- hola, ¿cómo estás? - pregunto Rubén alegre al saber quién le llamaba.

- mira, no me andaré con rodeos, te llamo por qué debo informarte de dos cosas, no pude hacerlo antes, la primera es que quiero el divorcio, creo que ya ha pasado suficiente tiempo y estoy mejor sin ti, los papeles te llegarán en unos días - dijo Sarahí como quién lee el periódico, - y la segunda es que necesito un favor, me he ganado un viaje pero solo para mí, así que necesito que cuides a los niños por dos semanas, yo los he cuidado desde que te fuiste así que dos semanas no es tanto tiempo, no me importa si te agrada o no, es tu obligación...

- sí, claro, yo los cuidare - expreso Rubén sin pensarlo más, con el alma más rota de lo que estaba antes de escucharle y los ojos inundados de lágrimas.

- bueno, espero que tengas espacio en tú casa, ni creas que te quiero aquí - replicó Sarahí con tono de molestia.

- no te preocupes, yo lo arreglo - contestó Rubén.

- bueno, te llamo después, tengo cosas que hacer – colgó Sarahí.

Rubén estaba emocionado, le dolía tanto saber que se divorciaría pero la noticia de tener a sus pequeños junto a él lo llenaba de alegría, no podía esperar a mañana, no tardó en marcarle a Conchita e informarle de todo rápidamente hasta que ella le pidió amablemente la dejará descansar por la hora.

Al día siguiente Rubén no dudo al levantarse en ponerse de pie a diferencia de cada mañana, se dio un baño silbando y cantando, al ir en el auto rumbo al trabajo se dio cuenta que necesitaría modificar algunas cosas en su vida, el auto estaba muy sucio y descuidado por su abandono total, primero se organizaría con Conchita, tener a los niños sería un gran cambio, además necesitaba un nuevo apartamento donde los tres entraran, esperaba tener algo de dinero en su cuenta, suspiró preocupado, era martes, le quedaban varios días para solucionar todo se dijo a sí mismo.

Esa mañana todos se dieron cuenta del cambio en Rubén, canturreaba por ahí, pensaban estaba enamorado pero él mismo les decía la buena nueva, vería a sus hijos en unos días, todos conocían su situación, le habían dado consejos pero él hacía oídos sordos todo el tiempo por el sueño de volver a estar en familia, al menos ahora parecía feliz y eso alegraba a todo aquel que le conocía, el abogado llegó con Conchita esa misma tarde, regresándole a Rubén la tristeza por unos minutos, ellos le recibieron con otro abogado ahí presente que leyó el legajo de papeles por Rubén que se veía nuevamente bastante deprimido sin comprender nada, una vez Conchita aclaró dudas con el abogado Rubén no dudo en firmar cuando ella le convenció que era lo mejor, el otro abogado se fue y les dio una cita para verse en el juzgado en dos días más.

Rubén seguía ensimismado pensando en que todo había terminado, recordaba cómo fue que la conoció, le pareció una chica linda y agradable, estaba en el penúltimo año de la universidad y ambos en una fiesta de amigos mutuos, él era tan diferente entonces, el alcohol le había ayudado a acercársele a hablar, después de una corta plática terminaron encerrados en el baño teniendo sexo apasionado, ninguno terminó los estudios por la llegada de Caty pero Rubén no necesitaba un bebé para saber que ella era la indicada, sin dudarlo se casaron y comenzó a trabajar, se hizo de una casa, dos carros, nada les faltaba, todo parecía ir bien, después llegó Bobby y Sarahí cambio, él dedicaba tiempo al bebé pensando en que podía ser estrés post parto pero nada mejoraba su relación, decidió arriesgarse con su empresa propia, tendría más tiempo para estar en casa, no había deudas, de inició era difícil sacarla adelante, tal vez por eso ella lo saco de su vida, ¿el riesgo que tomo?, ¿algo que hizo mal? se preguntaba Rubén porque no entendía sus razones aún.

Conchita no dudo en recordarle que vería a los niños pronto, aún tenía varios pendientes a realizar, Rubén trato de centrarse en ellos pero su alegría volvía a decaer cada que recordaba que ya estaba divorciado y su sueño de familia no sería nunca más, esa noche al salir decidió buscar un lavadero de autos, debía comenzar con algo pero no tenía mucho ánimo de más.

El miércoles se le notaba mejor, no cantaba pero tampoco se veía triste, el personal le saludaba y Rubén contestaba amable lo que era bastante avance, verlo presente ahí y no como el zombie que solía ser, Conchita había arreglado que se encontrará con su abogado y una mujer de bienes raíces, amablemente le recordó de su barba y cabello. Rubén fue a una barbería a un costado dónde ya le conocían, su cara completamente limpia lo hacía ver mucho más joven junto a un moderno corte, intentando verse como la última vez que vio a sus pequeños. Nadie le reconocía excepto Conchita que sonrió orgullosa por él y ese gran cambio.

- Hacía años que no se afeitaba señor - señalo Conchita sorprendiendo a todo aquel trabajador que la escucho.

- lo sé, espero verme bien - aclaró Rubén con una leve sonrisa.

- muy bien si me permite decirlo señor - confesó Conchita feliz por él.

Rubén no dudo en entrar a hacer los pendientes, siempre había trabajo que hacer, máquinas que lubricar y cajas que cargar, cuando llegó la cita con el abogado no tuvo mucho tiempo para cambiarse, estuvo puntual en su oficina, se notaba que no solía estar ahí ya que no encontraba ni un lapicero.

- miré señor Salgado, su secretaria me puso al corriente de su caso, por lo que leí su exmujer no sabe de este negocio ¿verdad? - pregunto el abogado curioso.

- si sabe, ¿por qué lo pregunta? - cuestiono Rubén extrañado.

- no leyó los documentos por lo que veo señor Salgado - afirmo el abogado con una mueca de molestia.

- no, realmente no pude, Conchita los leyó por mí - confesó Rubén con tristeza.

- entiendo que este proceso es doloroso para usted, pero como su abogado debo velar por su bien, le explicaré a grandes rasgos que su exmujer pide quedarse con la casa, el vehículo que tiene en su poder actualmente y la custodia de los niños, recibir el pago que por ley le corresponde como su ex conyugue y por ambos niños, ¿me entiende? - pregunto el abogado tranquilo.

- sí, yo le daré todo lo que pida, solo quiero que me deje ver a mis hijos, me permitirá verlos en unos días pero después de dos años de no saber de ellos, es lo único que me importa – manifestó Rubén preocupado.

- No señor Salgado, usted no entiende, su exmujer no pidió nunca parte de su empresa en los documentos, estoy al tanto de su situación, de hecho después del divorcio presentaremos cargos por negarle ver a sus hijos, esto no puede quedarse así – declaró el abogado muy serio.

- no, yo no quiero problemas con ella, solo dele lo que pida pero que me deje verlos - pidió Rubén con pesar.

- señor Salgado, usted no se da cuenta, pero ella solo busca quitarle todo, una vez ella sepa de este negocio intentará pelear una parte, por lo que sé ella lo echo de casa debido al negocio, puedo decirle con certeza que si no demandamos por sus derechos a ver a sus hijos volverá a no verlos en mucho tiempo, permítame aconsejarlo, para eso estoy aquí - recordó el abogado amable.

- ella no es así, es una buena persona, no haría nada de eso - contestó Rubén con tristeza.

- miré señor Salgado, si lo desea pasaré el caso a alguien más pero le dirá lo mismo a menos que sea un inexperto - confesó el abogado.

- no, confío en Conchita, si ella lo trajo es por algo, confiaré en usted, solo ayúdeme a recuperar a mis hijos, sin ellos yo no soy nada - expresó Rubén con los ojos vidriosos.

- está bien Señor Salgado, no sé preocupe, mañana iremos juntos al tribunal, solo un favor, vaya exactamente como lo veo ahora, no intente vestir mejor y todo saldrá bien - señalo el abogado con una leve sonrisa.

Rubén afirmó con la cabeza antes de estrecharse las manos, ambos se pusieron de pie y Rubén lo acompaño a la salida, Conchita se despidió de él y entro a la oficina con su jefe, necesitaban hablar a solas, Rubén cerró la puerta y puso seguro, sabía que harían cuentas y debía ayudarle a tener una idea de que requería en el departamento a rentar.

Después de que Conchita le mostrará la contabilidad a Rubén, se dieron cuenta que él no gastaba casi nada, su sueldo era más que generoso, además Conchita había puesto una cantidad a invertir hacía más de un año, así que podía darse el lujo de comprar un departamento y no rentarlo, por el momento no sabían los horarios de los niños pero gracias a Conchita se imaginó un posible horario laboral para él, debían contratar a un mecánico y ponerlo al corriente en los días siguientes para que él tuviera más tiempo junto a los niños, Conchita podía manejar casi todo sin él ahí, estaba acostumbrada, pero sabía que Rubén no descuidaría el lugar, también le sugirió a su nieta como niñera cuando fuera necesario.

Rubén se alegraba tanto de tener a Conchita ahí, le debía tanto, esperaba algún día saber cómo compensarle todo, no dudo en abrazarla cariñoso, era su amiga, no solo su secretaria y ambos lo sabían, por eso la llevo consigo de la empresa en dónde trabajaban, no había nadie más que creyera en él cuando decidió empezar, ni quién lo apoyará incondicionalmente como ella lo hacía. Conchita no dudo en alejarlo de su abrazo pues no quería le ensuciara la ropa de grasa, pero igual lo quería demasiado.

Esa tarde llegó la dama que le mostraría propiedades a Rubén, había preparado algunas pero debido al cambio de opinión repentino decidió retirarse a buscarle algo más apropiado para sus intereses, se reunirían al día siguiente por la tarde, para ir a ver las opciones. Esa noche Rubén se sentía con mayor esperanza, faltaban menos días para ver a sus pequeños, mañana tendría un amargo trago por la mañana pero intentaba convencerse de que todo mejoraría y con esa idea se acostó.

El día del juicio había llegado, Rubén fue a trabajar un rato y justo como le pidió el abogado se presentó al juzgado sin cambiar sus ropas demasiado grandes para su delgado cuerpo, ligeramente manchadas de grasa, su negro cabello desalineado, sin rasurarse y sus ojos cafés hundidos y vidriosos, vio a Sarahí tan hermosa como la recordaba, morena clara, ojos cafés, nariz pequeña y boca voluptuosa pintada en rojo, cabello castaño corto alaciado al hombro con flequillo, con un exceso de maquillaje notorio que no le recordaba, portaba un vestido escotado de mangas en holanes y falda ancha azul marino con puntos blancos, bolsa azul brillante, él sonrió recibiendo una cara de asco al encontrar sus miradas, ambos acompañados por sus abogados que amablemente se saludaron. El juicio fue rápido ya que ambos habían firmado, Rubén le cedió lo que ella pedía sin problema y se acordaron los tiempos de visita para con los menores, del dinero poco se habló, ella había pedido una cantidad mensual dividida en dos pagos que pasaban bastante lo establecido por la ley, sin objeción de Rubén todo se acento así declarándolos divorciados legalmente.

Rubén se notaba perdido en sus pensamientos, pero permanecía callado, como le dijo a su abogado no quería problemas con ella, menos teniendo su oportunidad tan próxima, Sarahí se fue sin despedirse como si él no existiera lo que le dolía a Rubén, preguntándose ¿qué les había pasado?, el abogado le felicito por el buen trabajo al quedarse callado y asistir vestido así, ahora tenía que empezar a demandarla, tardaría unos días en entrar los papeles, posiblemente para cuando ella volviera de su viaje la estarían notificando le aviso con su leve sonrisa, Rubén no estaba de acuerdo aún pero su ensimismamiento no le permitió negarse, permaneció un rato ahí frente al juzgado con el papel en mano que decía que era divorciado hasta que tuvo el valor de volver al trabajo.

Conchita y otros trabajadores se encargaron de volver a subirle el ánimo, la empresa era solo de él y pronto vería a sus hijos, decidió continuar con los pendientes, sobre todo enseñar al mecánico suplente, le mostraba a sus otros pequeños, las máquinas y cada uno de sus problemas o fallas, se entretuvo tanto en ello que por poco se olvidaba de cambiarse para salir con la vendedora de bienes raíces, está le mostró varios apartamentos por la ciudad desde antiguos a nuevos, pequeños y grandes, en pisos altos o alguna que otra casa en las afueras de la ciudad pero nada le gustaba, todo le parecía feo, frío y aburrido, le faltaba un baño, un cuarto, o el tapizado no era para nada interesante, caía la noche y acordaron ver más lugares al día siguiente, Rubén esperaba encontrar algo cerca al trabajo, con acceso a alberca y estacionamiento, tres recamaras y dos baños algo semi amueblado tal vez, listo para mudarse que lo hiciera sentir en casa, pero ahora que había visto tantos lugares se pregunta si lo podría encontrar antes de que los niños llegarán.

Un día menos para la espera, en realidad Sarahí aún no le hablaba, ni le había dicho cuando los vería, se preguntaba si sería el domingo o hasta el lunes, pero repentinamente una idea triste lo atacó, ¿y si todo era una mentira?, ¿y si no los vería?, se notaba preocupado en el trabajo, pensando una y otra vez en toda esa situación, cuando sin notarlo se encontraba contestando el teléfono.

- ¿sí, bueno? - pregunto Rubén amable.

- soy yo – aclaró Sarahí al otro lado - decidí que es mejor que te los lleves hoy, así podré terminar de alistar maletas sin demoras, ven por ellos a las tres - colgó Sarahí sin esperar su respuesta.

Rubén no podía con su alegría, los vería ese mismo día, en unas horas, y gritaba de felicidad con su gran sonrisa y lágrimas en los ojos, por fin los vería, sus empleados cercanos lo felicitaban, le recordaron que debía cambiarse y hacer algo con su ropa también, Rubén cayó en cuenta que tenían razón, se despidió de todos y corrió a la oficina para encontrar a Conchita.

- Conchita, conchita, los veré hoy, necesito verme bien, no puedo ir así - informó Rubén preocupado.

- hay señor pues vaya primero a darse un baño, se rasura y lo acompaño a buscar algo - sugirió Conchita pensando en cómo ayudarlo.

Rubén asintió, le dio un beso en la mejilla y se fue a su auto, llegó lo más pronto que pudo a su cuarto, se bañó, rasuro, perfumo y vistió lo mejor que tenía, paso a la empresa, mandando un mensaje a Conchita que le esperaba afuera, ella le indico a dónde ir, primero lo importante, necesitaba algunos trajes para el trabajo, lo midieron y se probó varios en distintos colores, camisas y corbatas, Conchita y el vendedor escogían lo que les parecía mejor ya que Rubén no sabía que llevar, una vez supieron su talla salieron de ahí con varias bolsas de compras, luego fueron a una zapatería, por fin lo volvía a ver con zapatos de vestir y unas botas nuevas, Conchita insistió en unos tenis para que corriera con los niños y unos zapatos informales por si acaso, varias calcetas y calcetines, por último camisas polo, jeans y camisetas nuevas que le ajustarán bien al cuerpo, sin manchas de grasa, además de la sugerencia de algo de ropa interior por si las dudas.

Terminaron de pagar y Conchita volvió a la oficina mientras Rubén dejaba todas las compras en su cuarto, entonces recordó que aún no tenía dónde llevar a los niños, apurado se dirigió a la que fue su casa, unos minutos antes de la hora, se estacionó frente a la casa de su ahora exmujer, se notaba distinta por fuera, posiblemente por dentro también por lo poco que veía en la nueva ventana ahora abierta, tocó el timbre y Sarahí salió con su cara de molestia, está vez Rubén vestía un par de jeans nuevos, con una playera polo azul marino y sus zapatos informales.

- vaya, ¿no pudiste vestirte así ayer? - pregunto Sarahí con desagrado, vistiendo jeans deslavados ajustados y una playera de tirantes que mostraban bastante escote en color naranja con letras brillantes en el pecho "Queen".

- no tuve tiempo de cambiarme - contestó Rubén tímidamente.

- no importa ya, ven, ayúdame con sus maletas - ordeno Sarahí abriendo la puerta del portón.

Rubén entro y camino hacía dentro, Sarahí lo seguía sin mucha importancia, ambos entraron en la casa, ella había remodelado el interior, no sé parecía en nada a su casa, los colores brillantes y muñecas de porcelana decoraban todo el lugar, ahí estaban dos maletas medianas, ambas negras y simples.

- lleva esas, iré por ellos - indico Sarahí entrando al cuarto de los niños, Rubén deseaba verlos, no quiso moverse hasta verles de nuevo.

Caty salió primero, había crecido mucho, ahora tenía 9 años, media 1.20 cms. tal vez, delgada, cabello largo en una cola, una playera color rosa con la cara de otra niña y jeans deslavados con sus tenis blancos, vio a Rubén y los ojos se les cristalizaron a ambos, detrás salía Bobby tímidamente tomado de la mano de su madre, tenía 5 años ahora, 1.05 cms, cabello chino, piel morena oscura, ojos cafés, usando una playera con una marioneta roja, jeans y sus tenis blancos también.

- vamos, ¿qué haces ahí parado? - recriminó Sarahí molesta.

Rubén se agachó para abrazar a Caty que también lo abrazaba con cariño mientras ambos lloraban un poco.

- cálmense ya, se verán todo el tiempo, vamos qué tengo cosas que hacer - exigió Sarahí arrastrando a Bobby que seguía temeroso viendo la escena de Caty con Rubén.

- vamos pequeña - pidió Rubén con su gran sonrisa y le limpio el rostro a Caty antes de limpiar el suyo.

Caty camino a prisa detrás de su madre, ambos niños tenían su mochila escolar en la espalda y Sarahí llevaba otras dos mochilas viejas que se notaban también cargadas, Rubén se adelantó a ellos al salir de la casa para abrir el carro, metía las maletas grandes en la cajuela de su viejo auto en lo que Sarahí metía a los niños en el asiento trasero.

- mamá tengo miedo, no quiero ir - dijo Bobby llorando.

- tienes que ir, es tú padre, le toca cuidarlos – respondío Sarahí alejando al niño de ella.

Caty entro al carro y abrazo a Bobby que lloraba temeroso, Sarahí cerró la puerta y le entrego las últimas maletas a Rubén.

- llévalos a comer, deben tener hambre, si tienes preguntas Catherine sabe, te mandaré mensaje al regresar, tendré el celular apagado, cuídalos bien, los quiero completos cuando vuelva - señaló Sarahí marchándose al interior de su casa y diciendo adiós a los niños con una mueca entre sonrisa y molestia.

Rubén acomodó las mochilas y se fue al asiento del conductor, se pasó por entre los asientos para ponerles los cinturones de seguridad a ambos haciendo que los gritos de Bobby empeorarán al ver al extraño cerca de él.

- maaaamaaaaaaá - gritaba Bobby a moco tendido, rompiendo el corazón de Rubén.

- vámonos ya papá - pidió Caty abrazando a su hermanito.

Rubén se puso el cinturón y se fueron, Sarahí ya no estaba afuera de casa para cuando el carro comenzó a moverse suavemente pero él no sabía a dónde llevarlos, no los conocía aunque sabía que eran sus pequeños hijos, tal vez les gustarían las hamburguesas que amaban de chicos pensó y se dirigió a su destino, Caty conocía el área cercana a su casa, tenía hambre, recordó una pizzería que a su hermano y a ella les gustaba.

- Papá, ¿podemos comer pizza? - pregunto Caty con timidez.

- Claro mi princesa, ¿tienen un lugar en especial? - dudo Rubén curioso, bajando la velocidad para cambiar de carril y posiblemente de ruta.

- sí, amamos la pizza del centro, la del ratoncito - explicó Caty sonriente.

Bobby miraba a Caty sin entender por qué confiaba en él, pero también quería ir a la pizzería. Rubén fue al centro y siguió las indicaciones de Caty, para entonces Bobby estaba más calmado, ambos habían dejado sus mochilas a un costado y veían el paisaje por las ventanas. Al llegar Rubén les pidió las mochilas para guardarlas atrás, tomo a ambos niños de la mano aunque Bobby seguía con su rostro triste pero sin llorar, entraron a la plaza comercial y lo guiaron a la pizzería, era más bien un lugar grande con juegos donde vendían pizzas, eligieron la que querían, sus refrescos y fueron a jugar mientras él los veía desde el mostrador. Cuando la pizza estuvo lista les llamo a ambos con señas para ir a comer un poco, Caty corrió a abrazarlo de nuevo mientras Bobby se quedaba a un lado viendo la escena de nuevo sin saber que hacer.

- te extrañe papá - dijo Caty con cariño.

- yo también los extrañe a los dos - respondió Rubén jalando suavemente a Bobby para abrazarlo también.

Bobby correspondió con timidez sin decir nada, Rubén lo entendía, pero no dejaba de dolerle.

- comamos antes de que se enfríe - indicó Rubén aclarando su voz.

Ambos pequeños se sentaron frente a él y los tres comenzaron a comer poco a poco.

- Saliendo de aquí iremos a ver unas casas, me van a ayudar a elegir una, la que les guste más, lamento no tener todo listo aún, podemos quedarnos en un hotel esta noche si no encontramos casa - explicó Rubén a los pequeños.

- ¿uno con alberca? - preguntaron los niños emocionados.

- sí, uno con alberca - contestó Rubén.

- ¡sí! - exclamaron ambos niños con alegría.

- pero, pero yo no tengo traje de baño - declaro Bobby con tristeza.

- yo tampoco, tendremos que comprar uno para cada uno - sugirió Rubén con su gran sonrisa alegrando a los niños.

Ambos pequeños terminaron de comer y fueron a jugar otro rato más mientras Rubén comía más pizza, no le gustaba mucho pero verlos felices era todo lo que necesitaba, vio la hora y llamo a los pequeños, se fueron del lugar y subieron al auto, Bobby tomo de la mano a Rubén está vez aunque aún le tenía miedo. Llegaron a tiempo con la vendedora de bienes raíces y les mostró otras propiedades que a ninguno gustó, entonces decidió arriesgarse y mostrarles un departamento nuevo, vieron el departamento muestra, apenas saldrían al mercado, el edificio era moderno de cuatro pisos con cuatro apartamentos por piso, el muestra estaba en un tercer piso, con balcones a la avenida y un parque en contra esquina, entrando a mano derecha la sala, comedor y cocina en concepto abierto con la gran vista a la avenida, a mano izquierda las recamaras, la primera era la principal, se entraba por un pasillo que llevaba al cuarto de lavado después las dos recamaras infantiles y el segundo baño entre estos, una rosa y una azul con decoración alusiva a niños, los muebles de la sala eran en tonos cafés igual que la habitación principal, en la planta superior del edificio tenían una piscina compartida bastante amplia, a todos les gustó y decidieron que ahí querían vivir.

La vendedora se alegró mucho, Rubén imagino que le darían largas para entregarles el apartamento y decidió que compraría ese, el de muestra, con su mobiliario tal cual, así prácticamente podían mudarse ese día, ella hizo algunas llamadas y por la suma adecuada les entregaron las llaves en unas horas, una vez tuvieron las llaves hicieron una lista de las cosas que les harían falta, comida, cable, una tele grande porque solo tenían una de cartón, colchones, ropa de cama, artículos de baño y los trajes de baño. Bajaron las maletas que tenían en el carro, de ahí fueron a las tiendas de compras, los niños jalaron juguetes, decoraciones y ropa extra que Rubén no podía negarles, debían volver a recibir los colchones, Rubén llamo a Conchita necesitaba a la niñera o alguien que fuera por sus cosas a su cuarto, ella misma se encargaría de hacerlo con un trabajador así él permanecería con sus hijos todo el tiempo.

Los niños sacaron las compras que les interesaban y dejaron a su padre acomodando la pequeña despensa mientras jugaban o rompían empaques ahí en la sala. Una vez él terminó de guardar los víveres se dirigieron al cuarto de Caty, cambio las cortinas rosas por unas decoradas que habían comprado, pegaron entre los tres algunas calcomanías en las paredes y comenzaron a desempacar la ropa de ella en el cuarto, había olvidado traer ganchos así que lo apunto para el día siguiente, Rubén reviso las mochilas escolares, ambas contenían sus útiles, libros y cuadernos varios, las dejo a mano sobre uno de los muebles del cuarto, después fueron al cuarto de Bobby a decorar cuando tocaron al timbre, los colchones habían llegado, junto con otros artículos que había comprado.

Los cargadores entregaron todos los artículos y dejaron los colchones en cada cama listos para vestirlas, ambos hombres se fueron cuando el timbre sonaba de nuevo, Conchita había llegado con el cargador, Rubén dejo a Conchita con los niños en lo que ambos hombres subían sus pertenencias entrándolas en su nueva recamara, debía revisar sus polvosas cajas antes de acomodar algo más que su nuevo guardarropas, una vez terminaron, invito a Conchita y al cargador  un poco de jugo de caja antes de que se fueran llenándolos de agradecimientos a ambos y un afectuoso abrazo para Conchita que se fue alegre.

Los niños no dudaron en pedir la cena a su padre que les sirvió cereal con leche que comieron los tres, después de cenar los mando a bañar mientras él vestía las camas, ya con pijamas puestas se acostaron a dormir pues era algo tarde, Caty y Rubén acostaron a Bobby, ella le cantó una canción para que él pudiera dormir abrazando a su nuevo juguete, Rubén conocía esa canción pues él y Sarahí se las cantaba de pequeños, una vez Bobby se quedó dormido era el turno de Caty, Rubén la tapo y beso igual que a Bobby deseándole las buenas noches.

- papá, ¿por qué nos dejaste? - pregunto Caty con tristeza.

- tu mamá y yo teníamos problemas, no quise dejarlos pero ella pensó que era mejor si me salía de casa - contestó Rubén apenado.

- pero no ibas a vernos, ¿ya no nos querías? - cuestionó Caty con su mirada llorosa.

- Caty, eres mi princesa, tú y Bobby son todo para mí, nunca dejaría de quererlos, ustedes son mi vida, claro que fui a verlos y buscarlos a diario pero tú madre los cambio de escuela, los llevaba a cursos y no me permitía acercarme a ustedes - confesó Rubén con pesar.

- pero papá, ¿por qué nos dejaste? - interrogó Caty con algunas lágrimas  rodando en sus mejillas.

- por tonto, lo siento mi pequeña, debí esforzarme más, pero ahora están conmigo – expresó Rubén abrazándola fuertemente.

- ¿prometes que no volverás a irte? - consulto Caty curiosa.

- lo prometo mi amor, ahora sí peleare con todo para que nunca más nos separen mi princesa, no volveré a dejar de verlos – afirmo Rubén muy seguro.

- te extrañaba papá - declaro Caty llorando abrazada a Rubén que también lloraba.

Ambos permanecieron abrazados gran rato hasta que Caty lo soltó para darle un beso cariñoso en la mejilla, Rubén le beso la frente y la acomodó para que se acostará, entonces le canto la canción para dormir que habían cantado a Bobby hasta que Caty se quedó dormida tomada de su mano y con una leve sonrisa. Rubén espero a que ella soltará su agarre para levantarse con cuidado y salir del cuarto, reviso a Bobby que seguía bien dormido, lavo los pocos trastes sucios, verificó que todo estuviera cerrado antes de entrar a su habitación, vistió la cama, comenzó a revisar algunas cajas para empezar a sacar cosas y acomodar otras pocas hasta que cansado decido darse una ducha para dormir feliz y tranquilo como hacía mucho tiempo no le pasaba.

Rubén despertó escuchando a los niños jugando en la sala, no dudo en levantarse con una sonrisa, se lavó el rostro y salió en pijama a darles algo de desayunar, Bobby se portaba distante y callado en su presencia, esperaba con los días lograr su confianza.

- Bueno chicos, hoy vendrá el señor del cable e internet, debemos esperar en casa mientras, ¿qué les parece si vamos a nadar en lo que esperamos? - consulto Rubén con su sonrisa alegre.

- ¡síííííí!  - gritaron los dos pequeños emocionados.

- pero cuando llegue el señor del cable debemos bajar todos a casa, ¿entendido? - pregunto Rubén.

- sí - manifestó Caty.

- pero ¿si quiero seguir jugando en el agua? - cuestiono Bobby.

- nos bajaremos a esperar que instale lo que pondrá y después podemos volver a subir a jugar en la alberca – aclaró Rubén.

- no me gusta tener que bajar, quiero estar allá todo el día - respondió Bobby enfadado.

- Bobby no puedes estar allá tú solo, ni Caty y tú solos, es peligroso, debo estar aquí con el señor del cable, por eso será en lo que trabajan - objetó Rubén intentando convencerle.

- no quiero - dijo Bobby muy seguro.

- entonces no podremos ir a la alberca - declaró Rubén.

- pero quiero ir a la alberca - lloriqueaba Bobby.

- entonces harás lo que te diga o no habrá alberca - decreto Rubén.

- eres malo, quiero a mi mamá - lloriqueaba Bobby.

- soy tú papá, haré lo mejor para ustedes - expresó Rubén serio.

- tú no eres mi papá, Rene sí - declaro Bobby aun lloriqueando.

Rubén se quedó pálido al escuchar eso, miro a Caty que hizo una mueca de enfado mirando a Bobby.

- ¿quién es René? - pregunto Rubén intrigado.

- es el novio de mamá - confesó Caty tornando los ojos en blanco mientras Rubén sentía un golpe al pecho y Bobby continuaba lloriqueando.

- ¿desde cuándo son novios? - pregunto Rubén sin querer saber la respuesta en realidad.

- no sé, hace mucho, a Bobby le agrada porque le gusta jugar con él, a mí no me agrada nada, me da miedo pero mamá quiere que lo tratemos bien - contestó Caty.

- vaya, entiendo, tendré que hablar con su madre después – admitió Rubén pensativo.

- no le digas que no me agrada, no quiero que se moleste conmigo – reveló Caty con miedo.

- no princesa, no le diré nada de eso, no te preocupes, vamos a cambiarnos, para ir a la alberca un rato - ordenó Rubén serio.

Bobby se limpió la cara y corrió a su cuarto, todos fueron a cambiarse mientras Rubén se preguntaba ¿quién era ese tal René? y ¿por qué convivía con sus hijos cuando él no? con algo de molestia, una vez los tres tenían sus trajes de baños, toallas y todo lo necesario para estar en la alberca sonó el timbre y el teléfono de Rubén, el técnico había llegado, lo dejo pasar a la casa y tendrían que esperar un buen rato antes de subir, una vez probaron la señal de internet y cable el técnico amablemente se retiró y ellos fueron a divertirse al techo, Había un pequeño chapoteadero y una alberca de 1.20m de profundidad, la habían llenado para exhibirla con los departamentos así que serían los primeros en meterse, Rubén les había comprado varios flotadores y se divertían los tres juntos, Rubén olvidaba todo ese tiempo sin ellos solo por escucharles reír a carcajadas y gritar en sus juegos.

Estuvieron dentro del agua hasta que el hambre les hizo salir a comer sándwiches recién hechos por Rubén, disfrutaron otro rato más en el agua antes de bajar a descansar frente al televisor viendo caricaturas, Rubén continúo revisando cajas y encontró ganchos sobrantes que uso con la ropa de los niños, les había dejado unas galletas y leche, para cuando se dio cuenta ambos habían quedado dormidos en la sala y los acomodó en sus camas para recoger el caos del día, hacía tanto tiempo que no los cargaba, no podía quitar su sonrisa orgullosa, continúo acomodando cosas hasta acabar con las cajas y saco la basura de una vez, al volver a su cuarto por primera vez se quitó el anillo de bodas para guardarlo en una caja, suspiró profundo, pero ya no con tristeza, ella había hecho su vida desde hacía un tiempo y no valía la pena seguir pensando en ella y su muerta relación.

Rubén se dio una ducha y se metió a la cama, estaba cansado pero pensaba sobre lo maravilloso de ese día con sus hijos, la promesa que le hizo a Caty era real, no los dejaría ir de su vida de nuevo nunca más, hablaría con el abogado el lunes sobre René, tenía que haber algo que pudiera hacer para apartarlo de sus pequeños.

Caty tocaba la puerta de Rubén que aún no se levantaba, ambos niños tenían hambre, él al escucharla tocar se levantó enseguida y fue a darles algo de inmediato, saldrían a comprar más cosas para toda la semana, también necesitaba saber dónde estaban sus escuelas, dar una vuelta para llegar a tiempo al día siguiente, fueron al parque cruzando la calle del edificio, comieron helados y algodón de azúcar, Rubén los consentía intentando recuperar el tiempo perdido y logrando la confianza paulatina de Bobby en él, esa noche acostó a ambos pequeños cantando su canción de buenas noches después de un abrazo y beso para dormir con todo su amor y partió a descansar a su recamara con alarmas puestas para lograr su más grande hazaña, llevarlos a la escuela y trabajar.

Por la mañana del lunes Rubén despertó con la alarma, se arregló con un pantalón de vestir gris y una camisa de manga corta en color verde menta y preparo los lonches, habían acomodado la mochila de ambos para ese día, los despertó e hizo que se vistieran aún adormilados, cargó a Bobby junto con las mochilas al carro y Caty de la mano, acomodó a los niños en el auto, fueron directo a la escuela de Caty, Rubén cargo con Bobby adormilado nuevamente para presentarse con la maestra de Caty y despedirse de ella, una vez su hija entro a la escuela la maestra no dudo en decirle que debía ser más responsable con sus hijos, estar más presente en sus vidas y cosas similares que solo molestaron a Rubén pues no fue su decisión, subieron al carro para ir al kínder de Bobby que él no entendía porque no era en la misma escuela.

Estacionó al frente del kínder y esperaba a que la hora de entrada llegará mientras Bobby seguía dormido en el asiento trasero, escuchaban un poco de música variada en la radio, hasta que notó que varios padres entraban con los pequeños y salían solos, despertó a Bobby, tomó su mochila y lo llevo adentro sin saber cuál era su salón, hasta que un hombre se acercó a él.

- disculpe, ¿es usted el señor Salgado? - indago él hombre.

- sí, así es, ¿quién es usted? - pregunto Rubén intrigado.

- la directora no sé encuentra el día de hoy, soy el Maestro suplente Martínez, me pidieron que lo apoyará y le diera está documentación, es el reglamento de la escuela y las reglas que los padres deben saber de la institución, por el momento le aviso que está llegando tarde a clases pero es entendible en su primer día, siga el pasillo, la segunda puerta a la derecha es el salón de su hijo, solo le pido no hagan demasiado ruido ya que los demás grupos deben estar trabajando - aclaró el maestro.

- gracias, disculpe - contesto Rubén tomando los papeles y guiando a Bobby hasta el salón indicado.

Una vez frente a la puerta que tenía una pequeña ventana tocó despacio, minutos después la abrieron por dentro, se presentó ante ellos una mujer con un vestido largo hasta los tobillos de tirantes anchos en color café, sobre una blusa blanca de manga larga, se notaba su piel morena de las manos y rostro, ella apenas tenía un ligero delineado en los ojos y todo el cabello recogido en una cebolla, labios carnosos, ojos verde y amarillo, nariz ancha y pequeña, con zapatos cafés de piso como de 1.60 de alto.

- Buenos días Bobby, entra y acomoda tus cosas - saludó la mujer amable y con una sonrisa resplandeciente que dejó más atontado a Rubén - Buenos días, soy la maestra Roxana Fregoso, salen a la 1, debe venir y esperar a que yo abra la puerta por favor, tenga un buen día - indicó la maestra amable que debía entrar a atender al grupo.

Rubén se quedó ahí unos minutos y después volvió a salir rumbo a su auto, despidiéndose del maestro Martínez que le esperaba para cerrar el portón principal, una vez abordó el vehículo se fue directo a su negocio, llamo a su abogado para hablar de René sin una respuesta satisfactoria, atendió a unos clientes y en su almuerzo reviso los papeles de la escuela, algunas reglas le parecían de más pero solo le quedaba aceptarlas ya que Bobby estudiaba ahí, continúo su día con mucha energía hasta que fue momento de ir por los niños, el primero en salir era Bobby, volvió a la escuela rara y entro sabiendo su dirección, esperaba junto a varios padres más que lo veían de arriba a abajo ya que no le conocían hasta que llegó su turno de ver a Bobby.

- Buenas tardes señor Salgado, me temo que Bobby no trajo la tarea, le pido que para mañana cumpla con ambas - sugirió la maestra muy seria antes de llamar a Bobby para que fuera con su padre mientras Rubén se sonrojaba apenado.

Rubén agarro la mochila de Bobby para salir con su hijo entre la multitud mientras la maestra atendía al siguiente padre, se dirigieron al carro y una vez dentro volvió a sonreír al ver a Bobby - ¿cómo te fue hoy? -

- bien - contestó Bobby tímido.

- tu hermana saldrá más tarde, ¿quieres ir por un helado? - pregunto Rubén sonriente.

- ¡sííííí! - contestó Bobby alegre.

Rubén prendió el carro y se dirigió a una tienda de helados cercana a la escuela de Caty, ambos bajaron, pidieron sus conos con una bola y se sentaron en una pequeña mesa del lugar a degustarlos.

- Bobby, sé que aún me tienes miedo, sé que no me recuerdas pero yo te cargué cuando eras un bebé, la última vez que te vi ya caminabas, aún no querías dejar los pañales pero hablabas todo el tiempo, lamento mucho no haberlos visto en este tiempo, pero quiero que sepas que puedes confiar en mí - confesó Rubén amable. Bobby afirmó con la cabeza mientras lamía su helado.

Ambos disfrutaron su barquillo hasta terminarlo y fueron por Caty, recibió la misma queja de la tarea faltante que Rubén acepto apenado de nuevo, de ahí fueron a comer a un restaurante con juegos, sonreía vigilante de sus hijos, su teléfono sonó repentinamente, necesitaba ir a la empresa, llamó a los niños y subieron al carro para irse de inmediato a atender la urgencia, al llegar a la oficina saludaba a todos los que veían a su paso mientras los niños recibían halagos de los presentes, metió a los pequeños en su oficina, debían sacar sus cuadernos con la tareas en lo que él buscaba a alguien que le ayudará, Conchita se había adelantado, su nieta Mary estaba ahí lista para presentarse con los niños y cuidarlos mientras Rubén debía ocuparse un rato.

- Hola chicos, ya volví - aviso Rubén al entrar en la oficina, - gracias Mary por venir tan rápido, ya estoy aquí - dijo a Mary que ayudaba a Caty con la tarea de matemáticas mientras Bobby dibujaba algo en su cuaderno.

- no sé preocupe, mi abuelita me dijo que estuviera pendiente, ambos son muy tranquilos y obedientes - comento Mary.

Rubén decidió acercarse a Bobby y ver el dibujo que el pequeño intento ocultar de su padre.

- ¿puedo saber qué es? - pregunto Rubén poniéndose de cuclillas para estar más cerca de él.

- es mi tarea - contestó Bobby aún retraído.

- solo deseo saber qué dibujas, cuando eras más pequeño dibujabas mucho, los que más te gustaban los pegábamos en el refrigerador junto con los de Caty - confesó Rubén nostálgico.

- es verdad, papi hacía eso - afirmo Caty alegre.

- ¿enserio? - cuestionó Bobby curioso.

- sí, ya tengo un refrigerador nuevo que estaría orgulloso de mostrar algunos dibujos - informó Rubén con una sonrisa, notando como Bobby se relajaba poco a poco.

- Caty ya no dibuja - confesó Bobby.

- porque me gusta pintar con pinceles - contestó Caty.

- a mí también me gusta pintar y dibujar - alegó Bobby.

- a mí también me gusta pintar - aseguro Rubén emocionado.

- ¿de veras papi? - dudó Caty curiosa.

- sí, saben que se me ocurre, terminan sus tareas e iremos a comprar pinturas y muchas hojas para pintar ¿qué opinan? - consulto Rubén feliz.

- sí papi, sí - afirmo Caty festejando.

- sí - contesto Bobby brincando en su asiento.

Mary solo sonreía mientras los escuchaba platicar, - bueno, revisaré sus tareas, espero sean pocas para ir pronto - expresó Rubén tomando los cuadernos en la mesa, en lo que ambos niños seguían su trabajo, Bobby ya no intentaba cubrir su dibujo, era una casa con algunas personas de colores.

Rubén no quiso preguntarle nada, esperaría a que Bobby le explicará si es que deseaba hacerlo, reviso las tareas faltantes y las nuevas, gracias a Mary estaban por terminar, comenzó a guardar los demás útiles en la mochila, una vez guardaron los últimos útiles y se despidieron de Mary, Rubén pago a Mary con muchos agradecimientos hasta un próximo día y se retiraron para ir a comprar lo prometido entre otras cosas que se les pegaron, llegaron a casa a pintar mientras Rubén acomodaba todo, después igual que ellos se pintó a sí mismo con sus pequeños, los tres muy felices y pusieron las mejores en el refrigerador con algunos imanes, para terminar cenando juntos muy alegres para ir a dormir.

Esa noche Rubén estaba recostado en la cama recordando su día, recuperaba a sus bebés cada día más, se sentía feliz y satisfecho pero también había pensado varias veces durante el día en los ojos de la maestra Fragoso, su ropa poco halagadora le recordaba a las monjas, preguntándose si acaso ella era monja o algo así hasta quedar dormido. Al día siguiente la alarma lo despertó de un sueño que le había dejado una sensación agradable, se arregló, hizo los lonches y se encargó de los niños para salir de casa a tiempo, nuevamente Bobby dormitaba todo el tiempo hasta que le despertó bien para entrar a la escuela, está vez una monja de edad avanzada se encontraba en la puerta.

- Buenos días - saludo Rubén al llegar a la puerta.

- Buenos días, ¿señor Salgado cierto? - pregunto la monja.

- así es, ¿en qué puedo ayudarle? - cuestiono Rubén curioso.

- Soy la hermana superior Jane, directora de esta institución, quiero disculparme por no estar aquí ayer - aclaró la mujer.

- mucho gusto - contestó Rubén ofreciendo su mano para estrecharlas, aunque la monja hizo una mueca extraña.

- espero que ya haya leído nuestro reglamento y normativas - recordó la monja.

- sí, claro, ayer me puse al corriente y si me permite no quisiera volver a llevarlo tarde - contestó Rubén muy serio antes de pasar al interior.

La monja se quedó en su lugar observándolo y saludando a los otros padres que al igual que él entraban a dejar a sus hijos. Rubén se formó para entregar a Bobby que ya estaba despierto pero recargado en él, disfrutaba que lo cargará su papá aunque aún le temía un poco, llegó el turno de Bobby, eran los últimos en la fila.

- Buenos días señor Salgado, Bobby - sonrió la maestra Fragoso al verles.

- Buenos días maestra - saludo Bobby y entro al salón sonriente.

La maestra sonrió a Rubén que se quedó mudo al tenerla enfrente.

- que tenga buen día señor Salgado - dijo la maestra amable y entro al salón también cerrando detrás de ella atenta a los niños.

Rubén se sintió mal por no contestarle el saludo, pero su timidez le impidió hacer más y solo se fue al trabajo, por la tarde volvió a verla, decidido a decirle un buen día al menos pero igualmente se quedó mudo al estar de frente, ella simplemente seguía sonriendo y volviendo al interior de su salón amable, después Rubén se llevaba a Bobby por un helado nuevamente, estaban sentados en la mesa mientras Rubén pensaba en lo grosero que debía parecerle a la maestra que era él.

- mi maestra es muy linda - dijo Bobby disfrutando su helado.

- sí, es muy bonita - contestó Rubén alegre de escucharle hablar.

- ella me quiere mucho - afirmó Bobby.

- eso la hace más linda - confesó Rubén.

- yo también la quiero mucho mucho muchísimo - aseguro Bobby feliz.

- que bueno Bobby, ¿por qué la quieres tanto? - preguntó Rubén curioso.

- nos lee cuentos, canta muy bonito y nos cura si nos caemos en el patio - reveló Bobby.

- vaya, es muy buena tu maestra - admitió Rubén.

- sí, tengo la maestra más bonita y buena del mundo - declaro Bobby.

- eso parece hijo - expresó Rubén.

- quisiera que mamá también cantará y contara cuentos como ella - pensó Bobby en voz alta.

- ¿ella no te cuenta cuentos? - cuestionó Rubén preocupado.

- No, Caty me lee los cuentos pero no me gusta como los cuenta, mi maestra hace las voces del libro y Caty no sabe - explicó Bobby algo chocado por eso.

- pero ¿mamá les canta para dormir? - dudó Rubén curioso.

- No, Caty canta hasta que nos dormimos, mamá canta cuando acaba de ver a René pero no me gustan sus canciones, debería saber algunas para niños – declaro Bobby.

- yo solo me sé la que canto por la noche, pero me gustaría aprender más canciones para niños si me ayudas - sugirió Rubén incómodo con las respuestas de Bobby.

Bobby afirmó con su cabeza pues estaba entretenido con la nieve que se le había vuelto líquida, una vez terminaron sus helados fueron a esperar a Caty para ir a comer a otro restaurante infantil, saliendo de ahí fueron al apartamento a hacer sus tareas y luego jugar un rato en la alberca antes de ir a dormir, esa misma noche Rubén decidió aprenderse algunas canciones infantiles y consiguió bajar otras para escuchar en el carro.

Al día siguiente Rubén tenía una junta importante, decidió vestir uno de sus trajes nuevos, un saco y pantalón en color azul profundo que relucía con la luz, una camisa amarilla con corbata azul decorada con letras azules y bordes rojos que decían la marca, hizo su rutina de la mañana sorprendiendo a los niños al verle tan formal, los llevo a la escuela, era el primer día que no lo paraban al entrar, esperaba tener el valor de hablarle a la maestra en lo que esperaba su turno con Bobby en brazos.

- Buenos días señor Salgado, Bobby - saludo la maestra con su sonrisa.

- Buenos días maestra - saludo Bobby antes de entrar al salón.

Rubén intento hablar pero sintió que no tenía voz alguna y cerró la boca obteniendo el ya sabido - buen día señor Salgado - antes de quedarse solo en el pasillo, se retiró y fue a trabajar, por la tarde dejo el saco y la corbata en el auto para ir por Bobby, nuevamente no decir nada y marcharse arrepentido, volvieron a ir por el helado ya que parecía funcionar en su relación con Bobby.

- ¿cómo te fue hoy? - preguntó Rubén curioso.

- ¿te gustan los superhéroes? - cuestiono Bobby concentrado en lo suyo.

- sí, algunos me gustan, ¿por qué? – dudó Rubén intrigado.

- ¿conoces uno que echa rayos con los ojos? - consulto Bobby ensimismado.

- puede ser, pero ¿por qué lo preguntas? - contestó Rubén con demasiada curiosidad.

- es que Jacob hablo de uno así hoy, pero yo no conozco superhéroes, por eso quería saber ¿si tú los conoces? - dijo Bobby viéndole fijo.

- claro hijo, después de la tarea te mostraré algunos, tengo una pequeña colección de revistas de mí favorito podríamos leer algunas juntos - sugirió Rubén con alegría.

- sí papá - respondió Bobby emocionado. Rubén lloró un poco de felicidad al escucharle decir papá por primera vez, se limpió el rostro y terminaron su helado con alegría.

Al salir Caty los llevo a un restaurante que le habían recomendado, también tenía un área infantil para que ambos jugarán libres por un rato, Rubén disfrutaba verlos divertirse pero pensó que estaría bien tener una comida en casa, hacía mucho que no cocinaba, esperaba aún tener el toque, volvieron al departamento, hicieron sus tareas y mientras Caty buscaba información para la tarea en línea, Rubén le mostraba su colección de revistas y figuras de acción de algunos superhéroes a Bobby.

Rubén le leía las historietas a Bobby en la sala, con algunos cambios de voces haciendo reír a ambos pequeños, pero también se interesaban más en la historia que él les contaba, pidiéndole otra más hasta que llegó la hora de cenar e irse a dormir, Bobby esa noche tuvo el valor de abrazar a Rubén antes de acostarse a dormir, Caty le daba un beso y un abrazo fuerte cada noche, se sentía bien consigo mismo por tener a tan bellos hijos, decidió dejar sus revistas y figuras de acción decorando en la sala, así podrían leerlas cuando quisieran y después se fue a acostar tranquilo.

Los siguientes días fueron muy similares, él intentaba hablarle a la maestra Fragoso apenas emitiendo un leve sonido que no era nada entendible, Rubén lo sabía, le gustaba mucho esa mujer, lo intimidaba demasiado, ya había ensayado un pequeño discurso de saludo y ni un hola lograba, después de una semana de su insultante silencio no tenía muchas esperanzas de lograr conocerle un poco más, con los niños todo iba de maravilla, comer en casa era mejor que afuera, ambos platicaban de su día, le contaban historias del tiempo en que no estuvo, sus amigos y amigas, sus ideas y alguna que otra discusión de hermanos por nada que había logrado controlar.

El sábado también trabajaba en su empresa, muy a su pesar tuvieron que ir a pasar un rato allá, Mary los cuidaba, jugaban en el lugar, en las áreas abiertas o comunes en lo que Rubén atendía sus obligaciones, para después ir juntos a un zoológico por haberse portado tan bien, el domingo volvieron a pasar el día en el techo jugando en la alberca.

La mañana del lunes transcurrió normal, Rubén dejo a sus pequeños en el salón, no pudo hablar con la maestra Fragoso y fue a trabajar, tuvieron problemas con una de las máquinas, él no dudo en checarla manchando un poco su playera polo, al ir por Bobby llegó unos minutos después de la hora en que debía ir debido a ese imprevisto, corrió al salón y tocó a la puerta, enseguida la maestra Fragoso salió con un rostro distinto al de siempre dejando la puerta entrecerrada.

- señor Salgado, debe prestar mayor atención a lo que haga su hijo, debe usted cuidar mejor dónde deja el material que no es apto para ellos - señalo la maestra muy enojada entregándole un sobre bolsa tamaño oficio con algo dentro - las reglas prohíben estrictamente tener objetos no aprobados en las mochilas, además que llega usted fuera del horario de salida, puede ser causa de expulsión - finalizó la maestra Fragoso esperando su respuesta.

Rubén se había tornado completamente rojo de la vergüenza, quería disculparse pero solo pudo agachar la cabeza y decir sí aceptando lo que ella le dijera con pesar. La maestra Fragoso abrió la puerta, llamo a Bobby y se lo entrego a su padre, ella solo entro por sus artículos personales y cerró su puerta viéndolos irse por el pasillo.

Rubén seguía anonadado sin saber que había llevado Bobby que le veía como si lo hubieran regañado, llegaron al carro, le puso el cinturón de seguridad y se acomodó en su asiento.

- lo siento papá - expreso Bobby avergonzado.

Rubén se culpaba por no haber tirado sus revistas de contenido para adultos cuando pudo hacerlo, pensó que con tenerlas en su cuarto los niños no las encontrarían, decidió abrir el sobre bolsa y ver qué tan grave había sido, al meter su mano y sacar la revista se dio cuenta que era un cómic y nada de su recámara.

- lamento que la rompieran - manifestó Bobby con tristeza, esperando un castigo.

Rubén entonces vacío el contenido del sobre bolsa en el asiento del copiloto, la revista se veía bastante maltratada pero al abrir el cómic una pequeña nota estaba dentro, la puso a parte y reviso la revista, apenas se habían rasgado algunas hojas, nada grave, tomo la nota en sus manos para ver qué era eso.

- no hay problema alguno hijo, solo recuerda no traer más revistas a la escuela, están prohibidas y las pueden dañar - advirtió Rubén amable a su hijo viéndolo con tranquilidad. Bobby suspiró aliviado de oírle bien y no enojado.

Rubén desdobló el papel y leyó lo que decía:

Señor Salgado:

    Disculpe que me tomé el atrevimiento de escribirle, debía marcarle su falta, disculpé si me porte algo grosera con usted pero debo recordarle el reglamento interno, espero su revista no esté tan dañada ya que los niños la andaban jaloneando y peleándose por ella, me he tomado este atrevimiento por qué me gustaría poder platicar un poco con usted si no le molesta, entenderé sí no me responde por mí actuar y solo le ruego que olvide esta carta si le soy incomoda, en caso contrario puede localizarme en 4374636260.

Rubén leía y releía la nota, no estaba seguro de sí era algo bueno o malo pero saco su celular y copió el número enseguida, Bobby se veía ansioso en el asiento trasero, así que arrancó el carro y se dirigió a otro lugar que Bobby no conocía, ambos bajaron, Rubén lo llevaba tomado de la mano para guiarlo a una tienda llena de cómics, figuras de acción, objetos de caricaturas y series.

- Vamos a buscar nuevos superhéroes para que conozcas - aviso Rubén muy alegre a su hijo al que le brillaban los ojos.

Ambos se acercaron al vendedor dónde Rubén le explicó a lo que iban y este les mostraría una variedad de opciones, eran tantas que le pidió al vendedor le explicará a Bobby algunos para que escogiera unas cuantas para llevarse mientras él mandaba un mensaje con algo de miedo.

- Buenas tardes, soy Rubén Salgado, el padre de Bobby, estoy a su disposición - escribió Rubén nervioso.

- Buenas tardes señor Salgado, ¿estaría libre el día de hoy? - pregunto la maestra Fragoso.

- Usted dígame a qué hora y yo me haré un espacio - contestó Rubén curioso.

- A las 6 ¿le parece bien? - cuestiono la maestra Fragoso.

- sí, ¿dónde nos vemos? - dudó Rubén interesado.

- en la cafetería del Parque Magnolia ¿le parece bien? - interrogó la maestra Fragoso.

- sí, claro, ahí la veré - respondió Rubén.