... ahora que ella lo había liberado de esos pensamientos tristes, deseaba poder conocer más y sentir lo que era estar enamorado.

Maribeth sonreía y pateaba el agua también, ambos se mojaban a patadas, alguien pateó arena húmeda y comenzó la guerra de lodo entre los dos. Las chicas espías no podían creer lo que veían, una mujer adulta jugando como los niños con uno de sus compañeros de edad, era de muy mal gusto. Solo una chica los veía con deseos de participar, sus amigas ya estaban aburridas de ver a la lesbiana corromper a Lorenzo, era un buen chico pero a ninguna de ellas les parecía atractivo. El grupo se retiró, muy al pesar de la chica que deseaba jugar, se veían tan divertidos pensó, después hablaría con Lorenzo, los rumores le habían dicho que ella le gustaba, si él era como lo vio esa tarde le parecía más interesante que cualquier otro. Lorenzo y Maribeth jugaron largo rato en el mar y después se tumbaron en la arena a descansar, las olas los lavaban en sus idas y venidas mientras admiraban el cielo.

- deberías juntarte con las rebeldes - sugirió Lorenzo pensativo.

- ¿por qué lo dices? - preguntó Maribeth curiosa.

- porque aunque seamos amigos, ellas se llevarían mucho mejor contigo - admitió Lorenzo.

- ¿lo crees? - curioseó Maribeth pensativa.

- les llaman "lesbianas" pero ellas se autoproclaman "las rebeldes", han llevado la contraria de las costumbres, a veces temo que algunos quieran dañarlas - manifestó Lorenzo.

- ¿y son lesbianas? - dudó Maribeth.

- no, bueno no sé, pero si lo fueran les harían daño en verdad, aquí no es bien visto el amor - reveló Lorenzo.

- ¿el amor? - interrogó Maribeth curiosa.

- sí, casi nadie se casa por amor, dicen que alguna vez hubo una pareja de enamorados, se amaban tanto que causaron envidia a tal grado que fueron expulsados del pueblo, lo que sería un fuerte castigo para cualquiera - confesó Lorenzo

- vaya, que mal - dijo Maribeth.

- pero ahora que he hablado contigo creo que sería mejor ser desterrado que vivir aquí - admitió Lorenzo.

- por lo que dices así lo parece - opinó Maribeth.

- empezaré a ahorrar, así cuando termine de estudiar aquí me iré a la aventura - decidió Lorenzo.

- suena bien - dijo Maribeth pensativa.

- ¿me seguirás escribiendo cuando ya no vivas aquí? - preguntó Lorenzo.

- sí, después me das tú número y dirección, aunque cambie de número te mandaré mensajes o cartas - aclaró Maribeth feliz.

- ¿qué tiempo estarás aquí? - cuestionó curioso Lorenzo.

- no lo sé, un año, tal vez dos, aún no se bien, mi madre necesita mi ayuda económica y cuando ella me diga volveré - explicó Maribeth.

- entonces te veré seguido - sonrió Lorenzo.

- eso espero - manifestó Maribeth.

- vámonos a casa, empieza a darme frío - expresó Lorenzo.

Maribeth sonrió y ambos se levantaron empapados, aún tenían mucha arena encima y debían caminar un buen trecho, caminaron platicando sobre las costumbres del pueblo y la aburrida vida de Lorenzo cuidando hermanos menores. Maribeth se sentía feliz de tener un amigo, poder ayudarle a encontrar sentido a su vida aunque ella todavía no tenía una meta, ni sabía que quería hacer con su vida después de estar ahí. El domingo Maribeth se la paso limpiando, le quedaba poca despensa, bajo al pueblo a comprar algunas cosas, aún no le pagaban pero sabía que le venderían fiado por ser de la fábrica.

Maribeth encontró la tienda, todos en el lugar se le quedaban viendo, ella los ignoraba, llegó a la tienda y escogió algunas cosas para la semana, el próximo fin tomaría el autobús al otro pueblo y compraría sus víveres. Al llegar a la caja, la cajera le pidió el dinero y explicó su situación, no le quisieron vender nada aunque fuera de la fábrica, Maribeth se fue molesta, maldita gente de pueblo pensó en el camino y terminó de hacer el aseo de su casa. Al día siguiente trabajo como de costumbre, al salir vio a las chicas Lucy se le acercó, Maribeth se sentía mal con ellas, no les hablaba por la vergüenza de admitir que habían tenido la razón.

- hey Maribeth, ¿quieres venir? - preguntó Lucy que sabía su nueva situación.

- no lo sé - confesó Maribeth.

- ven - dijo Lucy tomándola de la mano en lo que las otras se adelantaban. Lucy no soltó nunca la mano de Maribeth, se metieron de nuevo al bosque por otro lado y caminaron está vez despacio, sin prisas, Maribeth admiraba los grandes árboles y toda la vida que había ahí. La vez pasada no había apreciado nada del bosque, no tardaron mucho en llegar a la cabaña, al entrar Lucy la soltó y Maribeth tomó asiento.

- Que bueno que vuelves - expresó Ximena muy alegre.

- Pensamos que nos odiabas - opinó Adriana.

- no, no las odio - contesto Maribeth de inmediato.

- ¿entonces? - preguntó Violeta.

- tenían razón - admitió Maribeth sonrojada.

- ¿por eso nos evitabas? - cuestionó Rocío acercándose a ella.

- sí - confesó Maribeth apenada.

- que chica tan mala cabeza - sonrió Violeta.

- no te juzgaremos nunca, conoces nuestros secretos - aclaró Lucy.

- pero fui una mal agradecida - expuso Maribeth.

- todas lo fuimos alguna vez - admitió Lilith sonriendo.

- además sabemos que tú situación ha cambiado - evidenció Lucy pasándole una botella de agua.

- sí, al parecer ya no soy bien vista en público- reconoció Maribeth.

- eres una de nosotras aunque no lo quieras - declaró Rocío sonriendo.

- eso parece - contesto Maribeth apenada.

- no te preocupes, nosotras te ayudaremos - anunció Margarita con una gran sonrisa.

- pero cuéntanos qué fue lo que hiciste con los Jhonson - pidió Rocío expectante.

Maribeth las vio, se veía en sus ojos que todas deseaban saber ¿qué pasó? - hicieron una cena con varias familias, primero me quedé dormida, de no ser por Lorenzo no habría despertado - sonrió - después llegue tarde y aunque fui lo más cortés y amable posible fui acosada por varios hombres y sus madres -

Todas las chicas estaban sentadas prestándole toda su atención en silencio, habían escuchado rumores pero nada mejor que saberlo de ella.

- un niño mancho mi ropa con sus sucias y grasosas manos, me ayudaron a limpiarme y alguien se atrevió a preguntar sobre a quien elegiría, ya tenía un plan para entonces - sonrió Maribeth con todas ellas acercándose a escuchar - Contesté que a nadie porque tengo novio, a lo que se enojaron porque no les había dicho, incluso dijeron que no funcionan las relaciones a distancia pero dije que estoy tan enamorada de él que no podría amar a nadie más. - confesó Maribeth

- ¡wow chica! - admiró Violeta.

- les diste donde más dolía - declaró Lucy.

Todas comenzaron a reír, incluida Maribeth, rieron por un buen rato antes de calmarse.

- eres oficialmente una de nosotras - anunció Ximena abrazándola.

Maribeth se sintió aceptada y correspondió su abrazo.

- oye Maribeth, ¿y fuiste al festival? - preguntó Rocío.

Ximena y Maribeth dejaron su abrazo, Ximena volvió a su lugar y Maribeth sonrió.

- sí, Lorenzo me explicó mucho de sus costumbres, también me sugirió que me hiciera amiga de ustedes - expreso Maribeth.

- corren los rumores que tú te fijaste en él - contó Violeta con una sonrisa pícara.

- nos hicimos amigos, se deprimió porque la chica que le gusta no lo veía - aclaró Maribeth.

- ten cuidado, si los rumores siguen podrían quererlos juntar - amenazó Adriana preocupada.

- El desea salir del pueblo a explorar el mundo como ustedes - confesó Maribeth.

- vaya que bien - admitió Lilith.

- solo cuiden que no los vean muy juntos - sugirió Lucy.

- no lo toques de ser posible - aclaró Ximena.

- lo tomé del brazo en el festival - confesó Maribeth.

- o vaya - dijeron Adriana, Ximena y Rocío.

- de ahí vienen los chismes - expresó Violeta muy seria.

- vivir aquí es muy complicado - manifestó Maribeth algo enfadada.

Todas sonrieron y la abrazaron tiernamente. Después de unos minutos cada una volvió a su lugar.

- te llevaremos víveres a tú casa, solo dinos qué te falta, también supimos lo de la tienda - admitió Margarita.

- vaya que corren los rumores - declaró Maribeth apenada.

- nuestras familias hablan, a veces nos toca escuchar, de no ser por ellos no podríamos seguir adelante, nos ven como las rebeldes pero nos ayudan a sobrevivir aquí - admitió Lucy.

- pero tú estás sola, así que te ayudaremos nosotras - expresó Margarita feliz.

- gracias chicas - sonrió Maribeth apenada.

Sacaron el lonche, todas comían y bebían platicando sobre su día, le contaron a Maribeth los rumores que escucharon y reían sin creer lo que se inventaban. Maribeth fue llevada a casa antes de anochecer por Lucy y Lilith, seguiría viéndolas cada día, ahora que eran amigas.

Los días pasaban rápido, la rutina comenzaba a ser parte de la vida de Maribeth hasta que llegó el día que todos deseaban, los camiones esperaban en la plaza principal. Uno a uno se llenaban de toda la gente que iría al pueblo cercano, las rebeldes viajaban solas en su autobús, nadie se atrevía a subir manchando su reputación al ser vistos con ellas. Lo que era una ventaja cuando volvieran cargadas de cosas para Maribeth. El pueblo cercano era una pequeña ciudad, tenía un cine, una gran plaza comercial, que en realidad era diminuta para Maribeth. Había un pequeño museo de historia natural, pero lo más importante varios bancos donde los trabajadores cobraban sus pagos, el pueblo entero sabía bien cuando vendrían "los pescadores". Todas las tiendas abrían esos días, mostrando lo más nuevo en los aparadores, el cine se llenaba de familias completas, el pueblo cobraba vida con él dinero que fluía junto a la gente que gastaba todo lo que tenía en ese fin de semana.

Algunos regresaban a casa esa noche y volvían en el autobús del día siguiente, pero otros dormían en los bares de la ciudad o en algunas calles tirados por el alcohol, pocos decidían quedarse a gastar en un hotel. Las chicas eran de esas pocas que pagaban un hotel donde pudieran entrar todas en un cuarto, hacían una pijamada y se divertían siendo libres por una noche. Maribeth estaba disfrutando mucho de toda la experiencia, pero no dejaba de pensar en algo que deseaba hacer, pensó en que al día siguiente tal vez lo llevaría a cabo, cuando una almohada la golpeó repentinamente y tenía que contra atacar.

Era domingo, habían comprado los víveres de Maribeth, e incluso una bicicleta con canasta al frente y detrás, las chicas por su parte solo compraron unas prendas de ropa o zapatos, debían ahorrar cada centavo. Maribeth en un momento se les perdió he hizo algo que había estado pensando desde que llegaron, marco un número que se sabía de memoria y colgó inmediatamente le contestaron, escuchar su voz la reconfortaba y una lágrima salió de sus ojos. Volvió con sus amigas y entre todas llevaron las compras directo al autobús, Charly su chófer era el único que las transportaba, así que podían dar vueltas llenando el autobús sin miedos. Charly al volver no las dejaba en el centro como los demás chóferes, si no que acercaba a cada una a casa, está vez todas deseaban ir a casa de Maribeth. Hicieron una pequeña fiesta con pastel para Maribeth, invitando a Charly a la celebración, él resto del pastel se lo dieron a él para su mujer y sus hijos, aclarando que ellas estaban a dieta.

Iván estaba destrozado por la noticia de haber perdido a Isa, el pecho le dolía demasiado, dejo de ir a trabajar, Gabriel hablo con su jefe personalmente. Le darían sus vacaciones en consideración por su labor profesional durante tantos años, pero sería la última consideración hacia él, su puesto nuevo requería mayor empeño de su parte. Iván no salió del cuarto por días, ni siquiera deseaba comer, sus padres hablaron con él, sobre todo su madre con mucha preocupación. Todos los días los visitaban sus padres intentando sacarlo de la terrible depresión, a todos les dolía haberla perdido y no poder despedirse de ella.

Gabriel se cansó, llevaba casi dos semanas encerrado, no podía dejar que su amigo continuará así, tomó dos grandes maletas y entró al cuarto de Iván. Él estaba en el piso junto a la ropa de Isa, ni se inmutó ante la presencia de Gabriel, entonces este comenzó a sacar toda la ropa de Isa de los cajones guardándola en las maletas. Sus padres los veían desde la puerta, sabían los planes de Gabriel, su padre entró para controlar a Iván de ser necesario pero este no se movió de su lugar. Gabriel vacío los cajones sin ver qué había dentro, todos en la maleta hasta llenarla, descolgó la ropa y entre su madre y el medio la doblaron y guardaron en la otra maleta hasta terminar. Iván se quedó en su lugar cubriendo su rostro en lo que su padre le acariciaba la espalda intentando reconfortarlo.

Gabriel fue por otra mochila y metió dentro todo lo que no cupo en las otras dos junto a su madre, Joel llegó para ayudarle a Gabriel, entre los dos hombres sacaron los muebles de Isa, metiéndolas en el cuarto de Gabriel, no las pensaban usar pero era mejor que no las viera. Gabriel tomó el perchero extra y lo desarmaron guardando los tubos en la lavandería, Iván seguía en su lugar sin emitir ruido alguno, no era lo que esperaban, y no sabían cómo actuar. Doña Luisa se sentó junto a Iván, le tomó la mano.

- todos la queríamos, sabemos que te duele demasiado, pero debes continuar tú vida - declaró Doña Luisa preocupada.

- no tengo porque vivir sin ella - contesto Iván en un hilo de voz sin moverse de su sitio.

Gabriel se acercó a Iván, estaba muy frustrado y ante la mirada de todos tomó a Iván de la camiseta y lo puso de pie un tanto iracundo. - ¡Basta ya!, vete a bañar, ¡apestas! - grito Gabriel sin dejar de verlo a los ojos.

Iván estaba muy sorprendido de ver a Gabriel que lo veía muy molesto casi de frente.

- ¿Crees que ella te querría ver así?, ¡dijo que te amaría aún muerta! – recriminó Gabriel golpeando su pecho.

Iván sonrió levemente al escuchar a su amigo Gabriel, lo dejo que lo golpeara hasta cansarse, él había hecho una promesa a Isa. Sus padres y Joel los veían sin saber que hacer, hasta que Gabriel lloraba abrazado al pecho de Iván que lo abrazaba más tranquilo.

- siento mucho mi actitud - confesó Iván con su voz normal.

Gabriel separó su abrazo y limpio su rostro, alzando su cara para verlo.

- Gabo tiene razón - admitió Iván con tristeza.

- necesitas una ducha vagabundo - recriminó Gabriel alejándose de Iván.

- es verdad hijo, hueles muy mal - declaró Doña Luisa.

Joel y su padre solo afirmaron con la cabeza. Iván vio el cuarto casi vacío, suspiró profundamente y se vio así mismo, había pasado mucho tiempo sin comer o salir fuera de casa.

Iván se sintió muy apenado y caminó hacia su cajonera, sacando su ropa para cambiarse, Gabriel ofreció sus manos para llevarla por él, todos salieron del cuarto, acompañándolo a la sala. Gabriel acomodó todo dentro del baño, y saco las pocas cosas que había de Isa al salir, Iván entró y frunció la boca al entrar por los cambios, resopló aire al respirar y entró al baño cerrando la puerta. Todos esperaban afuera en la sala, Doña Luisa había puesto agua para un té en lo que esperaban ver a Iván.

Iván se desnudó, su ropa estaba asquerosa y manchada, se vio al espejo, su cabello ensortijado estaba esponjado, la barba le había crecido cubriendo sus labios por completo, su cuerpo evidenciaba la falta de alimentos y sus ojos hinchados por el llanto. Iván se veía detenidamente, en verdad parecía un vagabundo, se quitó la ropa y la tiró toda a la basura, se metió directo a la regadera y tomó una larga ducha lavándose bien cada parte del cuerpo. Al salir volvió a verse al espejo, por primera vez vio su cuerpo distinto, no sé reconocía bien, está vez notó su musculatura marcada, ya no veía al chico gordo que alguna vez fue, las tantas cicatrices que alguna vez vio resaltar en su piel en realidad eran pequeñas marcas que se notaban ligeramente por el cambio de color. Su cuerpo no se parecía en nada a como recordaba su propia imagen, Isa tenía razón si no supiera que era su propia imagen diría que era un modelo frente a él.

Iván sonrió recordando a Isa, llevo su mano a su pecho desnudo amaba sentirla descansar sobre él, unas lágrimas recorrieron su rostro, las limpio y se vistió con la ropa que había llevado, su estómago rugió recordándole que hacía días no comía algo. Al salir del baño los vio a todos expectantes a él, Iván sonrío tristemente, debía seguir su vida como se lo prometió a Isa, pero haría algunos cambios. Lo primero era comer algo, así que fue a revisar el refrigerador y saco varias cosas para recalentar, su madre lo mando a sentarse en lo que ella calentaba todo.

Iván sació su hambre, y platicó con todos, pidiendo disculpas una y otra vez por haberse aislado tanto, nadie debía preocuparse por él de nuevo. Al día siguiente Iván fue a cortarse el cabello, decidió dejarse la barba, solo la recortaron un poco para darle forma, le gustaba como se veía, a Isa tal vez le habría gustado pensó. Por años Gabriel lo había convencido de depilarse el cuerpo, nunca le dijeron a Isa que lo hacían a escondidas, decidió dejar de hacerlo porque lo odiaba, sin ella sentía aún que nada tenía sentido pero al mismo tiempo quería probarle que seguiría su promesa.

Unos días después volvió al trabajo y al gimnasio, bajo su ritmo de ejercicios y pasaba más tiempo con sus padres o Gabriel que ahora no tenía mucho tiempo para él. Agradeció mucho a su jefe por la oportunidad y se dedicó de lleno a ser él mejor, siguió tomando cursos todo el tiempo y esta vez intentaba ser más social con sus compañeros de trabajo y subordinados pero siempre evitaba a sus incómodas compañeras que no dejaban de buscar una oportunidad de estar con él.

Un año había pasado desde que Isa murió, Iván y Gabriel habían plantado unas rosas azules en el jardín en su memoria, que no dejaban de florecer. Iván había ido adquiriendo mayores responsabilidades en su puesto, estaba próximo a ser el jefe de ese departamento debido a la jubilación del hombre que siempre le había tenido fe desde que entró a esa oficina. Iván ahora era un hombre más sonriente, su barba tupida pero bien recortada cubría gran parte de su rostro, ahora necesitaba usar lentes para leer y trabajar frente a la computadora, peinaba su cabello hacía atrás con cera, y vestía ropa ajustada a su cuerpo no solo en el trabajo. Iván se dedicaba solo al trabajo y a conseguir los últimos grados del Muai Thai, también tomaba clases de natación para relajarse un poco, y salía a beber algunas cervezas con sus compañeros del trabajo o de gimnasio buscando mantener su mente ocupada.

Habían remodelado la casa, cada cuarto tenía ahora su propio baño, una gran ventana hacía el pasillo de entrada de Doña Paula permitía más luz en el lugar, mantenían un medio baño en la sala mientras el otro espacio pertenecía a un gran clóset que había mandado a hacer Gabriel en la recamará de Ivan, reduciendo bastante el cuarto, además el baño nuevo tenía vista al jardín y había una nueva gran ventana al patio que seguían cuidando. Joel compartía cuarto con Gabriel desde hacía un mes, el pasillo que llevaba a los cuartos estaba lleno de fotos de ellos tres desde que eran niños hasta la actualidad, incluyendo su fotografía favorita en donde conocieron a su grupo de heavy metal gracias a Isa y los autógrafos de cada integrante en el marco de la misma.

La sala ahora tenía una televisión empotrada con un pequeño mueble en donde estaban unas consolas de videojuegos, él cerebro de un equipo de sonido instalado en toda la casa para hacer fiestas. Además de un sofá muy cómodo que podía servir de sofá cama si tenían visitas, la cocina no tuvo grandes modificaciones porque les gustaba justo como era. Gabriel, Joel e Iván cuidaban de Doña Paula al no tener familia, con visitas diarias y la ayuda de una enfermera que iba y venía debido a su salud, pagada por los tres jóvenes. Al frente de la casa habían plantado algunos árboles y arbustos a petición de Doña Paula y la famosa puerta roja seguía estando ahí.

Iván tenía una sola foto de Isa, Gabriel la había tomado sin que ella lo notará, Isa estaba de pie frente a la estufa con una sonrisa en el rostro, su cabello suelto y esponjado viendo lo que hacía en la estufa. Iván la admiraba antes de dormir cada noche junto a la cajita con su anillo de compromiso, su madre guardaba aún las maletas con las cosas de Isa en su casa porque no las quería regalar o tirar al igual que las pertenencias de sus hijos.

En otra parte Maribeth y Lorenzo decidieron solo hablar con mensajes por el celular, los Jhonson habían reprendido a Lorenzo por haber sido visto tan cercano a Maribeth, deseaban que su hijo buscará una chica más apropiada para su edad y costumbres. Mirna era la chica que le gustaba a Lorenzo, lo busco en los días siguientes del festival para platicar, Lorenzo la escuchaba pero ya no le interesaba tener una relación con una chica del pueblo, ni seguir lo esperado por los demás. Mirna al no entender porque Lorenzo era tan frío con ella, se veía atraída por él además le había gustado ver qué era diferente a los demás chicos, lo que le parecía por de más interesante.

Maribeth se reunía cada tarde con sus amigas, en algunas ocasiones decidía irse temprano, ya que aprendió a ver los marcadores, se iba en bicicleta al trabajo y volvía por la playa a casa. Amaba la vista al mar, esa tranquilidad que nunca había tenido, se sentía tan pequeña y tan feliz de estar viva cada día que pasaba, aunque fuera en un lugar como ese, y a veces recordaba aún a ese hombre que alguna vez fue su novio. Los días pasaron convirtiéndose en meses, había cumplido un año en él pueblo, su situación no había cambiado mucho, ahora Mirna también se mensajeaba con ella al igual que Lorenzo.

Mirna y Lorenzo fingían ser pareja, aunque a Mirna si le gustaba Lorenzo, él seguía interesado en salir del pueblo y ver el mundo antes de pensar en chicas. Lucy y Lilith tenían el monto que se habían fijado, Lucy había enviado sus documentos a la empresa en la que deseaba trabajar e incluso en algunas otras más y estaba esperando que la llamarán antes de pensar en moverse fuera del pueblo, Maribeth no tenía aún una fecha para volver a casa, sentía que se quedaría sola en cualquier momento, prefería dejar de pensar en eso y dedicarse a disfrutar cada día pero cada reunión le parecía la última al ver la algarabía de las demás.

Todas las chicas estaban muy emocionadas, una vez que Lucy y Lilith se lanzarán lo harían todas ellas aprovechando el primer camión al pueblo cercano. Maribeth seguía visitando la playa cada día, estuvo meditando por mucho tiempo, ella nunca había tenido una meta como ellas, se había dejado llevar por las circunstancias toda su vida hasta que se enamoró. Había pasado un año viviendo ahí y aún seguía sintiendo lo mismo por él, recordaba su rostro al cerrar los ojos antes de dormir y deseaba poder volver a sentir su calidez y cariño. Tal vez su meta era él, volver a estar juntos, era la única cosa que deseaba además de ver el mar todo el tiempo, pero ya habían pasado mucho tiempo lejos, ni siquiera le dijo adiós, no como hubiera deseado al menos, era seguro que él ya tuviera un nuevo amor.

Maribeth y Lucy estaban trabajando, ese día una de las máquinas más grandes había estado dando problemas, la habían revisado tres veces y aún no lograban que funcionara al cien. Maribeth volvió a checar toda la maquinaria cuando Lucy recibió una llamada, le indicó a Maribeth que se alejara de la máquina en lo que atendía la llamada, Maribeth esperaba paciente intentando no escuchar lo que hablaba Lucy pero era evidente que había sido una buena noticia. Maribeth sonreía al ver a Lucy con una gran sonrisa, Lucy le indicó a señas que le pasará un lapicero y papel pero no tenían a mano, Maribeth le ofreció su celular a modo de mensaje.

Lucy escribió algo, después terminó su llamada y colgó, Maribeth seguía expectante, Lucy copio la información en su celular y antes de devolvérselo a Maribeth sin querer se fue a la agenda. Lucy alcanzó a ver qué Maribeth solo tenía tres contactos, Mina, Madre y Lorenzo, era demasiado extraño que no hubiera más contactos en su celular pero igualmente se lo regreso. Maribeth no le tomó importancia, solo lo apagó y lo guardo como lo haría normalmente, esperaba que Lucy dijera algo pero siguieron buscando la falla hasta encontrarla, era un tornillo pequeño que se había fracturado, no se notaba a simple vista, deberían pedir la pieza pues no había de ese tamaño.

Esa tarde al salir del trabajo todas se fueron directo a la cabaña, Sonyi las hizo correr de nuevo, era un hombre muy insistente, pero solo pensaba que algún día tendría éxito con Lilith. Ya en la cabaña Margarita había hecho unas bebidas preparadas a petición de Lucy, Maribeth imagino que celebrarían debido a la llamada. Lucy anuncio que tenía un nuevo empleo, no en la fábrica que quería pero en otra en la misma ciudad, así que seguiría aplicando estando allá, se mudarían en menos de un mes, así todas podrían irse en el próximo camión al otro pueblo. Faltaba una semana y días para eso, Maribeth brindo con ellas pero sabía que significaba perder esas tardes entre chicas, con juegos y verdades duras.

Maribeth no se sentía lista para estar sola por su cuenta después de haberlas tenido tanto tiempo consigo. Las chicas en cambio seguían alegremente festejando su partida, comenzarían a llevar sus maletas a escondidas con Maribeth, así Charly las ayudaría a huir antes de que alguien se diera cuenta y les negaran la libertad. Maribeth no podía creer que aún para irse debía ser del mismo modo, a escondidas, le parecía horrible tener que vivir así y no dudo en ayudarles.

Llegó el día esperado Charly había ido al centro como siempre, las chicas abordaron de lo más normal y hablaron con él para irse a casa de Maribeth, él señor no tuvo problema alguno e intentó que nadie notará el cambio de ruta, rápidamente subieron todas las maletas de las chicas, se habían despedido de un modo poco obvio de sus familiares, y algunas dejaron cartas escondidas en su cuarto. Charly las llevo directo al otro pueblo, intercambiaron números con él para que en cuanto pudiera fuera a festejar con ellas, las había dejado en el hotel donde se hospedaban siempre.

Charly se fue, debía hacer varias vueltas más de ida y venida en ese día, Las chicas dejaron sus cosas en el cuarto y corrieron a la central de autobuses, se irían en el primer camión que las acercará, transbordarían un poco pero era lo menos importante. El camión salía el domingo a las 11am tal como ya lo habían previsto, así que una vez boletos en mano fueron a comer y beber en una linda cafetería, celebrarían ahí todo el día, escuchando música y platicando de todo un poco. Maribeth sonreía pero sentía un poco de tristeza, así que se levantó y busco un teléfono público, marco el mismo número que siempre marcaba, cuando contestaron colgó del mismo modo inyectándose esa droga que era escuchar esa voz.

Volvió con las chicas de lo más normal, Charly estaba llegando al café y se disponía a comer algo también cuando Maribeth volvió. Lucy recordó lo que vio en la agenda de Maribeth y la alcanzó antes de que se acercara a la mesa.

- Maribeth ven, necesito hablar contigo - dijo Lucy muy seria.

Ambas salieron de la cafetería, Maribeth no tenía idea de que sucedía pero deseaba saber que le diría Lucy.

- el otro día note que tu agenda del celular tiene solo tres números - declaró Lucy con rostro serio.

Maribeth se sentía avergonzada y no supo que responder.

- hemos sido tan malas contigo, discúlpanos, hemos estado celebrando desde que supe que sería libre de ese infierno que olvidamos que tú seguirás ahí atrapada - confesó Lucy.

- no te preocupes, es lindo verlas ser felices - admitió Maribeth con su ligera sonrisa.

- sí pero fuimos tan egoístas que ni siquiera te pasamos nuestros números telefónicos - manifestó Lucy apenada.

Maribeth se quedó viéndola en silencio, ella no los pidió porque las veía todos los días, no lo había sentido necesario pero ahora que se marchaban ya no se verían más.

- vamos adentro para que todas te lo demos, cuando tengamos el número de allá te mandaremos mensajes también - explicó Lucy volviendo adentro del café.

Todas las chicas reían junto a Charly, contando recuerdos agradables, él también las extrañaría, sus rebeldes decía él con cariño después de verlas ser las hermosas señoritas que eran ahora. Maribeth tomó asiento, Lucy le había pedido su celular y ella fue la primera en escribir su número, una vez guardado les explicó a todas de qué se trataba para pasarles el teléfono de Maribeth. Incluso Charly apuntó su número hasta llegar con Maribeth de nuevo, siguieron su festejo hasta que Charly se fue, entonces volvieron al hotel y jugaron un rato allá. Sería la última pijamada de Maribeth, así que la hicieron divertirse aún más a ella, después de jugar por horas y ese gran día de celebración todas durmieron plácidamente, a la mañana siguiente Maribeth las acompañó a la central de autobuses para despedirlas ocultando su tristeza de verlas partir.

Todas abrazaron y besaron a Maribeth fuertemente, posiblemente no se verían en mucho tiempo o tal vez nunca, Maribeth espero hasta que el autobús se perdió y deambuló por la ciudad un poco más. Estaba comprando algunas cosas que le hacían falta cuando sonó su celular, miró la pantalla decía Madre y su rostro se iluminó.

Era sábado, Iván estaba en el cine viendo una película cuando su celular vibró, por el puesto que tenía en ocasiones lo llamaban en fin de semana así que salió corriendo al pasillo.

- ¿Bueno?, ¿bueno? - preguntó Iván sin escuchar respuesta alguna.

- Iván Mersbone, ¿quién habla? - cuestionó Iván antes de que le colgarán.

Espero un poco más, si fallaba la conexión volverían a marcar pero no pasó nada, así que volvió a la proyección retomando su lugar.

- ¿qué me perdí? - susurró Iván.

- unos besos y blah blah - contesto Gabriel acallándolo con la mano.

Continuaron viendo la película hasta el final y salieron del cine a buscar dónde comer.

- ¿quién era? - interrogó Gabriel curioso.

- nadie contesto - respondió Iván.

- ¿tú acosadora? - dudó Gabriel con su gran sonrisa pícara.

- ahora que lo dices podría ser, antes creía que eran fallas de la línea pero son números diferentes siempre - declaró Iván pensativo cuando su celular vibró de nuevo.

- ¿Bueno?, ¿bueno? - preguntó Iván - ¿no te cansas de hacer esto? - hablo molesto y le colgaron de nuevo.

- deberías cambiar de número - sugirió Gabriel pensativo.

- no es seguido, lo raro es que me marcará dos veces el mismo día - pensó Iván pensativo.

- vamos ahí, se me antojo uno de esos - señaló Gabriel señalando el anuncio de Hot dogs. Ambos se sentaron en una pequeña mesa y veían las cartas cuando el celular de Iván sonó de nuevo, está vez Gabriel lo tomó de sus manos y contestó.

- es mío maldita, mío y deja de llamarlo o te mató - profirió Gabriel enojado.

Todas las personas alrededor voltearon a verlos en lo que Iván se sonrojaba muy avergonzado.

- Hola Gaby - susurro la voz de una mujer.

- ¿quién eres?, ¿por qué estás molestando? - demandó Gabriel intrigado.

- yo, yo lo siento mucho - afirmó la mujer sollozando.

- ¿dime quién eres? - repitió Gabriel.

- ya no los molestaré más - anunció la mujer.

- espera, espera - pidió Gabriel pero ella colgó.

Gabriel busco el número y lo marco hasta que contestaron, preguntó por la mujer pero era un hotel, había varias mujeres en el lugar y no sabían cual de las ahí presentes había hecho uso del teléfono. Gabriel se puso de pie muy decidido, se fueron directamente al hotel en cuestión, era en la ciudad, Gabriel hablaba con la recepcionista en lo que Iván seguía bastante confundido de su repentina visita a un hotel. Gabriel logró que la chica les ayudará, checaron el vídeo de seguridad, los teléfonos eran los tres que había en el lobby, vieron a la mujer pero usaba un sombrero de ala muy ancha que no les permitió verle el rostro.

Preguntaron al personal pero nadie la había visto, así que decidieron esperar ahí mismo, si alguien la veía estarían en el restaurante y luego volverían a ver si ella aparecía. Iván y Gabriel se sentaron a cenar, la cena no les supo bien por la búsqueda de la mujer, volvieron al lobby donde nadie la veía aún y esperaron unas horas más, después se marcharon.

El domingo Gabriel intentaba recordar esa voz que le sonaba familiar pero no daba con la dueña. Iván no le tomó importancia tenía que revisar unos papeles y se le fue el día en eso. Varios días después Iván se fue a trabajar como siempre esa tarde tenía una cita de negocios en un restaurante muy concurrido ubicado en una plaza al norte de la ciudad. Todo en la reunión había salido muy bien, se despedía de los socios para volver a la oficina, no había prisa en realidad pero sentía que no tenía mucho que hacer en esa área tan alejada. Iván pago la cuenta y se disponía a dirigirse a la salida cuando vio a una hermosa morena de cabello muy corto subir las escaleras eléctricas, algo en ella la hacía resaltar en el lugar, caminaba embobado y golpeó con algo, era un castillo de la plaza.

Se sonrojo por la pena del ridículo y se dirigió de inmediato a las escaleras eléctricas, deseaba poder hablar con la chica en cuestión, logro ver a dónde se dirigió, caminaba al área de comidas del piso superior. Iván alargó sus pasos, quería hablarle, no había sentido ese deseo de conocer a una chica antes, al menos no así, ahora que tenía más confianza en sí mismo no la dejaría ir sin preguntarle su nombre al menos. La morena usaba un vestido a la rodilla en color turquesa con volados en las mangas, mostraba parte de su espalda semi cubierta por tela que formaba un gran moño y zapatillas plateadas.

Iván la veía caminar, le faltaban algunos metros cuando la morena saludo a otras dos chicas sentadas en un restaurante que le hacían señas con las manos.

- Bell, acá estamos - gritó una de las chicas.

Iván sonrió sabiendo su nombre y se quedó a distancia simulando decidir a donde comer para observar a la morena sentarse con sus amigas. La morena abrazo y beso a sus amigas muy efusivamente con una hermosa sonrisa que hacía acelerar el corazón de Iván, se sentía nervioso, pero ella era tan hermosa que deseaba saber más de ella. Aún amaba a Isa, pero ella le había pedido que siguiera con su vida, y solo deseaba conocer a la linda morena. Las chicas no dejaban que Bell hablará, Iván tomó valor y se acercó a la mesa, ellas ni siquiera lo notaron hasta que se paró justo frente a su mesa.

- Buenas tardes disculpen - dijo Iván apenado.

Las tres mujeres voltearon a verlo en silencio pero solo una abrió los ojos como si viera un fantasma.

- disculpen - pidió Bell levantándose de inmediato para ir al baño.

Iván la veía irse embelesado. 

- ¿qué desea? - preguntó una de las chicas en la mesa con rostro de enfado.

- cierto, yo, no sé ofendan, pero quería conocer a su amiga - aclaró Iván sonrojado.

- ¿Bell? - preguntaron ambas.

- sí, ¿creen que tardará mucho? - cuestionó Iván intentando disimular su nerviosismo.

Ambas chicas se vieron y volvieron a verlo, Bell lo batearía, lo había hecho miles de veces con hombres igual de atractivos que Iván o más. Bell estaba en el baño, necesitaba refrescarse un poco después de haber visto a ese hombre, no sabía quién era pero le recordaba mucho a alguien que conocía, decidió salir y enfrentarlo, no siempre la buscaban a ella se recordó. Iván estaba ahora sentado con sus amigas, ya se habían presentado entre ellos, y a pesar de que le dijeron que Bell no estaría interesada en conocerlo decidió esperar, así que lo invitaron a sentarse. Bell llegó a la mesa, no le agradaba la idea de tener que ver al tipo ese ahí, pero sus amigas lo habían invitado a sentarse, así que tomo asiento y bebió de su té ante la vista de todos.

- Hola, me llamo Iván - manifestó Iván nervioso.

Bell lo miro de arriba a abajo, se sentía muy nerviosa al tenerlo enfrente pero no quiso soltar su vaso.

- nuestro amigo nos invitó a salir por la noche - declaró Magui sonriente.

Se presentaba como Magui, pero en verdad se llamaba Margarita, una negrita chaparrita cabello largo alaciado con mechas rojas. Bell casi se ahoga con un hielo, dejo el vaso en la mesa y las veía con el ceño fruncido. Iván se sentía nervioso aún, era evidente que Bell no estaba interesada en él como sus amigas le habían comentado, debía volver a la oficina un unos minutos más.

- fue un placer conocerlas, espero verlas en la noche - sonrió Iván al levantarse de su asiento.

Bell no quiso ni mirarlo, Iván se sintió ofendido pero esperaba poder hablar con ella por la noche, dijo adiós con la mano y se marchó. Bell volteó a verlo, Iván la había hecho sentir muy nerviosa, era un hombre muy sexy y atractivo pero no deseaba saber más de él.

- yo no iré a su cita - aseguró Bell molesta.

- vamos Bell, es muy guapo - evidenció Adriana embobada.

- saben que no estoy interesada - expresó Bell intentando convencerse.

- Bell, ve un rato, puedes ignorarlo como a todos - sugirió Magui sonriente.

- por favor Bell, te deberé una - pidió Adriana suplicando.

- mmmm está bien - acepto Bell muy seria después de ver el rostro de su amiga. Continuaron platicando y poniéndose al día, le dieron el lugar y hora a Bell antes de despedirse, pero Adriana pasaría por ella para asegurarse que iría.

Iván volvió a la oficina y continuó su agenda normal, invitó a unos amigos solteros para acompañarlo y quedaron de verse en el restaurante. Iván llegó temprano al restaurante, tenía la mesa reservada desde la tarde, después llegaron las chicas y sus amigos casi al mismo tiempo, todos tomaron lugar, de casualidad ambos lados habían invitado a otra persona más, ahora eran 8 personas en total. Todos se habían presentado antes de sentarse, les llevaron las cartas, Bell e Iván se sentían incómodos por la situación, aunque los demás parecían estar pasándoselo bien.

Bell seguía ignorando a Iván, el intentaba ser paciente, seguía pareciéndole una chica muy linda, le recordaba tanto a Isa que podría jurar que era su hermana. Bell intentaba no ver a Iván pero no podía evitarlo, era tan atractivo, estaba pensando en darle una oportunidad pero era evidente que el ya no le insistiría más para hablar. Terminaron de cenar y los demás decidieron salir a bailar, Bell e Iván los acompañaron sin cruzar palabras entre ellos gracias a Bell. Llegaron a un club de baile, la luz era tenue, los amigos de Iván habían congeniado con alguna de las chicas así que se fueron en pareja a la pista en lo que Bell e Iván cuidaban las bolsas de ellas. Iván se notaba triste, se cuestionaba si tenía sentido seguir ahí o abandonar a sus amigos que se divertían, entonces Bell le tomó la mano suavemente y se acercó a su oído.

- disculpa, he sido una grosera toda la noche - admitió Bell.

Iván sonrió e hizo señas de salir del lugar a platicar un poco, Bell asintió e hizo seña a sus amigas de que se irían afuera dejando las bolsas ahí. Iván sonreía al lograr un progreso, ambos estaban en la banqueta al frente del lugar la música se escuchaba pero no era ensordecedora. Iván vestía una camisa de manga larga a rayas en verde, blanco y azul con pantalones de mezclilla oscuros y zapatos azules. Belle un vestido a la rodilla con falda ancha en color azul eléctrico de manga tres cuartos y un moño en la espalda, zapatillas blancas.

- Me llamo Iván Mersbone - anunció Iván con una sonrisa y extendiendo su mano amablemente.

- ¿Mersbone?, ¿Iván? - dudó Bell.

- sí, soy yo - confirmó Iván preocupado por su reacción.

Bell comenzó a llorar, lo revisaba de arriba a abajo, asustando aún más a Iván que no entendía su reacción, Bell se abalanzó sobre él y lo abrazó fuertemente, Iván se sorprendió pero le correspondió el abrazo bastante confundido.

- soy yo Iván - expresó Bell sollozando en su pecho.

Iván no entendía nada y la dejaba estar ahí.

- soy Isa amor - manifestó Bell levantando el rostro para verlo.

Iván la veía de frente intentando entenderlo pero la cabeza le daba vueltas y soltó su abrazo para apoyarse en la pared y no caer de bruces con ella. 

- lo siento, yo, he sido una cobarde, no sabía cómo decírtelo, todo fue para protegerlos - aclaró Isa apoyando su mano en el brazo de él.

Iván la veía en silencio, el mareo no disminuía, le dolía el pecho, le faltaba el aire, cerro los ojos y comenzó a respirar profundo intentando calmarse. Isa lo veía con tristeza, como había sido tan tonta de no reconocerlo, lo trato mal todo el día, Isa retiró su mano del brazo de Iván, pensaba irse, estaba segura que él la odiaría. Iván sintió que Isa quitó su mano, aún no se sentía bien pero abrió los ojos y la tomó de la muñeca firmemente, imagino que intentaría irse y no la dejaría, no podía. Isa se mantuvo ahí mirándolo atenta, deseaba huir de él, pero la firmeza de su agarre no se lo permitiría, así que espero a que él dijera algo pacientemente. Iván logro calmar su respiración, su cabeza era un remolino de ideas y sentimientos, junto al dolor del pecho, quería preguntarle tantas cosas, necesitaba sentarse y tomar un poco de agua. Iván abrió los ojos y veía a Isa, su rostro era serio, su respiración calmada pero aún no podía con esa información.

- necesitamos hablar - soltó Iván muy serio.

Isa asintió con la cabeza - iré por mi bolsa - dijo jalando su brazo.

- vamos - opinó Iván muy serio aún pero sin soltarla.

Ambos volvieron adentro, Isa tomó su bolsa y le aviso a Magui que se irían, hablarían luego y se fueron del club, Iván paró un taxi, ambos subieron y ella dio una dirección porque Iván permanecía callado. Llegaron al lugar, era un edificio de departamentos, Isa lo llevo directamente al suyo, Iván veía todo aún muy serio y callado, al entrar a su departamento la soltó y fue directo a sentarse en un sofá. Isa fue por una jarra de agua fría y dos vasos, los puso en la mesa del centro y se sentó junto a él, sirvió agua para ambos y le ofreció un vaso a él. Iván lo sujeto acariciando las manos de Isa sin querer, después lo bebió de un jalón ante la mirada de Isa.

- ¿por qué? - preguntó Iván con los ojos llorosos.

- no fui yo, la agencia lo decidió, me ocultaron por un año o más, querían protegerme - admitió Isa.

- ¿sigues en eso? - cuestionó Iván aún serio.

- no, ya no – declaró Isa.

- ¿desde cuándo? – interrogó Iván.

- hace unas semanas - contesto Isa apenada.

- pero, ¿por qué no? ..., ¿ya no me quieres? - consultó Iván.

- ¡sí!, te amo igual que antes Iván - afirmó Isa con lágrimas en los ojos.

- ¿y por qué no me has buscado? ¿qué hice mal? - demandó Iván agachando la cabeza y jalándose el cabello.

- nada amor, tú no hiciste nada mal, yo ... yo tenía miedo de que no me quisieras más - admitió Isa.

Iván alzó el rostro, la vio con lágrimas en los ojos, se quitó los lentes para limpiar sus ojos y acercarse a ella.

- si no te amará estaría muerto desde hace mucho - confesó Iván con seriedad.

- ¿por qué dices eso? - preguntó Isa aterrada de esa idea.

- para mí todo acabo cuando nos dijeron que habías muerto, yo no quería vivir, pero te hice una promesa - admitió Iván sin dejar de verla.

- lo siento tanto amor, he sido una tonta y una cobarde - lloraba Isa.

Iván se acercó aún más abrazándola a su cuerpo, le dolía mucho haber sido engañado pero se sentía feliz de tenerla ahí entre sus brazos, Isa lloraba abrazada a él, le había hecho tanta falta.

- te amo tanto Iván - declaró Isa sollozando aún.

- yo también Isa - expresó Iván acariciándole la espalda.

Isa se abrazaba fuertemente a Iván, había deseado por mucho tiempo estar de nuevo con él y se recriminaba haberlo tratado mal.

- ¿por qué te llaman Bell? - preguntó Iván curioso.

- no quise que me llamarán Isa de nuevo y decidieron decirme Bell - respondió Isa limpiando su rostro.

- ¿no te gusta Isa? - cuestionó Iván.

- sí, es solo ..., yo no podía escuchar que me llamarán Isa sin ti en mi vida – reconoció Isa sonrojada.

- es que no entiendo, ¿por qué no me lo dijiste antes? - dudó Iván aún serio.

- Iván, siento haberte lastimado tanto, intenté comunicarme contigo pero no sabía cómo decírtelo, nadie debía saber que estaba viva y cuando me dejaron volver me fue aún más difícil, escuchaba tú voz y me paralizaba de nervios, de miedos - confesó Isa apenada separándose de él.

- ¿escuchabas mi voz? ¿cómo? - interrogó Iván por demás curioso.

- te marcaba al celular cada vez que podía - admitió Isa avergonzada.

Iván lo pensó un momento, - las llamadas que nunca contestaban ¿eras tú? -

- sí - reafirmó cabizbaja

- ¿por qué no le dijiste a Gabriel?, te buscamos en el hotel por horas - recriminó Iván frustrado.

- tuve miedo, temía que me hubieran olvidado, saber que estabas con alguien más, yo debía estar muerta, no podía volver a exigirte nada, no sabía cómo lo tomarías, debes odiarme tanto - observó Isa con tristeza.

- no te odio, nunca te odiaría - dijo Iván tomándola del rostro para ver sus ojos. - estoy feliz de que estés bien no sabes cuánto pero en este momento me siento ofuscado, mis sentimientos, mis pensamientos, todo es un caos en mí, pero te amo Isa, te amo tanto - se acercó a besarla suavemente en los labios.

Isa cerro los ojos disfrutando sus labios y el picor de su vello facial y llevo su mano a acariciar el brazo de Iván, en lo que él alejaba su rostro de ella.

- eres muy diferente ahora - manifestó Isa sonrojada.

- tú también cambiaste mucho, no me dijiste nunca tú nombre - sonrió ligeramente Iván.

- lo siento amor, es que no te reconocí, muchos hombres me han hablado e intentado salir conmigo - declaró Isa algo incómoda.

- eres muy hermosa, por eso te busqué e invite a salir a tus amigas, al parecer te conocen bastante bien - expresó Iván suspirando.

- lo siento amor, en verdad siento mucho lo que te he hecho - recitó Isa apenada.

- no importa, ¿estarás segura ahora? - preguntó Iván pensativo.

- eso dijeron ellos pero aún no confío en sus capacidades, por eso acepté trabajar para ellos - explicó Isa muy seria.

- ¿trabajas con ellos? - cuestionó Iván sorprendido.

- sí, de otro modo no me sentiría segura de andar libremente por la calle - admitió Isa pensativa.

- haz hecho buenas amigas - recordó Iván con una ligera sonrisa.

- no, no tengo amigos en el trabajo, no confío en nadie de ahí, ellas son de otro lugar, nos conocimos en el pueblo donde estaba escondida - aclaró Isa pensativa.

- ¿ellas saben del juicio y tú muerte? - dudó Iván sorprendido.

- no sabía que se encontraban en esta ciudad hasta hace unos días, les confesé que estuve en protección a testigos y mi verdadero nombre - admitió Isa.

Iván se sintió un poco celoso de ellas, pero su mente seguía siendo un caos total así que la veía con seriedad, seguía siendo muy impactante toda la situación. Iván volteaba a ver todo el lugar, era un departamento pequeño, sala, comedor y cocina eran un mismo espacio, todo estaba pintado en color naranja y blanco, los muebles eran cafés algo duros e incómodos, la mesa con cuatro sillas era blanca rectangular de los modelos económicos había unos cuadros feos de manchas de colores y cortinas cafés en las ventanas. Isa lo admiraba callada, no sabía que decirle, su rostro parecía enojado, lo veía con detenimiento era otro hombre y no el Iván que ella recordaba, aún le parecía muy sexy y atractivo, se veía muy bien con barba y bigote, aunque los lentes no le atraían mucho.

- ¿en qué piensas? - interrogó Isa.

- en todo esto, lo que ha pasado, es demasiado para mí, no sé qué hacer – declaró Iván pasándose la mano por el cabello viendo al piso.

Isa estaba preocupada por su respuesta, tampoco sabía que debía hacer o decirle, solo quería estar a su lado.

- ¿puedes quedarte conmigo? - preguntó Isa con timidez.

Iván volteó a verla, contesto sin pensarlo - sí -

- ¿tienes hambre? - dudó Isa curiosa.

- en realidad no - manifestó Iván sirviéndose agua y tomándolo de un golpe de nuevo para servirse otro vaso. Ambos estaban en el mismo sofá pero era como si un muro los separará, no sabían de qué hablar ni cómo comportarse con el otro, era como si fueran dos desconocidos. Isa se levantó del sofá, Iván la veía en silencio, ella abrió una de las puertas para entrar a cambiarse, cerrando la puerta detrás de ella, a Iván no le incómodo, deseaba irse a casa, hablar con Gabriel y meditar todo en tranquilidad pero también no quería alejarse de ella nunca más, aunque nada se sintiera igual que antes.

Isa se quitó las zapatillas que ya le incomodaban y se calzo unas cómodas y suaves pantuflas con caras de gatos, cambio su vestido por un pijama de short corto blanco y una camiseta azul con un gato gordo durmiendo. Iván seguía intentando aclarar su mente cuando ella salió del cuarto, se dirigió directamente al sofá y volvió a sentarse en su lugar, Iván sonrió al ver sus pantuflas, se veía muy linda y tierna. Isa sonrió al verlo sonreír, al mismo tiempo se sonrojo avergonzada por vestirse sin pensar.

- Te vez muy linda con tus gatitos - afirmó Iván sonriendo.

- Gracias Iván - respondió Isa sonrojada.

- ¿en verdad quieres que me quedé? - preguntó Iván apenado.

- quisiera que nada hubiera cambiado, es difícil para mí también, tengo miedo de que cambiáramos tanto que ya nada sea igual - advirtió Isa cabizbaja.

Iván la entendía por completo, tenía ese mismo temor pero una idea le surgió entre sus pensamientos revueltos. - Isa, ¿te gustaría salir conmigo? como si fuéramos desconocidos, en parte lo somos ahora - observo Iván con cierta tristeza al final.

Isa lo vio con tristeza también, - no quiero dormir sola de nuevo – declaró ocultando su rostro.

Iván sonrió con su respuesta, él tampoco lo deseaba - ¿sería como cuando te mudaste conmigo? -

- no lo sé, ¿quieres que me mudé contigo? - preguntó Isa curiosa.

- modificamos la casa, no sé sí te guste ahora, pero si quieres me encantaría tenerte en casa - contesto Iván pensativo.

- ¿estás seguro? - dudó Isa con timidez.

- Isabelle te amo, te quiero conmigo, quiero saber todo lo que hiciste, no quiero perderte de nuevo, claro que estoy seguro de quererte conmigo cada noche y despertar a tú lado, si lo deseas me cortaré la barba y bigote o lo que quieras - contesto Iván más seguro.

- no te la quites, me gusta mucho cómo te queda - pidió Isa sonrojada.

Iván sonreía y su mente comenzaba a aclararse, se acercó a Isa y la tomó de la mano para besarla suavemente.

- vamos al cuarto - sugirió Isa apenada.

Iván sonrió y ambos se pusieron de pie, fueron directamente a la recámara de Isa, era un cuarto pequeño apenas cabía la cama individual dentro con un clóset pequeño con la poca ropa de Isa, algunas zapatillas y zapatos. Iván soltó a Isa, salió del cuarto y comenzó a desvestirse afuera, acercó una silla en donde acomodó su camisa y pantalón ante la mirada de Isa, para después quitarse los zapatos y calcetines. Isa veía el cuerpo de Iván, no recordaba que el tuviera pelo en el cuerpo, pensaba que era lampiño, pero tenía un rombo de vellos largos y rizados en el centro de sus pectorales, así como algunos diseminados en su pecho y cuerpo. Iván sonrió y se acercó a ella que lo veía sorprendida, la volvió a tomar de la mano y se sentaron en la cama, acomodándose para acostarse como antes.

Isa seguía sorprendida por el vello corporal de Iván, sabía que era él pero la sensación de estar con un hombre distinto no la dejaba en paz. Iván se acomodó junto al pasillo para darle más espacio a ella, que se acomodó al fondo, recargada en su hombro izquierdo, se abrazó a su pecho descubierto acariciándolo.

- Si no te agrada, me depilare de nuevo - aclaró Iván que había olvidado ese cambio.

- sé que eres tú, pero es como si fueras otra persona - confesó Isa pensativa.

- intenté ser diferente, me ayudaba a no pensar en el dolor de perderte - reconoció Iván con tristeza.

Isa busco su rostro y lo acarició sintiendo su barba rozarle la mano, era una sensación interesante, no dejaba de verlo, realmente había cambiado muy poco físicamente.

- yo no tuve elección, usaba lentes como encubierta - expresó Isa sonriendo.

- yo los necesito para leer pero prefiero no quitármelos o los olvidó donde sea - declaró Iván sonriendo.

- siempre pensaba en ti, estuve en un pueblo a la orilla del mar, solo deseaba tenerte ahí conmigo disfrutando la vista - contesto Isa con tristeza.

- me habría encantado estar contigo, ahora entiendo porque te vez tan bronceada - sonrió Iván acariciándole el rostro con su mano libre.

- la gente ahí está muy loca, deseaban casarme en los primeros días - acusó Isa apenada.

Iván se sorprendió por ese comentario - ¿cómo te escapaste? -