Mi mamá acaba de mandarme una foto de mi perra. 

Sin querer, salen los pies descalzos de mi padre, apoyados en el descanso de la silla de mimbre de la casa en la playa. 

Detallé el de ella, que inexperta con la cámara, enfoca parte de su pie. 

De niña, me gustaba ver al piso, porque me daba tranquilidad almacenar cada detalle del pie y su calazado,

Papá sigue teniendo ese bollito rechoncho y suave, porque odia andar descalzo, al menos que tenga medias. 

Mamá, en cambio, que sabe gozar de ambas,  delgado y elegante, que desde recuerdo ha tenido un anillo en el dedo índice. 

Qué nostalgia me dio, 

pero que rara memoria. 

Me deja sin cuidado el motivo mas si puedo alegar que los caminos transitados por mis ancestros han sido amplios, 

escabrosos, 

floreados. 

Las pizadas viejas se borraron, 

solo quedan las mías.