Tomo mi trasero con sus manos y se dispuso a lamer todo este manjar como si fuese una exquisita fruta, yo gemía de placer mientras sentía como mis fluidos caían fuera de mi vagina como un manantial, ya no podía sostenerme a mi misma. Introdujo sus dedos en mi calidad humedad, los movía suavemente, masajeándome en mi interior, mientras continuaba comiéndome tan rico. Solté un gemido y mis líquidos se mezclaron con el agua que caía sobre mí.

Se levanto dispuso a penetrarme, con dureza, mientras sus manos estaban en mi cuello, yo solo alcanzaba a decir -que rico, mi amor, dale mas duro, soy tu perra, soy tu esclava. Me empujaba en cambios de ritmo y me termine por segunda vez.

Me llevo a la cama y me pidió que me acostara boca abajo, luego, me ato de manos y pies, vendo mis ojos, cubrió mi boca para disponerse a comerme completa. Yo estaba indefensa a su merced, era suya, no podía moverme.  Mientras me devoraba, tomo el primer juguete, un pequeño vibrador negro, con detalles plateados, lo encendio y empezó a jugar con mi clítoris, mi cuerpo dejo de ser mío y accedí a los placeres que mi esposo me estaba ofreciendo.

No podía verlo, pero lo imaginaba como un niño pequeño con su juguete nuevo, tenía control absoluto sobre mi vagina y mi trasero, sentía como mi vagina palpitaba, mientras mi clítoris se calentaba, los pies me temblaban, mientras el continuaba, vibración, tras vibración, mis fluidos salían a chorros y mis piernas temblaban.

 

Tomo el siguiente juguete, un masajeador de punto G y clítoris, lo introdujo dentro de mí, mientras me masajeaba en ambas partes, mordía mi culo con amor, yo solo quería gritar y no podía, el objeto en mi boca lo impedía, mis ojos se torcían de placer y mi cuerpo temblaba, no estaba segura si estaba en el cielo o el infierno, pero me estaba derritiendo en leche, después de un sinnúmero de multiorgasmos, me soltó.

Yo estaba muerta de placer, me dio la vuelta, para continuar lamiendo mi conchita, mientras presionaba mis pezones, que están tan duros como roca, demasiado duros, me lamia y lamia, mientras yo ya no tenia control sobre mis fluidos, que bañaban su boca.

 

Agarro mis hermosos pies y los coloco en sus hombros, mientras me introduce su miembro viril, el vibrador estaba sobre mi clítoris, dándonos a ambos esa conexión de placer, sus manos en mis grandes y redondos senos, su falo empujando una y otra vez, yo ya no tenía nada en mi boca, empecé a quejarme con fuerza, podría jurar que mis vecinos lograban escuchar como me quejaba del placer como una perra ardiente siendo ahorcada y follada por su amo.

Quien es mi perra – preguntaba mi esposo.

Yo soy tu perra, dale duro papi. – respondía.

No aguantaba más, saco su pene y me baño con sus fluidos, su leche caliente corriendo por mis senos, era una sensación exquisita de placer y amor.

Agotado, me beso y se acostó a mi lado, para quedarnos luego rendidos en un profundo sueño.

Desde ese entonces, nada ha vuelto a ser igual, nuestra rutina sexual es cada vez mas innovadora, somos los mejores amantes y amigos, nunca dispuestos a dejar que la monotonía en la que estábamos nos vuelva a absorber.

 

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