No sentirme yo en un cuerpo que habito hace 28 años es como querer gritar y no tener voz.

Las horas se me pasan con la cabeza dolorida.

Quisiera me abrazaras de la misma forma que lo hacen mis sábanas cuando tuve un mal día.

El color verde de las manzanas me anima pero no saben igual.

Un día hablamos y solo pienso en lo mucho que reconforta escucharte. Me habria quedado horas oliendo tu remera con la cabeza recostada en tu hombro escuchando tus historias.

Momentáneamente, fue como si la profunda depresión que me invadía desapareció. Solo estabas tú y mi mente vacía, sin cansancio y sin dolor.

Pensé que si conseguía un motivo para salir de acá sería por ti. Después recordé eso de hacerme mi propio hogar y se me pasó. Siento que es más coherente ordenar la casa que habito antes de querer entrar en la de los demás. Pero es que habría dado todo porque ese momento fuera eterno.

Solo si me dejas, decoro tu casa con flores, beso tus mejillas todos los días diciendo "te amo" y te doy las gracias antes de irte.