Ella es una chica delgada, cabello largo y oscuro como la noche, piel blanca, suave, grandes senos y un cuerpo escultural, esculpido por el mismísimo Zeus. Su trasero era similar a dos perfectas gemas preciosas y juraría que parecía brillar la primera vez que la vi.

Mi nueva vecina, 20 años, de voz suave con cuerpo de diosa y cara de ángel, solo con verla, sentí como mi ajustado pantalón no disimulaba la erección inmediata producto de la imaginación de verla caminar hacia mí.

-      Buenos días, ¿vecino, como esta? -me pregunto ella, luego de salir de su apartamento, con un pijama tan diminuta que dejaba sus tesoros a la imaginación.

-      Como estas Camila, ¿ese es tu nombre cierto? -pregunte, para lograr conversar un poco con ella.

-      Así es, acabo de mudarme hace unas semanas, de hecho, su esposa me invito a una reunión familiar esta noche para conocernos.

Sorprendido, dije que estaría encantado de verla mas tarde, y nos despedimos.

No había terminado de entrar a la casa, cuando Vanessa, mi esposa me esperaba en la puerta, con una bata transparente, que dejaba a mi deleite sus hermosos y perfectos pezones. Vanessa, comento que tenía preparada una cena para dar la bienvenida a la pequeña Camila, lo cual me pareció una idea fantástica.

Eran pasada las 9 de la noche, cuando nuestra vecina toco a la puerta y Vanessa salió a su encuentro, con un corto y ajustado vestido negro, que dejaba ver su silueta perfecta.

Mentiría al decir que no me provoca morderlas a ambas, me sentía en un paraíso, en el mismísimo Olimpo, rodeando de estas diosas tan perfectas.

Empezamos a conversar, compartir experiencias, algunas copas, hasta que Vanessa sin querer o queriendo, le planto un beso apasionado a nuestra vecina, quien la correspondió, ante la mirada atónita de este su servidor, por el asombro y la excitación.

Vanessa me mira, sonríe, invitándome a unirme a su encuentro.

Entre juegos y caricias, ambas me llevaron a la cama, mientras me desnudaban completamente, una me inundaba de besos, mientras la otra con su mano en mi falo, me masturbaba suavemente, en un juego de lengua y besos, mi miembro se encontrada disfrutando de aquella maravilla.

Camila, mi vecina, monto sobre mí, colocándome su preciosa flor en la boca, a merced de hacer con ella todo lo que yo quisiera, mientras mi esposa continuaba masturbándome. Me levante de la cama, tome a mi esposa y le correspondí, introduci mi lengua, para recoger los fluidos que brotaban de su interior como un manantial, mientras mi otra chica, la besaba, ambas estaban disfrutando al máximo, nuestro mágico encuentro.

Desearía continuar contando todo lo que sucedió en nuestra fantástica y erótica noche, pero están acostada esperándome, desde aquel entonces nuestra vecina, es nuestra novia y con ella compartimos los mejores momentos y orgasmos, porque no hay una noche que la lujuria y el placer dejen de invadirnos.  

 -Steffi-

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