidos de comida para la mesa principal o para sus propias familias.

Los jóvenes en cambio se dividían al parecer por grupos de edad, las parejas formadas bailaban, mientras los que aún no estaba en una relación eran mantenidos en un círculo. Cómo si por estar juntos se fueran a gustar o hablar, Lorenzo estaba en uno de esos grupos, Maribeth lo observó ver varias veces a una chica que no le prestaba atención alguna. Lorenzo pronto se sintió abatido y salió del círculo, al igual que él algunos chicos se retiraban a comer o a platicar fuera del festival, era evidente que sobraban hombres en ese lugar. Maribeth alcanzo a Lorenzo, había buscado por todas partes con la mirada y no había visto a ninguna de las chicas ahí, así que decidió ayudar a Lorenzo.

- Lorenzo, espera - grito Maribeth corriendo hacía él.

La gente seguía en lo suyo pero veían a Maribeth en el área y esperaban saber que planeaba hacer, inclusive la chica que le gustaba a Lorenzo volteo a verla por curiosidad.

Maribeth llegó con Lorenzo algo agitada, - ¿a dónde irás? - preguntó con una sonrisa.

- solo caminaré por la playa un rato - contesto Lorenzo cabizbajo.

- te acompaño - declaró Maribeth tomándolo del brazo.

El pueblo entero vio lo que pasaba, algunos la veían mal pues era un muchacho muy joven para ella, otros cuchicheaban que la habían visto con las lesbianas, los Jhonson se sentían traicionados por su propio hijo al dirigirle la palabra. Un grupo de chicas decidió seguirlos, entre ellas la que le atraía a Lorenzo. Él en cambio estaba sumergido en su tristeza, la chica en cuestión no sabía de su existencia. Maribeth no puso atención a lo que decían a sus espaldas, Lorenzo había tenido la decencia de invitarla a ver el festival al menos, porque nadie más a parte de las chicas le habían comentado algo.

- Vamos Lorenzo no estés triste - pidió Maribeth intentando animarlo.

- es fácil decirlo, tú no eres de aquí, este es mi último festival, el próximo ya estarán todos comprometidos - explicó Lorenzo.

- ¿comprometidos? - preguntó Maribeth curiosa.

- sí, antes de los 16 se forman las parejas, a los 17 a más tardar debemos estar comprometidos o nos quedaremos solteros de por vida - aclaró Lorenzo.

- pero hay mujeres fuera de aquí - expresó Maribeth.

- ¿qué mujer querría venirse a vivir aquí? sobre todo si vienes de un lugar que lo tiene todo - admitió Lorenzo molesto.

- ¿no has pensado en irte a vivir a otro lugar? - preguntó Maribeth.

- a veces, pero me daría miedo, siempre nos hablan de los peligros fuera del pueblo, las aberraciones que hay en el exterior - reveló Lorenzo nervioso.

- yo vengo de fuera y sobreviví - sonrió Maribeth.

- cierto, pero no creo que sea igual para todos - objeto Lorenzo.

- pero no lo sabrías si no lo intentas - manifestó Maribeth.

- ¿es verdad lo que dijiste a mi madre? - preguntó Lorenzo curioso.

- ¿qué cosa? - dudó Maribeth.

- ¿qué hay un hombre en tu corazón y no cabe nadie más? - interrogó Lorenzo.

- sí - contesto Maribeth apenada.

- ¿él sentirá lo mismo? - interpeló Lorenzo.

- no lo sé, espero que sí - mintió Maribeth.

- eso me gustaría tener, no ahora, pero algún día - declaró Lorenzo ilusionado.

- y si te comprometes ¿no lo tendrías? - curioseó Maribeth.

- no, aquí lo normal es comprometerse, casarse y llenarte de hijos como mis padres, ellos no se aman, pero mi padre era la mejor opción de mamá, ella lo escogió casi a los 17 - relató Lorenzo pensativo.

- mi madre no se casó, se enamoró de un hombre que nunca conocí, no se volvió a enamorar de nuevo pero sí tuvo algunos novios - contó Maribeth.

- vaya, eso aquí sería muy mal visto - observó Lorenzo.

- es muy común de dónde vengo, hay madres solteras o padres solteros, parejas del mismo sexo con o sin hijos además de las parejas comunes - explicó Maribeth.

- vaya, entonces debería considerarlo más - expresó Lorenzo pensativo.

- caminemos descalzos - sugirió Maribeth al llegar a las dunas de arena cálida.

Lorenzo sonrió y ambos se descalzaron y se arremangaron los pantalones para caminar por la orilla del agua.

- siempre pensé que vivir aquí era todo, pero ahora quisiera saber más de afuera - confesó Lorenzo sonriente.

- puedes preguntarme lo que gustes, tal vez podría llevarte alguna vez - sonrió Maribeth.

- no, no deberías, ya hablan mal de ti, no quisiera que por mí culpa digan más mentiras - manifestó Lorenzo.

- solo vine por un tiempo, después volveré a casa, puedo vivir sin hablar con nadie, pero veo que ya tengo un amigo nuevo - sonrió Maribeth agradecida.

Lorenzo se sonrojo - claro, seamos amigos -

Maribeth soltó el brazo de Lorenzo y corrió por el agua riendo muy alegre, Lorenzo la imitó alegremente, el grupo de chicas que los seguía los vio corretear en la playa. Eran cuatro chicas incluidas la que le gustaba a Lorenzo, todas veían como jugueteaban en el mar con cierto celo, se quedaron escondidas espiando a Maribeth y Lorenzo juzgándolos en voz baja. Lorenzo comenzó a patear el agua para mojar a Maribeth, se sentía feliz y vivo en mucho tiempo, ...