Después de los 25, comencé a olvidar mi edad. A veces tengo 27 o 28. Pero sé que no tengo 30.
Revisando el retrovisor de mi andar me di cuenta de muchas cosas que había olvidado, de los sueños de niño que alguna vez tuve y que hoy se han trasformado.

De esos sueños que me construyeron ladrillo por ladrillo, bloque por bloque hasta formar esta pared solida pero trasparente (solidificación: Adquisición de mayor solidez o firmeza por parte de una cosa. El cuerpo humano es 75% agua sigo siendo trasparente) toda esta pared que aún no se termina de levantar, es gracias a las personas, los cuentos, las canciones e historias que tuve de niño. La forma como me crio mi mamá, porque se pueden tener ideas, pero solo una madre sabe cómo ejecutarlas y llevarlas a cabo con sus hijos.

El hombre que soy ahora se debe a una gran influencia de mi pasado. Hace unos días conversé con una amiga de infancia, con la que crecí de camino a la escuela, con la que jugué a la cocinita después de clase y supe que se guardaba una parte de mi en sus recuerdos, jamás se olvida a alguien. Siempre habrá una canción, un lugar, un aroma o una palabra que lo haga recordar todo. Esa palabra se mencionó y sentí viajar en el tiempo, me acuerde de las risas, los juegos y esas peleas de niños necios que no conducían a nada sensato y que en este momento te sacan una sonrisa tonta.
Hay que ser ordenado con los recuerdos, porque la memoria es más parecida a un desván (parte más alta de una casa, inmediata al tejado, que generalmente tiene el techo inclinado; se utiliza para guardar cosas viejas o que no se usan habitualmente.) que a una partitura.

Después de los 25 estas buscando tu lugar en el mundo. Emocionalmente dejas de ser un niño y legalmente eres mayor en edad y la sociedad empieza a ejercer presión y a esperar más cosas de ti: que tengas trabajo estable, que encamines una carrera universitaria o que tengas relaciones afectivas más duraderas. Esto hace que nuestras elecciones estén más guiadas por lo que te pide el afuera y no tanto por lo que pide tu verdadera vocación o individualidad.